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Imaginación y Creación en la Edad Infantil
L. S. Vigotsky
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Capítulo 3
MECANISMO DE LA IMAGINACIÓN CREADORA
Como
puede apreciarse a partir de todo lo expresado anteriormente,
la imaginación es un proceso muy complejo por su composición;
precisamente esta complejidad origina la dificultad principal
para el estudio del proceso de creación y conduce con
frecuencia a falsas representaciones con respecto a la propia
naturaleza de este proceso y su carácter como algo extraordinario
y completamente excepcional. Aquí no forma parte de nuestra
tarea dar una descripción completa de la composición
de este proceso ya que exigiría un análisis más
pro un que a ora no puede interesarnos, pero si queremos dar
una idea de la complejidad de esta actividad, nos detendremos
brevemente en algunos momentos que forman parte de este proceso.
Toda actividad de la imaginación tiene siempre una historia
muy larga. Lo que llamamos creación es con frecuencia
"el acto catastrófico del parto que es producto
de una larga maduración interna y del desarrollo del
feto".
Como ya sabemos, en el mismo inicio de este proceso, están
las percepciones exteriores e interiores que forman la base
de nuestra experiencia. Lo que el niño ve y escucha constituye
los primeros puntos de apoyo para su futura creación,
él acumula material con el cual después estructura
su fantasía, posteriormente continúa un complejo
proceso de transformación de este material: la disociación
y la asociación de las impresiones percibidas constituyen
las principales partes componentes de este proceso. Toda impresión
representa un todo complejo compuesto de un conjunto de diferentes
partes, la disociación consiste en que este todo complejo
podríamos decir que se divide en partes y cada una de
ellas se destaca principalmente en comparación con las
demás, unas se conservan y otras se olvidan; la disociación
constituye la condición necesaria para la actividad futura
de la fantasía.
Para unir posteriormente los diferentes elementos, el hombre
debe primeramente romper la relación natural de los elementos
en la cual fueron percibidos. Antes de crear la imagen de Natasha
en La guerra y la paz, Tolstoi tuvo que destacar los rasgos
particulares de dos mujeres muy cercanas a él, sin lo
cual no hubiese podido mezclarlas en el personaje de Natasha.
Esta distinción de los diferentes rasgos y la desatención
de otros puede llamarse con todo derecho disociación.
Este proceso es extremadamente importante en todo el desarrollo
intelectual del hombre, forma la base del pensamiento abstracto
y de la formación de los conceptos.
Esta habilidad para destacar los diferentes rasgos de un todo
complejo tiene importancia para el trabajo, sin duda creador,
del hombre con las impresiones. El proceso de disociación
es seguido por el de transformación o alteración
al cual se someten estos elementos disociados; este proceso
está basado en el carácter dinámico de
nuestras excitaciones nerviosas interiores y sus correspondientes
imágenes. Las huellas de las impresiones exteriores no
quedan inmóviles en nuestro cerebro como una cosa en
el fondo de un gran cesto, constituyen un proceso, tienen movimiento,
se transforman, cobran vida, mueren y en este movimiento está
la garantía de su transformación bajo la influencia
de factores internos que las hacen variar y alterarse; como
ejemplo de este tipo de transformación interna podemos
citar el proceso de brevaloración y subvaloración
de los diferentes elementos de las impresiones que tiene una
enorme importancia para la imaginación en general y para
la imaginación del niño en particular.
Las impresiones en la realidad se transforman aumentando o disminuyendo
sus dimensiones naturales, la tendencia de los niños
a la sobrevaloración, la exageración, al igual
que esa misma tendencia de los adultos, tiene bases internas
muy profundas que consisten, en gran parte, en la influencia
que ejerce nuestro sentimiento interior sobre las impresiones
exteriores: nosotros sobrevaloramos y exageramos porque queremos
ver las cosas de esa manera, porque eso responde a nuestras
necesidades, a nuestro estado interno. La pasión de los
niños por la sobrevaloración y la exageración
se fija maravillosamente en los personajes de los cuentos. Gros
cita un cuento de su hija cuando tenía cinco años
y medio:
"Había una vez un rey -decía la niña-
que tenía una hija pequeña. La hijita estaba en
la cunita y él se le acercó y vio que era su hijita.
