Las Reformas Capitalistas de la Educación
en la Argentina y en el Mundo


Tribuna Docente - Diciembre de 2004

Foto Marisa ZuninoLa Privatización Mundial de la Enseñanza, Reformas Educativas y Fracaso Capitalista

Daniel Sierra

Alrededor de la privatización (mercantilización) de la educación se ha forjado un mito, especialmente alimentado por el centroizquierdismo vernáculo, de acuerdo al cual se trata de una enfermedad propia de los países pobres, de las naciones semicoloniales, una infección de planes de destrucción educativa que desde hace tiempo afecta a regiones "marginales" y "excluidas"; en nuestro caso, Latinoamérica. Desde este punto de vista, aún cuando se reconoce que se trata de planes de privatización elaborados- y financiados por el gran capital y por las instituciones internacionales del imperialismo (Banco Mundial, Unesco, Cepal, BID, etc), al reducirlo a un aspecto específicamente autóctono (pero introducido "desde afuera"), salvan al capitalismo lugareño de su responsabilidad, al tiempo que niegan que la conversión de la educación en un negocio lucrativo forme parte de una tendencia mundial del capital.
Burocracias sindicales como las de Ctera-Suteba sostienen esta caracterización, de acuerdo a la cual la "transformación educativa" de los años "90 del pasado siglo es un subproducto de la globalización del capital para los países "periféricos". Además, en el marco de una globalización gracias a la cual "La Argentina, como muchas otras partes del mundo, está siendo transformada, en buena medida, por el impacto de fuerzas económicas mundiales, sobre las cuales los gobiernos de cada país no tienen demasiado control" (1), lo presentan como un hecho inevitable.
En realidad, el proceso de privatización de la enseñanza, para convertir a la educación en una mercancía y a la escuela en un apéndice de las empresas capitalistas no es un fenómeno latinoamericano sino mundial, "determinado por la crisis estructural del capital y sus consecuencias básicas en ese plano: a) La tendencia del capital hacia la destrucción, " cada vez mayor, del potencial productivo de la sociedad; b) La necesidad para el capital de reintegrar bajo su órbita, como campo de inversión lucrativa, las actividades sociales que escapaban de aquella, en primer lugar la educación, incluida la enseñanza superior" (2).
Esta tendencia a la destrucción de la educación es parte constituyente del fenómeno ya sufrido por otras áreas (la salud, los bienes y los servicios públicos, etc), porque en medio de la crisis mundial del capital -de la cual el derrumbe de corporaciones enormes como las estadounidenses Enron o Worldcom es sólo un ejemplo- "este espacio se transforma en un importante lugar para la expansión del capitalismo, para realizar inversiones en busca del lucro (perdido), mediante la producción de conocimiento y la formación de mano de obra especializada, a partir de los criterios del mercado. En este sentido, se procura transformar el trabajo, en esta área, en trabajo productivo, que transforma el simple dinero en capital, a través de la plusvalía. Todo ello, en el contexto de la Reforma del Estado propuesto por el Banco Mundial" (3).
La descomposición de la economía mundial conduce al capitalismo a la necesidad de sacar beneficios hasta de las piedras, y, en este caso, a convertir a un maestro en obrero productivo "si, además de rnoldear la cabeza de los niños, moldea su propio trabajo para enriquecer al patrono" (4).
Es en este contexto en el cual la voracidad del capital se hinca sobre la educación, porque "le abre las posibilidades para que el capital se traslade en búsqueda de la explotación lucrativa de nuevas áreas y servicios. El capital invade la educación, especialmente la educación superior, en busca de ganancias cada vez mayores, tomando a la educación superior como un meganegocio " (5).
Este es el motivo que llevó a la Organización Mundial de Comercio (OMC), en 1998, a definir a la educación en sus diferentes niveles (pero especialmente a la enseñanza superior) como uno de los 12 servicios públicos que pasaban a considerarse bienes mercantiles transables. La resolución de la OMC, aceptada también por la Argentina, integra a la educación a la órbita de los acuerdos internacionales de libre comercio, y, por lo tanto, resuelve su privatización completa y absoluta.
La orientación del gran capital anteriormente descripta data y se viene profundizando desde la década de los años "70 del siglo pasado, y para abrirse paso debe ajustar cuenta con las conquistas (en el plano del acceso y de las características de la educación) arrancadas por los trabajadores, en su condición de alumnos, padres y docentes.
La "exclusión" de masas cada vez más amplias de la población de la educación, salvo del acceso a la educación general básica, cada vez más básica, es también parte de las necesidades del capital en esta etapa de descomposición definitiva, que implica revertir la masificación de la educación, en especial en la enseñanza media y superior, que caracterizó a los años de la segunda post-guerra. Un fenómeno que, como la mercantilización actual, también fue mundial.
Tomando algunos ejemplos, entre 1920 y 1940, en los Estados Unidos, la matrícula universitaria creció de 250.000 alumnos a un millón y medio. En Francia, el número de universitarios pasó de 150 mil (en 1956) a 605 mil (en 1967); y en América latina, de 75 universidades y 270.000 alumnos (en 1950) se aumentó a 450 universidades y 2.000 instituciones de enseñanza superior, con más de 6 millones de alumnos sólo en las universidades (6). Ello, trasladado a la enseñanza básica, implicó prácticamente su universalización.
Este giro de la realidad de la educación tuvo también su expresión en la proletarización de sus protagonistas -docentes y alumnos-, y la puesta en escena de importantes organizaciones gremiales docentes y de poderosos movimientos estudiantiles, a partir de la tenacidad del capital por revertir los costos de dicha masificación. A fines de los años "60 y comienzos de los "70 es la época de la constitución de Ctera (la organización docente muta de corporativa en sindical) y de la irrupción del combativo movimiento estudiantil argentino, coprotagonista del Cordobazo y contemporáneo del Mayo Francés.
Desmantelar el gasto en educación, transformar a la enseñanza en un negocio capitalista, expulsar alumnos, transformar a las escuelas en productoras de mano de obra descalificada y barata, separar a la educación básica y media de la enseñanza superior, precarizar y flexibilizar el trabajo docente y echar maestros en masa, son exigencias del capital que se transforman en reclamos y en luchas para frenar la destrucción educativa de parte de las masas, y convierten a la crisis de la educación en una crisis de poder.

Las reformas educativas en los países imperialistas

En Estados Unidos la universalidad de la educación primaria es total, y, de acuerdo a cifras de la década del "90, es uno de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE (que agrupa a los países imperialistas) con una mayor matrícula secundaria, post-secundaria obligatoria (17 años) y post-secundaria (20 a 24 años), en los dos últimos casos, con un 89 por ciento y un 60 por ciento, respectivamente.
De todos los países de la OCDE, además, es aquel que más integrada tiene la estructura educativa en función de las necesidades económicas del capital, y es la enseñanza basada en la mayor descentralización (municipalización) de todo el mundo (uno de los ejes de las reformas planteadas por el BM para los países de América latina).