Después se casó. Cuando se sentaron a la mesa
el rey dijo: tráeme, por favor, una cerveza en un vaso
grande. Entonces ella le trajo un vaso de cerveza de tres arshines
de alto. Después todos se durmieron menos el rey que
hizo guardia. Y si todavía no han muerto han seguido
vivos hasta el día de hoy."
"Esta exageración -dice Gros- está provocada
por el interés hacia todo lo que se destaca y que es
extraordinario, a lo cual se une el sentimiento de orgullo ligado
a la idea de poseer algo especial: ¡tengo 30 monedas;
no, 50; no, 100; no, 1000! También se manifiesta cuando
dicen: ¡acabo de ver una mariposa del tamaño de
un gato; no, del tamaño de una casa!"
Búhler señala con toda justeza que en este proceso
de transformación, y en particular o' - exageración
o sobrevaloración, se produce en el niño el ejercicio
de operaciones con magnitudes que no han sido dadas directamente
en su experiencia. Es fácil observar en los ejemplos
de imaginación numérica citados por Ribot, el
gran valor que tienen estos procesos de transformación
y específicamente los de sobrevaloración o exageración:
"La imaginación numérica en ningún
lugar ha alcanzado tan espléndido florecimiento -dice
él- como en los pueblos orientales. Ellos jugaban con
las cifras con maravillosa valentía y las despilfarraban
con espléndida prodigalidad. De esta forma, en la cosmogonía
caldea, se hablaba de un dios-pez Oannes que dedicó 259.200
años a educar a la humanidad, después, durante
432.000 años reiné en la tierra un grupo de diferentes
personalidades míticas y al cabo de estos 691.200 años
la faz de la tierra sufrió los efectos de un diluvio
(... ). los hindúes sin embargo, eclipsaron todo esto,
crearon las unidades más gigantescas que sirvieron de
base y material para el juego fantástico con las cifras.
Los jainistas dividen el tiempo en dos períodos: el ascendente
y el descendente, cada uno de ellos tiene una duración
increíble de 2.000.000.000.000.000 años-océanos
y cada uno de los años-océanos es igual a 1.000.000.000.000.000
años (...). Las reflexiones sobre la duración
de este tiempo, como es natural, deben provocar vértigos
en el budista devoto."
Este tipo de juego con exageraciones numéricas resulta
en alto grado importante para el hombre, y la viva muestra podemos
observarla en la astronomía y otras ciencias naturales
las cuales tienen que operar con magnitudes mayores.
"En las ciencias -dice Ribot- la imaginación numérica
no se Plasma en forma de semejante desvarío, a la ciencia
se le acusa de que con su desarrollo aplasta la imaginación,
cuando en realidad abre para la creación de ella esferas
inconmensurablemente más amplias. La astronomía
está en lo infinito del tiempo y del espacio, es testigo
del nacimiento del mundo que fulgura por primera vez con luz
perdida de nebulosa y se transforma en soles brillantes; estos
soles, se cubren de manchas, palidecen y languidecen. La geología
sigue de cerca el desarrollo del planeta que habitamos a través
de una serie de virajes y cataclismos, observa el futuro lejano
cuando el globo terráqueo al perder los vapores de agua
que protegen su atmósfera de las radiaciones excesivas
de calor deberá perecer a causa del frío. Las
hipótesis sobre los átomos y partículas
de los cuerpos aceptadas por la física moderna no ceden
por su valentía a las fantasías temerarias de
la imaginación hindú."