Sin embargo, es uno de los países que más reformas educativas ha sufrido (de primera, segunda y hasta tercera generación). La razón, que si bien en "los Estados Unidos es donde ha adquirido mayor relieve la preocupación por la importancia de la educación para la economía, es donde más explícitamente se ha culpado al deterioro del sistema educativo del descenso de la competitividad nacional" (7).
La descentralización y la articulación con la empresa (que hoy proponen llevar hasta el final en la educación Argentina Filmus-Oporto y Cía.) diezmó la educación norteamericana de tal forma que, en los decenios de las décadas del "60 y del "70 en adelante, "el 13 por ciento de los jóvenes de 17 años eran funcionalmente analfabetos; una cuarta parte de los reclutas de la marina norteamericana no era capaz de leer y entender instrucciones por escrito sobre seguridad y las pruebas de aptitud estandarizadas mostraban un descenso continuo" (8).
En el mismo sentido se expresa un informe del Massachusetts Instituto of Technology (MIT), que concluyó que "las deficiencias del sistema de formación de recursos humanos de los Estados Unidos repercutieron en forma importante en la pérdida relativa de competitividad de la economía" (9).
El derrumbe de la educación norteamericana fue señalado por un sector del capital yanqui como uno de los puntos nodales del "fracaso de Estados Unidos en mantener su liderazgo, por el hecho de que las escuelas no habían conseguido promover la competencia ni el adiestramiento industrial", a lo que debía agregarse la excesiva "acumulación de capital" (10).
La "primera generación de reformas" dio como resultado que más del 30% de los jóvenes estadounidenses no pudieran comprender una nota del New York Times ni las indicaciones del recorrido de un bus, lo que fue vinculado a la masividad y extensión del sistema, a la génesis de las familias, a la relación insumos-alumnos (excesiva inversión para un resultado menor)¡ y toda suerte de diagnósticos, planteados por los funcionarios expertos de los gobiernos norteamericanos. Pero fundamentalmente, "la baja eficiencia del sistema educativo estadounidense ha sido vinculada con su alto grado de descentralización.
Por ejemplo, se ha señalado la falta de difusión de los experimentos pedagógicos exitosos y su escasa aplicación por el conjunto del sistema. Cuando se difunden es de manera lenta y desigual". El Frankestein que promueven en Argentina Filmus-Oporto, la descentralización educativa, "hasta hace poco una de las principales virtudes" de la escuela yanqui, terminó siendo su principal pesadilla (11).
A fines de los setenta, Estados Unidos estaba, en su rendimiento educativo, por debajo de países como Tailandia.
Desde la década de los años "80, una "segunda generación de reformas", en medio de auge de los conservadores, de Reagan y del "neoliberalismo", impuso más autonomía, mayor flexibilidad laboral contra los docentes, mayor vinculación entre las empresas y la educación y un giro superior en la mercantilización de la enseñanza. Una reforma de la reforma para salir del colapso de la reforma.
Los exámenes evaluatorios, los trabajos de "campo" sobre la situación educativa, la "preocupación" por el bajo nivel educativo de los jóvenes norteamericanos, las deficiencias de los maestros y profesores para modificar la situación y el enorme gasto del estado, todo ello comenzó a generar un clima que "reclamaba" cambios. Los docentes y alumnos argentinos viven la misma situación hoy, cuando se presenta la crisis educativa como responsabilidad de los docentes (que deben ser "evaluados", capacitados, e "incentivados" -lo que quiere decir que deben acceder a los cargos y cobrar por "mérito"-), y de los alumnos, acusados de facilismo y de sólo pretender "zafar".
Las voces indignadas por el retroceso educativo estadounidense, con informes grandilocuentes que señalaban cosas tales como que "la historia no tolera a los ociosos" (12), estaban motivadas, sin embargo, por causases menos altruistas. Como consecuencia del derrumbe del sistema educativo yanqui, "los costes de adiestramiento de empleados de nivel inicial en las empresas americanas excedieron en 1990 los 30.000 millones de dólares". Para mayor claridad, empresas como "American Express dejaron establecido que su participación en la educación pública estaba basada en lo que ellas denominaban interés propio inteligente, que se traducía en una reducción del coste de adiestramiento de los empleados mediante el desplazamiento de dichos costes financieros a las escuelas públicas" (13).
Para trasladar dichos costes financieros al gasto público, la "segunda generación de reformas" conformó, extendió y masificó una amplia red de "community colleges", que brindan una capacitación técnica de dos años, con la inclusión de pasantías en las empresas, dentro del sistema formal de enseñanza y bajo el sostenimiento financiero estatal. Este "post-grado" secundario sui-generis, que moldea a los alumnos en función dé las cambiantes necesidades técnicas de las empresas, ha sido reclamado por Techint y la UIA al ministro Filmus, quien públicamente se comprometió a ponerlo en práctica, no sin antes solicitar el apoyo de los empresarios y ofrecerles dirigir el contenido del proyecto.
Otro aspecto de los cambios que se comenzaron a imponer desde la década del "80 fue el de adjuntarle a la "autonomía" de las escuelas responsabilidad "financiera", en el marco de una amplia publicidad de su gestión (mediante la publicación de las evaluaciones periódicas sobre los colegios) para que los padres tuvieran elementos para elegir dónde educar a sus hijos. Se trata de la instauración de las escuelas "vaucher", que generaron, con algunos cambios, la base para uno de los negocios más rentables para los capitalistas en el terreno de la educación: las escuelas "habilitadas". De todas formas, unas y otras, hicieron más profunda la crisis educativa norteamericana y ahondaron como nunca la brecha entre escuelas "vaucher" pobres y escuelas "vaucher" ricas, y escuelas "habilitadas" (de "gestión" privada) medianamente estructuradas y escuelas "habilitadas" reservorios de matrículas marginales de barrios pobres.
Las escuelas "habilitadas" nacieron a fines de la década de los "90 para mejorar la performance de la educación pública norteamericana "en medio de la creciente insatisfacción con los colegios públicos" (14). Son escuelas "franquicias" en las que un capitalista cualquiera pone un establecimiento, define un programa y un estilo y compite por la matrícula, de 1.000 dólares por alumno, sufragados por el Estado. Una suerte de mercado libre "trucho" de la educación, en el cual el capitalista hace un gran negocio, "los alumnos y los padres toman las decisiones pero el Estado paga los costos", es decir, el pueblo norteamericano (15). El libremercado educativo incluye, especialmente, la "libertad" de establecer las! normas de empleo de los docentes, fijar sus salarios, producir despidos y gastar "libremente" el dinero aportado por el Estado. La puja y la competencia para captar a la clientela produjo que una -cantidad más que importante de estas escuelas, diseminadas en todos los estados yanquis, establecieran "bonificaciones" a los alumnos que se inscribieran en ellas.
En la medida de que no hay ninguna razón por la cual la privatización de las escuelas, previa campaña denostando su desempeño, tuviera que ser diferente que la privatización de rutas o de los recursos naturales, las escuelas "habilitadas" fueron un fiasco y "la mayoría tiene los mismos problemas que la escuela pública, cuando no problemas peores" (16). Pero el gran logro de estas escuelas privadas con licencia estatal fue el de darles "salida a los marginados de la educación pública: les prometieron un camino más rápido y fácil a la obtención del certificado". Estamos hablando de la promoción directa (que los Filmus aplican en Argentina) en escuelas en las que "el nivel académico suele ser bajo" (17). En concreto, las escuelas "habilitadas" fueron galpones "habilitados" para fabricar diplomas truchos.
Desde luego, el negocio privado estableció la "nivelación" de la enseñanza, también para la educación pública. En unas y otras escuelas, las víctimas han sido los alumnos de bajos recursos y los docentes que, en la escuela pública, están sometidos al "merit pay" (pago por mérito).
Teniendo en cuenta que la educación norteamericana, probablemente más que ninguna otra, está orientada a la formación de "recursos humanos" para satisfacer las necesidades de las empresas, el balance de la empresa Motorola define los logros de la "segunda generación de reformas". Efectivamente, "Con la introducción primero de los procesos de control continuo de calidad y luego con la reconversión a la tecnología celular de su planta de Chicago, Motorola pudo comprobar las serias deficiencias educacionales de sus 25.000 empleados: más de la mitad de ellos no tenían los conocimientos de lectura, escritura y matemáticas que se esperaba de un egresado de séptimo grado de la enseñanza básica" (18).
Esta situación inauguró la tercera etapa, la de la integración directa de la escuela a la empresa. Motorola aumentó el gasto en preparación de sus empleados de 7 millones a 25 millones de dólares anuales, y, para llevar adelante tan ambicioso programa "estableció estrechas vinculaciones con varios tipos de establecimientos educativos. Dichas relaciones, en cierto sentido parecidas a las vigentes entre la empresa y ... sus proveedores (i), incluyen el intercambio de personal y de equipo, así como el diseño conjunto de planes de estudio" (19).
La "tercera generación de reformas" es la subordinación de la educación a los intereses capitalistas, desde la escuela general básica hasta la producción científica y la enseñanza superior, éstas últimas, claramente separadas de la enseñanza primaria y secundaria.
La "Reforma Educativa" fue tomada por las empresas directamente en sus manos, las que formaron coaliciones para la transformación de la educación. De menor a mayor, programas como los siguientes definen el curso final de la educación yanqui: El programa "Adopt-a School", uno de los más populares, asocia a una empresa con una escuela en particular, y directamente establece la participación de personal de la empresa en la tutoría y orientación de la escuela. Una variante de este "programa", es la instauración de becas para determinada matrícula de barrios pobres, y los alumnos más destacados terminan trabajando en la empresa. El paso siguiente, es el de programas como el denominado "Compact": las empresas de una región se vinculan con las autoridad des educativas distritales y establecen un plan conjunto de currículas y de administración de las escuelas. El tercer paso (siempre con asistencia financiera de estado) es poner en funcionamiento su propia escuela (como la escuela secundaria de la compañía American Express en Nueva York), y el cuarto, es el de la coalición de empresas para crear escuelas corporativas a gran escala en una determinada ciudad.
Los alumnos que están fuera de estos proyectos, o que no acceden a la enseñanza superior objetivamente están fuera de una educación que mínimamente pueda definirse como tal.
Por último, la variante más burda de la mercantilización de la educación, es la de la "comercialización del currículum", es decir, la aparición de las grandes corporaciones en los libros de texto, en los útiles escolares, etc. "Motivadas por el potencial de un mercado juvenil de 250.000 millones de dólares, corporaciones como Sears, Roebuck and Co, Nike, y Pepsi Cola están incrementando sus esfuerzos por comercializar el aula" (20).
El testimonio actual de los resultados educativos de las reformas norteamericanas es la realidad de colapso de la educación en el estado más rico de USA y que por sí mismo constituye la quinta economía mundial: California. Según el ex presidente del Consejo. Escolar de California, John Mockier, el derrumbe educativo del Estado es tal que "estudiar en California es como estar en Calcuta" (21).
El deterioro del sistema educativo es imparable desde la década del"60 y ha establecido una clara división de educación para ricos y de ignorancia masiva para pobres. "Más de 400 de los 1.000 distritos escolares del Estado cuentan con fundaciones privadas para la educación", que subsanan la reducción de presupuesto establecida por el estado. De esta forma, California ha establecido "dos sistemas de escuela pública, uno para la gente de más dinero y otro para los pobres" (22).
Otro país emblemático es Inglaterra, señalado como ejemplo de modelo educativo por Filmus, por haberse ubicado en el puesto número nueve en la evaluación internacional sobre calidad educativa conocida en el 2003.
En Inglaterra las reformas comenzaron a gestarse en 1979, bajo el lema de introducir en la educación cinco cuestiones esenciales de las que supuestamente carecía: calidad; diversidad (contra la uniformidad del currículum único o nacional); mayor ingerencia de los padres en las decisiones; autonomía y descentralización financiera.
Bajo la asunción de gobiernos tatcherianos -cuya obra fue mantenida, corregida y aumentada por los que los sucedieron- la primera expresión legislativa de la reforma se produjo en 1980. Con el sonsonete de la evaluación nacional y la corrección de las dificultades, el eje fue el de la calidad, se aumentó el subsidio a las escuelas privadas, se establecieron consejos de escuela (que debían asumir el total funcionamiento de los establecimientos educativos), integrados por padres y profesores, y se planteó la cuestión de la responsabilidad financiera de las instituciones educativas, lo que significaba la completa descentralización (nosotros lo denominaríamos municipalización), también en el control financiero, que debería corresponderse con los resultados académicos.
El avance mayor, de todas formas, se produjo con la ley de 1988, que introdujo definitivamente la "gestión" municipal (Gestión Local de Escuelas), "que amplía los poderes de los consejos de dirección para que puedan asumir el control de la mayor parte de sus gastos, en lugar de las Direcciones Locales de Enseñanza, y reciben prácticamente la responsabilidad total por la designación y el despido del personal" (23). La descentralizl4onl la privatización y la flexibilización y precarización del trabajo docente es amplísima desde esta legislación que, además, en función de brindar la "diversidad" comprometida, creó las Grant Maintained Schools (Escuelas Concesionadas Subvencionadas), que están fuera del alcance de las Direcciones Locales de Enseñanza (nuestros distritos), controladas por los ya descriptos consejos, y que cuentan con total libertad para efectuar gastos y tomar decisiones relacionadas con su personal.