Vemos que la sobrevaloración, la exageración,
al igual que la imaginación en general es igualmente
necesaria tanto para el arte, como para la ciencia. Sin poseer
esta capacidad manifestada tan cómicamente en el cuento
de la niña de cinco años y medio, la humanidad
no hubiese podido crear la astronomía, la geología
y la física.
La asociación,.o sea, la unión de elementos disociados
y transformados es el segundo paso en la composición
de los procesos de la imaginación. Como ya señalamos
anteriormente, esta asociación puede realizarse sobre
diferentes bases y adoptar distintas formas: desde la unión
puramente subjetiva de imágenes, hasta la objetivamente
científica y que responde, por ejemplo, a las representaciones
geográficas. Por último, el paso final y conclusivo
del trabajo previo de la imaginación es la combinación
de las diferentes imágenes, su organización en
un sistema y la estructuración del cuadro complejo; en
esto no termina la actividad de la imaginación creadora,
como ya hemos señalado, el círculo completo de
esta actividad culmina cuando la imaginación se materializa
o cristaliza en las imágenes exteriores.
Sin embargo, de este proceso de cristalización, o de
paso de la imaginación a la realidad, hablaremos en particular.
Deteniéndonos solo en la parte interna de la imaginación,
cabe señalar aquellos factores psicológicos principales
de los cuales depende la marcha de todos estos diferentes procesos:
como establece el análisis psicológico, el primer
factor es siempre la necesidad del hombre de adaptarse al medio
que lo rodea. Si la vida que le rodea no plantea al hombre tareas,
si las reacciones acostumbradas y heredadas por él lo
equilibran completamente con el mundo circundante, no hay entonces
ninguna base para que surja la creación, un ser adaptado
por completo al mundo circundante no podría desear nada,
ni aspirar a nada y, naturalmente, no podría crear nada.
Por eso la base de la creación siempre la forma la inadaptación
de la cual surgen las necesidades, las aspiraciones y los deseos.
"Cada necesidad -dice Ribot- aspiración o deseo
por sí mismo o junto a otros, puede por eso, servir de
impulso a la creación. El análisis psicológico
debe dividir cada vez la 'creación espontánea'
en estos elementos primarios (... ). Cualquier invención
tiene por eso un origen motor. La esencia principal de la invención
creadora resulta en todos los casos motora."
"Las necesidades y los deseos por sí mismos no pueden
crear nada, son solamente estímulos y resortes motores;
para la invención se necesita también la existencia
de otra condición: el surgimiento espontáneo de
las imágenes, llamo surgimiento espontáneo al
que se produce repentinamente sin causas evidentes que la provoquen;
estas causas existen en realidad, pero su acción toma
la forma oculta del pensamiento por analogía, estado
de ánimo afectivo y trabajo mental inconsciente."
La existencia de necesidades o aspiraciones pone en movimiento
el proceso de imaginación, la vivificación de
las huellas de las primeras excitaciones y brinda material para
su trabajo. Estas dos condiciones son necesarias y suficientes
para comprender la actividad de la imaginación y de todos
los procesos que forman parte de su composición.
También surge la cuestión referente a los factores
de los cuales depende la imaginación. En lo referente
a los factores psicológicos, estos han sido enumerados
por nosotros, ciertamente un poco aislados.
Nos hemos referido a que la actividad de la imaginación
depende de la experiencia, las necesidades y los intereses que
estas expresan; es fácil comprender que esta actividad
también depende de la capacidad combinadora y del ejercicio
que se realice en ella: la materialización de los productos
de la imaginación, está influida también
por las habilidades técnicas y las tradiciones, o sea,
por aquellas imágenes de la creación que influyen
sobre el hombre. Todos estos factores son de gran importancia,
pero tan evidentes y sencillos que no nos detendremos detalladamente
en ellos. Es mucho menos evidente y más importante la
acción de otro factor, precisamente del medio circundante;
con frecuencia la imaginación se representa como una
actividad exclusivamente interior que no depende de las condiciones
externas o en el mejor caso, que depende de estas condiciones
por una parte, precisamente porque estas condiciones determinan
el material sobre el cual trabaja la imaginación. Los
procesos de la imaginación, a primera vista parecen dirigidos
solo desde el interior por los sentimientos y las necesidades
del propio hombre y por eso son causas subjetivas condicionadas
y no objetivas. En realidad esto no es así, desde hace
tiempo, en la psicología se estableció una ley
según la cual la tendencia a Iii creación es inversamente
proporcional a la simplicidad del medio.