Para completar el círculo, en 1991 y en 1992 se establecieron la Ley de Condiciones y Pago para Profesores de Escuela y la Ley de Educación en Escuelas, que plantean, respectivamente, "fijar políticas capaces de obrar una mayor flexibilidad y autonomía en cuanto a las remuneraciones, a nivel de escuela y del profesor individual" (desaparece cualquier derecho de orden colectivo), y la inspección rigurosa de las escuelas, "en un esquema concebido por el Departamento Regulador de Enseñanza -OFSTED- (24).
El mayor control sobre los recursos financieros unido a la exigencia de mayores rendimientos, condujo a la posibilidad de asignar recursos en función de la satisfacción de necesidades. La delegación de esta facultad en los consejos de las escuelas públicas exige que el 80% del dinero asignado esté relacionado con el número de alumnos. Con el estilo y la flema británicos, una versión de las escuelas "vaucher" de los norteamericanos. Queda claro que el conjunto de modificaciones establecidas desde 1980 impone la competencia entre escuelas para poder subsistir, en el contexto de su privatización a manos de consejos de "padres".
El resultado de tales innovaciones -noveno puesto mediante en la evaluación internacional- no parece ser positivo. En Inglaterra "la mitad de los jóvenes abandona la escuela a los 16 años y la tasa de acceso a la universidad se sitúa entre las más bajas de la OCDE" (25).
Como consecuencia de esta realidad -que acompaña y es producto de la crisis capitalista mundial-, en la década del "80 más del 50% de los jóvenes británicos carecían de cualquier actividad, una demostración de la latinoamericanización creciente de los países imperialistas.
El "parche" británico se orientó, también, a la "capacitación post-escolar, a fin de facilitar la inserción de los jóvenes en el mercado de trabajo" (26). Para ello se creó la Manpower Services Commision (Comisión de Servicios de la Mano de Obra), que puso en funcionamiento programas para jóvenes de entre 16 y 18 años, para moldearlos de acuerdo a los perfiles exigidos por las empresas. La MSC sirvió también para aumentar el negocio privado de la educación, porque el financiamiento de estos programas estaba un 100% en manos del Estado pero su puesta en práctica era descentralizada, de tal forma que la ejecución se dejó en manos de "escuelas técnicas, de empresas, de asociaciones gremiales" (27), con la única obligación de que dichos programas den prioridad a la capacitación en la empresa (pasantes) y que la formación teórica fuera un complemento de aquella formación "práctica".
Uno de esos programas fue el denominado Youth Training Scheme (YTS), algo así como Programa de Capacitación de la Juventud. A pesar de los esfuerzos, el programa YTS de la MSC fracasó, porque sólo el cincuenta por ciento de los jóvenes desocupados fueron integrados al programa; de ellos, la mitad deserta antes de finalizar su preparación; de los que quedan sólo un tercio obtiene empleo, en tanto que el 75% restante "termina el programa sin empleo y sin haber aumentado formalmente su nivel de calificación" (28).
La profundización de las reformas y sus resultados pueden sintetizarse en el hecho de que "las empresas integran el órgano de gestión de las escuelas municipales, los docentes hacen pasantías en las compañías y las universidades inglesas obtienen gran parte de sus fondos de contratos con empresas" (29).
Para agregar algún otro elemento a los datos ya aportados diremos algo sobre Japón y Suecia.
En Japón, la privatización de la educación es completa, pues el Estado sólo sostiene la educación general básica. Toda la educación posterior está en manos de empresas, y no sólo la educación universitaria o terciaria.
Lo que en los ejemplos anteriores se señaló como capacitación técnica, también está en manos de capitalistas de la educación, motivo por el cual los jóvenes japoneses son rehenes, a muy alto precio, de institutos basura que los preparan para su "inserción laboral", y que brindan una formación técnica muy breve. Entre ésta formación técnica y la educación superior existe una especie de "colleges" también privados, de dos años de duración.
En Suecia, por su parte, la "originalidad de su política educativa es el establecimiento explícito de un continuo educación-capacitación-empresa, que permite una permanente adaptación de los programas de enseñanza a la realidad del mercado de trabajo" (30). En medio de los cambios tecnológicos de la "modernidad", las autoridades suecas reforzaron los vínculos entre su sistema escolar y las empresas y crearon algo que ya está inundando las carreras de las universidades argentinas: ciclos cortos post-secundarios (en las universidades argentinas armadas a imagen y semejanza de la Ley de Enseñanza Superior, "tecnicaturas") que sirven para acceder al mercado laboral o a una formación superior. La realidad es que más del 50% de los jóvenes se matriculan en los cursos basura que terminan en el trabajo en las fábricas. Ello condujo a que las autoridades suecas "acercaran aún más a escuelas y empresas (31), estableciendo módulos e formación en empresas en todos los cursos post-secundarios de formación.
Más allá de la agudeza que adopte la privatización de la educación en nuestros países, está más que claro dónde es que se incuba el huevo de la serpiente.

Las reformas educativas en América latina

Las sucesivas mutaciones educativas producidas en los países imperialistas fueron justificadas en la necesidad de mantener la capacidad de competencia de cada una de las naciones en el mercado mundial, como consecuencia de los cambios tecnológicos aportados por la denominada "Tercera Revolución Industrial". Tal "revolución" tendría su núcleo clave en el desenvolvimiento de nuevas tecnologías sustentadas en el "complejo electrónico", básicamente en la micro-electrónica, junto a la bio-tecnología y la aparición de nuevos materiales (como el grafito y el boron). Todo ello abriría paso a un "nuevo paradigma de acumulación" y, consecuentemente, se habría destruido el viejo paradigma industrialista de la post-guerra (32).
Dichos cambios tecnológicos, sumados al avance en las comunicaciones y la informática, son presentados por el gran capital como cambios "sistémicos", a los que, inevitablemente, deben adaptarse los países en "vías de desarrollo". En el plano de la educación, tales innovaciones exigen "reconocer el papel fundamental que desempeñan las alianzas o redes establecidas entre las empresas y entre éstas, e instituciones públicas", y que "en la articulación entre sistema de producción de conocimiento y sistema de producción de bienes y servicios reside la clave del éxito económico en el curso de esta revolución" (33).
Una revolución abre paso al desarrollo de las fuerzas productivas, al crecimiento económico, y a un progreso que, aunque fuera contradictorio, seria de orden general.
Es lo que el gran capital ha pretendido presentar como la globalización, el triunfo de un capitalismo de mega-capitales, ajenos a las competencias nacionales, capaz de resolver pacíficamente sus contradicciones y en el marco de la muerte definitiva del socialismo.
Sin embargo, los expertos en educación y desarrollo del capital se ven obligados a rendirse ante la realidad de que "no obstante el incremento de los recursos destinados a investigación y desarrollo, el crecimiento de la productividad aún no recupera el ritmo alcanzado en los años cincuenta y sesenta" (34). El "nuevo paradigma" no le llega ni a los talones "al viejo paradigma industrialista de la post-guerra" que viene a reemplazar.
Esta confesión de que no estamos frente a otra cosa que una crisis histórica del capitalismo es celosamente ocultada por todos los sectores capitalistas o pro-capitalistas que han defendido a capa y espada las reformas educativas en América latina o que las han considerado inevitables.
En particular la burocracia de Ctera-Suteba, y los intelectuales a ella vinculados (Puigrós, Filmus, Tedesco, etc), representantes del progresismo centroizquierdista, han planteado claramente su apoyo a las reformas educativas (defendiendo, por supuesto, aquella parte "progresiva" contenida en ellas) porque -aplicadas correctamente- la actualización educativa en las nuevas tecnologías y en los avances, en las esferas de la informática y de la comunicación, son la única salida para la creciente masa de excluidos que genera la nueva "revolución tecnológica".
La perversidad de estas posturas se acrecienta cuando "Los Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, no por casualidad, son los responsables del 80% de todo lo que se invierte en investigación en el mundo" (35).
Pero la perversidad del centroizquierdismo argentino y de la burocracia sindical docente alcanzó el paroxismo cuando plantearon que las reformas eran progresivas, sí y sólo sí, venían con financiamiento. Sobre el punto vale señalar algunas cuestiones.
En primer lugar, los países latinoamericanos invierten en educación, de conjunto, menos de la décima parte que los países imperialistas. El reclamo de reforma pero con fondos de parte de la burocracia ceterista y del centroizquierda carrio-chachista jamás planteó equiparación alguna. Pero, en segundo lugar, al colocar como principal reclamo la provisión de financiamiento (transferencia de las escuelas de la órbita nacional a las provincias con fondos sí, sin fondos no) no sólo apoyaron la aplicación de las reformas neoliberales. Además ocultaron que el principal financiamiento de las escuelas proviene de los trabajadores. Años luz por delante de los "progres", los neoliberales que se dispusieron a imponer las reformas antieducativas, partieron de verificar que les resultaría de costo cero, porque en medio del más feroz desfinanciamiento de la educación durante los 80" en América latina "fueron los hogares los que aumentaron en mayor proporción su contribución al financiamiento de la educación". Ese esfuerzo para sostener la escuela de sus hijos, negada por el estado que los progres quieren recuperar, involucro fundamentalmente a la clase obrera, que envía a sus hijos a las escuelas públicas derruidas por la falta sistémica de presupuesto. De allí que en varios países se ha observado que los padres contribuyen al financiamiento de los gastos operacionales básicos (gas, luz, electricidad) de las escuelas públicas. En todos los países de la región los alumnos han tenido también que financiar una proporción mayor y a veces la totalidad del material didáctico (libros, cuadernos, etc). El incremento de la participación de los hogares en el financiamiento de la educación pública puede haber acentuado el efecto inequitativo del gasto público en ese sector, en la medida que afectó a los hogares de ingresos bajos y medios bajos, principales clientes de las escuelas públicas en los niveles primario y secundario" (36). Ni qué decir cuando los carrió-chachistas defienden a la educación pública de gestión privada establecida por las reformas antieducativas y subsidiarias por el estado neoliberal que aborrecen.
Por último, la transformación educativa fue financiada vía el negociado de los endeudamientos externos, es decir, por el hambre, la desocupación y la "exclusión" de los mismos hogares que sostuvieron, mientras pudieron, a la escuela pública ante el derrumbe capitalista de la educación.
Las reformas antieducativas impuestas en Latinoamérica y en nuestro país (y que hoy el imperialismo exige profundizar) estuvieron al servicio de adecuar la educación a las necesidades del capital (privatización), y para adecuar la formación de la mano de obra a una etapa de declive y retroceso estructural del capitalismo.
Los planes del imperialismo y de sus organismos para la educación de los países como la Argentina persiguen colocar el horizonte final de educación para la mayoría de la población en la Educación General Básica, porque "la enseñanza primaria sigue siendo terminal para la mayoría de los niños" (37), más concretamente para el 70% de los jóvenes latinoamericanos. En función de ello, los proyectos del BM y demás organismos imperialistas recomendaron la división del ciclo lectivo no en años sino en ciclos, independientes unos de otros, y que hagan más sencillo lo que los funcionarios de Filmus y de Oporto han bautizado con el nombre de la "terminalidad".
En segundo lugar, se trata de pulverizar la masividad de la educación secundaria, y especialmente técnica, y proveer, aún en el ciclo siguiente a la EGB (en nuestro caso el polimodal), sólo saberes y habilidades elementales. Sin pelos en la lengua los funcionarios del gran capital recomiendan "un desacoplamiento entre la enseñanza media y la universidad, cuando sólo un reducido porcentaje de sus egresados llega a las instituciones universitarias. En la medida que se produzca ese desacoplamiento, las escuelas secundarias -léase atentamente- quedarán en condiciones de buscar, cada una de acuerdo con su propio proyecto educativo, nuevas formas de relacionarse con su entorno social" (38). Es decir, encontrar un sponsor o desaparecer.
A fines del 2003, con toda la perfidia de un equipo educativo "progre" que ha pasado a trabajar con Filmus luego de servirle a Solá, las autoridades de la educación de la provincia de Buenos Aires organizaron jornadas para los profesores de lo que queda de la educación media y del polimodal. El objetivo era discutir los perfiles del polimodal y sumar las "sugerencias" de los docentes para elevar el nivel de los egresados. La propuesta de los "progres", de tan clara, era grotesca: en los "paper" de trabajo se definía un espacio de la "empleabilidad" y otro "propedéutico", esto es, vía de acceso para la educación superior. Lo que los "progres" no podían confesar se dice con total desparpajo en las recomendaciones de sus mandantes. La Unesco, la Cepal, el Banco Mundial, el Bid y toda la cría exigen el desacople porque "la contraparte del desacoplamiento entre la enseñanza secundaria y la enseñanza superior es una mayor coordinación entre la enseñanza secundaria y el mercado de trabajo" (39).
Este grado de destrucción de la educación en nuestro país ha devenido, además, en la desvalorización absoluta de todos los títulos y en la creación, año tras año, de una enorme masa de jóvenes que han visto "primarizada" toda su escolaridad, que son volcados a sumar los millones de desocupados y a bajar aún más el valor de la fuerza de trabajo, al servicio de los Techint y Cía. La drástica disminución de materias, de horas de cátedra y de calificación que se produjo con la instauración del polimodal bonaerense y de sus similares en el resto del país, ha cumplido también el propósito de destruir el "camino propedéutico" para la mayoría de la juventud, y dejarlo exclusivamente para aquella parte de los estudiantes que puedan bancarse una buena educación media y un acceso a la enseñanza superior
En este contexto y en función de estas necesidades, las reformas educativas de los países semicoloniales invirtieron el eje sobre el cual se sostuvieron históricamente, y pasaron de "la prioridad -explícita o tácita- asignada a la oferta de la educación, de capacitación y de conocimientos surgidos de las actividades de investigación y desarrollo, a la preeminencia de la demanda, y de sus medios de expresión: las necesidades del desarrollo, los usuarios, los mercados laborales, las empresas que utilizan conocimiento, en vez de ... una visión elemental de la cultura y de sus contenidos" (40).
La "segunda generación" de reformas que han largado Solá en Buenos Aires, y Kirchner-Filmus es todo el país, buscan ir hasta el final en la privatización y en la adecuación de la educación argentina a las necesidades de los grandes capitalistas, es decir, en el fracaso definitivo de la educación pública en la Argentina.

Fracasos rotundos y anunciados

En Chile, el proceso privatizador se inició abiertamente con el pinochetismo, pero en "los nueve años de transición (democrática) no se modificaron, esencialmente, los avances autoritarios heredados de la dictadura, ni la Constitución Política ni la Ley Orgánica de la Educación". Más todavía, el plan de destrucción educativa, en el contexto de la reforma global del Estado, derivó en que "el sistema educacional dejó de ser un derecho de todos los ciudadanos y una obligación del Estado para convertirse en una mercancía regida por los criterios de la eficiencia y de la competitividad".
El proceso de cambio del sistema educativo más emblemático de América latina "promovió el deterioro de la educación pública en beneficio de la aparición de instituciones educativas privadas subvencionadas por el Estado".
De esta forma, se estratificó la calidad de la educación "dando lugar a la aparición de diferentes niveles de enseñanza, en concordancia con las clases socio-económicas" (41).
En Brasil, la aplicación de las recetas educativas del gran capital desfinanciaron brutalmente al sistema educativo, lo que redundó en "la pérdida de billones de reales para la educación pública en los planos federal, estadual y municipal, puesto que desvinculó el 20% de los impuestos federales destinados a la manutención y desenvolvimiento de la enseñanza, como así también en la reducción en un 20% del salario docente" (42). Estos planes, que se introdujeron con la justificación de agregar equidad a la enseñanza, no han logrado extender al conjunto de los niños de Brasil la educación general básica. Por el contrario, más del 20% de la matrícula infantil no accede a la escuela primaria, especialmente en zonas rurales y en los inmensos bolsones de pobreza urbanos.
Y en la Argentina, la barbarie educativa que se produjo por la aplicación de la Ley Federal de Educación ha alcanzado una dimensión tal que no puede ser defendida ni por sus propios impulsores. La Nación y el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) acaban de anunciar que "La Ley Federal de Educación no dio los resultados que se esperaban", y que, al revés, "se profundizan en todo el país las diferencias educativas".
A diez años de instauración de la Ley Antieducativa "para la mayoría de los gobiernos provinciales la educación es una erogación, una carga que se lleva anualmente, en promedio, el 30% del presupuesto y que obliga a enfrentamientos con docentes tenaces en sus reclamos y poco inclinados al favor político" (43). En un contexto en el cual, según el mismo CIPPEC, en el 2002 y en el 2003, el gasto consolidado en educación cayó un 40 por ciento, el más abrupto en 20 años.
La desigualdad, además, se agudiza al haber dejado a la educación en manos de las manipulaciones caudillistas de los gobernadores y punteros políticos de las provincias, en las que "los ministros de educación son súbditos del gobernador y tiene poca independencia". Entre los ejemplos más aberrantes de manipulación política caudillista se encuentra la provincia de Santa Cruz (i), en .el nivel de Santiago del Estero, San Luis y la "menemista" La Rioja.
Lejos de la "equidad" y la "democratización" del sistema educativo, vendido por los esbirros internacionales y nacionales de la reforma educativa, que planteaban su necesidad imperiosa para permitir el acceso de Argentina a un mercado mundial trastocado por cambios estructurales, y darle más oportunidades a los "marginados" del proceso de cambio, la reforma educativa profundizó "la fragmentación del sistema, (agudizó) la cuestión salarial docente y la falta de lineamientos comunes para la educación". Alimentó más la diferenciación entre provincias y jurisdicciones ricas y provincias y jurisdicciones empobrecidas ("las provincias chicas, las más pobres sólo se ocupan de pagar sueldos cuando pueden"" (44).
El legado de diez años de reforma -impuesta con el consenso de radicales, peronistas, centroizquierdistas y burócratas de Ctera-Suteba y demás burocracias docentes- es que el 50% de los chicos repiten el primer grado; el 40% de los alumnos de sexto grado desaprobó las pruebas de evaluación de lengua, matemática y ciencias naturales y el 50% desaprobó en ciencias sociales. En el secundario, más bien en los restos de él después de la reforma, el 60% de la matrícula no termina; en las pruebas finales de quinto año, el 40% desaprobó lengua, matemática, historia y geografía y el 60%, fue bochado en física y química. Y, según datos oficiales -siempre una manipulación- el 80% de los alumnos universitarios abandona sus estudios (la mitad en primer año) y el 20% restante se gradúa utilizando un costoso "60% más del tiempo previsto en los planes de estudio" (45).
Como se puede observar, diez años de Ley Antieducativa han logrado uno de los objetivos establecidos por los organismos del imperialismo, "desacoplar" por completo a la enseñanza media de la superior y convertir a la mayoría de los alumnos que acceden al sistema (básicamente de enseñanza primaria) en semianalfabetos funcionales a las necesidades de mano de obra descalificada para el derruido mercado laboral argentino.
Dicho por ellos mismos, "podría decirse que la reforma educativa ha sido un efecto indeseado de la posmodernidad pues resultó -sobre todo- desestructurante del sistema. Lo que implantó en sustitución de la anterior organización no ha convencido y no ha ganado el respeto que inspiró el orden tradicional" (46).
Cuando el diario La Nación defiende como tradicional y no superado al orden establecido por la laica ley 1420 es porque la barbarie de la ley antieducativa ha arrasado con todo.
Pero es sobre la podredumbre provocada por todos los representantes del capital, y sobre el desangre de maestros, profesores y alumnos, todos víctimas de la Ley Antieducativa, que los capitalistas pretenden dar la estocada final contra la educación.
Resulta ahora que la culpa del derrumbe educativo la tienen los docentes (están mal formados y trabajan poco), los padres -por el escaso apoyo familiar a los estudiantes- , y los alumnos, ganados por el facilismo.
Entonces, aparecen nuevamente los intelectuales centroizquierdistas, de panzas bien regadas por el capital, viejos sostenedores de las reformas, con sus diagnósticos: "Aprender exige trabajo, esfuerzo y disciplina. Tenemos que lograr que los chicos se interesen por ese trabajo y que no sea una tortura. Sin cultura del esfuerzo, la sociedad se encargará de demostrarles que, sin esa vía, no se consigue nada", apuntó desde su escritorio con aire acondicionado Juan Carlos Tedesco, director del Instituto de Políticas Educativas (IIPE-Unesco) y, consecuentemente, uno de los responsables de las barbaries impuestas en los sistemas educativos de América latina. 0 los desvaríos, probablemente causados por la edad, de una de las asesoras fundamentales de la Ley Antieducativa, la estalinista inorgánico Berta Braslavsky, hoy kirchnerista, que acusa a "los maestros recién recibidos (porque) no saben cómo enseñar a leer, y a los alumnos , porque "no han adquirido conciencia de su propio destino y de sus responsabilidades". Profesores, maestros y alumnos "formados" al amparo de la Ley Antieducativa que esta señora defiende, porque "la escolarización aumentó, más chicos ingresaron al sistema, sobre todo de los sectores populares. Y la extensión de la educación obligatoria fue positiva" (47)
Sobre la base de estos clamores por el derrumbe educativo de derecha y de izquierda, un nuevo clamor se pone en marcha, porque "resulta indispensable que la sociedad toda se encolumne tras un proyecto común, que les garantice a las generaciones futuras posibilidades de progreso y de superación". Un clamor según el cual el 90 por ciento de la población argentina considera que la educación está peor que hace diez años, con déficits enormes en la educación general básica y en el polimodal, pero que también alcanza a la universidad.
En este contexto, "ara reinstalar al conocimiento como objetivo social prioritario es fundamental que se parta de la definición de políticas públicas claras". Desde luego, la claridad dependerá de su adaptación mercantilista, toda vez que las nuevas políticas deberán ser "racionales y consensuadas con todos los sectores, que estén a tono con las exigencias que imponen el desarrollo científico y tecnológico actual, y con el imperativo del despegue productivo que la Argentina precisa".
En la Argentina también, la reforma de la reforma para emparchar el colapso de la reforma.
El gran capital, Filmus, Oporto, los grandes medios patronales están preparando el terreno para una reforma de "segunda generación" que consolide a la Educación General Básica para la enorme mayoría de la población (brutalmente castigada por la indigencia y la pobreza) como su única instancia de participación en el sistema educativo (ésta es "La Escuela para Todos" de Solá) ; que vincule, desde la escuela primaria, esa educación con la formación laboral; que restrinja la participación del alumnado en el nivel medio (que probablemente sea nuevamente secundarizado) elevando- los niveles de exigencia sin crear las condiciones ni sociales, ni económicas ni pedagógicas para ello; que estructura el secundario (ya desmantelado, sin la masificación que tuvo antes de la reforma) como un formador de mano de obra un poco más especializada, "con un post-grado técnico de seis meses para ajustar los perfiles a la demanda y dar actualización permanente a los técnicos" (un "mini-college" criollo), y en el cual "los empresarios pueden apadrinar las escuelas, (y) los maestros hacer pasantías en las empresas, (porque) eso no tiene costo"; y avanzar rápidamente en la privatización e integración de la enseñanza superior al mercado, para hacer real los objetivos del ministro progresista Filmus, cuyo pensamiento señala que "ningún país tuvo éxito sin vinculación entre la empresa y el Estado. Queremos generar mayor inversión del sector privado en Ciencia y Tecnología y una mayor relación de la escuela con el mundo del trabajo" (48).
Ni la "primera" ni la "segunda" generación de "reformas educativas" requiere, pues, de docentes. De allí que el centro de la campaña esté destinados destruir las condiciones laborales de la docencia en todo el país, en todas las jurisdicciones y en todos los niveles.
En todas las instancias de aplicación de estas "reformas", los organismos del imperialismo encargados de brindar la orientación para la imposición de las leyes antieducativas, recomiendan la concertación con todos los sectores, especialmente con los docentes, "tenaces con sus reclamos"-.
Un paso esencial en este camino es el acuerdo sellado entre la burocracia de Ctera-Suteba-Feb con el gobierno kirchnerista, la paz social firmada a fines del 2003, y la aprobación en el congreso de Ctera de avalar cambios pedagógicos y laborales en la medida que los mismos no sean tomados unilateralmente por el gobierno, por lo que reclaman su presencia para discutir y modificar las condiciones laborales docentes.
Las reformas antieducativas no necesitan de los docentes y los docentes deben sacarse de encima el lastre de la burocracia, cómplice de la destrucción educativa en la Argentina.

El "mega-negocio"

Desde 1998, la enseñanza superior ha sido incluida en el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS) por la Organización Mundial de Comercio (OMC), transformándola en una mercancía, libre para su comercialización y que, por lo tanto, en términos prácticos, está excluida de las decisiones soberanas de los estados en lo que se refiere a su definición y control. En concreto, además, la enseñanza superior pasa de ser un bien público y un derecho ( al menos formalmente) , a ser un bien privado, transable.
En el mismo año, prácticamente en el mismo momento, y casi con seguridad con la participación de los mismos países, 180 representantes definían en París, convocados por la Unesco, en la "Declaración Mundial sobre Educación Superior en el siglo XXI", que la enseñanza universitaria era un derecho humano y un bien público.
El avance vertiginoso en la privatización de la enseñanza superior ha resuelto prácticamente la "contradicción".
Poniendo los huevos bien lejos de donde cacarea, Filmus se pronunció en contra de convertir a la enseñanza superior en una mercancía, aunque no alteró la decisión del gobierno de Duhalde (del cual provienen tanto Kirchner cuanto él mismo), que en noviembre de 2002, junto a otros 144 países, aceptó "la incorporación de la enseñanza superior en el AGCS. Y, según nuestra Constitución, los acuerdos internacionales como ése son superiores a las leyes nacionales" (49).
Los motivos de Duhalde y de Kirchner son de peso: la liberación de la enseñanza superior en la Argentina quiere decir que la distribución del conocimiento se integra a un mercado que, vía internet, a fines de 2003, totalizó un negocio de más de 53.000 millones de dólares. La ampliación de ese mercado exige de la desregulación de la enseñanza superior en todas partes, pero en especial en los países atrasados. Efectivamente, "la desregulación de la alta enseñanza es una prioridad absoluta para el mundo desarrollado" (49), porque ello significa que la misma se implementará por medio de "proveedores" privados que asumirán de hecho el control de la enseñanza superior y de la investigación en ciencia, tecnología y desarrollo. Tomada en términos de la OMC la educación y la investigación universitarias son bienes comercializabas, motivo por el cual la política educacional, los programas y la validez de los títulos dejan de ser patrimonio de los estados, para ser privilegio de los "operadores", entidades educativas extranjeras, muy "influenciadas por las multinacionales" (50).
El desarrollo de este "mega-negocio" es presentado por los escribas del gran capital como la adaptación inevitable de la escuela en general y de la enseñanza superior en particular a las nuevas tecnologías que han invadido a la comunicación, con el avance de la informática, de las telecomunicaciones y de lnternet, lo que ha desplegado, como nunca, el negocio de la educación a distancia. Este mercado de la educación a distancia, que sólo en la Unión Europea abarca a cuatro millones de docentes, ochenta millones de alumnos y 320.000 establecimientos escolares es una fuente extraordinaria de lucro, ya que, en términos de un documento de la OCDE, "los alumnos se transforman en clientes, y los establecimientos competidores luchan para tener una parte del mercado y los estudiantes deben pagar total o parcialmente sus cursos".
El desenvolvimiento de la educación a distancia no sólo le quita el control educativo al estado, y produce "el desmantelamiento de lo principal del servicio público de la enseñanza" (51), sino que saca al docente de las aulas, traslada todos los costos al estudiante y elimina la producción social y colectiva del conocimiento. La formación y el contenido de la enseñanza superior queda exclusivamente en manos de los capitalistas.
La importancia de la educación a distancia, además, para dominar el mercado de la enseñanza y hasta de la formación profesional en los países semicoloniales, lo demuestra el avance de este negocio en los países atrasados, en un medio dominado por grandes corporaciones imperialistas. "En Turquía hay 580.000 estudiantes a distancia; 350.000 en Indonesia; 242.000 en India; 217.000 en Tailandia; 211.000 en Corea, 530.000 en China" (52) y ya es un fenómeno muy avanzado en Argentina (más de 10.000 estudiantes en Ciencias Económicas).
Esto implica convertir a las universidades en verdaderas fábricas de diplomas, en una empresa industrial de la educación, con productos que serán valorizados según quién sea el proveedor. Es decir, implica convertir a la enseñanza superior en los países atrasados en proveedores de última categoría, lo que inducirá a los estudiantes a "adquirir" el "producto" de los principales proveedores, dominados por las principales multinacionales del planeta.
Sin embargo, este paso hacia una nueva acreditación internacional de títulos, libre de todo condicionamiento de los estados, no será tan libre. Ciertamente, la aplicación de las normas de la OMC en la enseñanza superior supone que todos los países deberán reconocer los diplomas emitidos por el eter de intemet por el resto del mundo. Lo contrario, sería colocar barreras aduaneras contraviniendo a las reglas comerciales de la OMC. "Entonces, ¿Estados Unidos va a reconocer los títulos de Nigeria; Francia los de Brasil y Alemania los de Filipinas?"... Ciertamente, no. "Encontraron la solución para no hacerlo: están creando un sistema de acreditación mundial con auspicio de la ... Unesco, qué dirá qué título es bueno y cuál malo. Ese comité, mayoritariamente, está formado por personas de cultura anglosajona". Antonio Días, consultor de la Unesco en temas universitarios, considera que éste es uno de los motivos por los cuales, "después de 20 años, EE.UU volvió a la Unesco" (53).
Desde Estados Unidos hasta Tailandia, pasando por Argentina, la lucha contra la destrucción educativa no es un problema de índole pedagógico. Frenar la privatización de la educación implica derrotar la política del estado capitalista en ese sentido, es decir, se trata de una lucha política por el poder.
En el Tercer Milenio sigue más que vigente la caracterización de Carlos Marx, en el Manifiesto Comunista, según la cual, bajo el capitalismo, "la educación es para la mayoría de los hombres sólo un adiestramiento que los convierte en máquinas".


Citas
1.- Torcuato Salvador Di Tella, "Efectos de la Globalización y de la Integración Regional", en Teoría e Historia, Editorial Biblos, 2000
2.- Osvaldo Coggiola, "La crisis Universitaria en Brasil", en Revista ADUSP, 1998
3.- Marina Barbosa Pinto, "Educación y Trabajo Docente", en Universidade e Sociedade, Número 27, junio 2002
4.- Carlos Marx, El Capital, tomo 1, Capítulo XIV
S.- Marina Barbosa Pinto, Op. Cit
6,- Osvaldo Coggiola, Op. Cit
7.- "Educación y Conocimiento: Eje de la Transformación Productiva con Equidad", Cepal, Chile, 1992
8.- "A Nation at Risk: The Imperative for Educational Reform", Informe de la Comisión Nacional sobre Excelencia Educativa, Washington, 1983
9.- "Made in America: Regaining the Productive Edge, Cambridge, MIT, 1989
10.- Henry Giroux, "Placeres inquietantes", Editorial Paidós, 1996
11-"Educación y Conocimiento" Cepal, Op. Cit
12.- "A Nation at Risk...", Op. Cit.
13.- Henry Giroux, Op. Cit
14.- Clarín, julio 1998
15.- Clarín, ídem
16.- Clarín, ídem
17.- Clarín, ídem
18.- Cepal, Op. Cit
19,- Cepal, Op. Cit.
20.- Henry Giroux, Op. Cit.
21.- Clarín, 09.02.04
22.- Clarín, ídem
23.- Revista Latinoamericana, año 1
24.- Revista Latinoamericana, ídem
25.- Cepal, Op. Cit
26.- Cepal, Op. Cit.
27.- Cepal, Op. Cit.
28- Cepal, Op. Cit.
29.- El Cronista, 29.09.03
30.- Cepal, Op. Cit,
31.- Cepal, Op. Cit.
32.- Aspiazu, D; Basualdo, E.; Nochteff, H., "La Revolución Tecnológica y las políticas hegemónicas", Legasa Editorial, 1988
33.- Cepal, Op. Cit.
34.- Cepal, Op. Cit.
35.- "Universidad: Un lugar fuera del Poder", Universidad Federal de Río Grande do Sul Editora, 2002
36.- Cepal. Op. Cit.
37.- Cepal, Op. Cit.
38.- Cepal, Op. Cit.
39.- Cepal, Op. Cit.
40,- Cepal, Op. Cit
41.- Guillermo Scherping, "Los efectos de 15 años de cambios neoliberales en la educación pública: una síntesis", Universidade e Sociedade, N 24, junio 2001
42-- Nicholas Davies (profesor de Educación de la Universidad Federal de Fluminense), "Plan Nacional de Educación: mucho discurso, ningún recurso", Universidade e Sociedade, N 25
43.- La Nación, 07. 02. 04
44.- La Nación, ídem
45.- Clarín, 11-02-04 Al margen, una experiencia personal sobre evaluaciones. En una oportunidad llego a uno de los cursos en los que me desempeño como docente. Al entrar, una señorita tomaba una prueba a mis alumnos para evaluar resultados requeridos por el Ministerio de Educación. Los temas eran de una materia que no se dictaba en ese curso en esa especialidad. Los alumnos fueron obligados a hacerla igual y a contestar lo que quisieran.
46.- La Nación, 30-10-03
47.- Clarín, 11-02-04 y 15-02-04
48.- El Cronista, 29-09-03
49.- Clarín, 02-11-03
5O.- Marco Antonio Rodrigues Días, "Educación Superior: bien público o servicio comercial reglamentado por la OMC"" en "Universidad, un lugar fuera del poder", Op- Cit.
51.- Revista En Defensa del Marxismo, N 25, pág- 82
52.- Osvaldo Coggiola, en Revista ADUSP, N 15
53.- Clarín, 02-11-2003

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