"Por eso -dice Ribot- si comparamos las personas de piel
oscura con las de piel blanca, los primitivos con los colonizadores
observamos que con una densidad de población igual, la
desproporcionalidad entre el número de innovadores en
uno y otro caso es asombrosa."
Weissmann explica maravillosamente esta dependencia entre la
creación y el medio: "Supongamos que en las islas
de Somoa nace un niño que posee el genio singular y excepcional
de Mozart; ¿qué puede hacer?, lo máximo:
ampliar la gama de tres o cuatro tonos hasta siete y crear melodías
un poco más complejas pero estaría tan incapacitado
para hacer una sinfonía como Arquímides para inventar
la máquina electrodinámica."
Todo inventor, incluso el genio, es siempre un fruto de su tiempo
y de su medio, su creación parte de las necesidades que
están creadas antes de él y se apoya en las posibilidades
que además existen fuera de él; por eso observamos
un estricto orden en el desarrollo histórico de la técnica
y la ciencia. Ninguna invención o descubrimiento científico
aparece antes de que se creen las condiciones materiales y psicológicas
necesarias para su surgimiento; la creación es un proceso
articulado históricamente, donde toda forma siguiente
está determinada por las precedentes.
Esto mismo explica también la distribución desproporcional
de los innovadores y creadores en las diferentes clases. Las
clases privilegiadas brindan un porcentaje infinitamente mayor
de innovadores científicos, técnicos y creadores
artísticos, porque precisamente en estas clases están
presentes todas las-condiciones que son necesarias para la creación.
"Habitualmente -dice Ribot- se habla tanto de¡ vuelo
libre de la imaginación, de la omnipotencia del genio,
que se olvidan de las condiciones sociológicas (sin hablar
de otras) de las cuales a cada paso depende lo uno y lo otro.
Por muy individual que sea cualquier creación siempre
incluye el coeficiente social. En este sentido, ninguna invención
será personal, en el puro significado de la palabra,
en ella siempre queda algo de colaboración anónima."
Índice
Capítulo
4
IMAGINACIÓN EN EL NIÑO Y EL ADOLESCENTE
La
actividad de la imaginación creadora resulta muy compleja
y depende de una serie de factores muy diferentes, por eso
es perfectamente comprensible que esta actividad no pueda
ser igual en el niño que en el adulto, ya que todos
los factores adoptan formas diversas en las diferentes épocas
de la vida. En cada período de desarrollo infantil
la imaginación creadora trabaja de manera singular
y propia precisamente de acuerdo con el grado de desarrollo
en que esté el niño; hemos visto que la imaginación
depende de la experiencia y la experiencia de¡ niño
se forma y crece poco a poco. La experiencia infantil se distingue
por una profunda singularidad en comparación con la
experiencia adulta. La actitud hacia el medio, el cual por
su complejidad o simplicidad y sus tradiciones e influencias
estimula y dirige el proceso de creación, es muy distinta
en el niño; son también diferentes los intereses
del niño y del adulto y por eso es que la imaginación
en el niño funciona de una manera diferente que en
el adulto.
¿En qué se diferencia la imaginación
del niño de la imaginación del adulto y cuál
es la línea principal de su desarrollo en la infancia?
Hasta el momento prevalece la opinión de que en el
niño la imaginación es más rica que en
el adulto; la infancia es considerada el período donde
la fantasía está más desarrollada y de
acuerdo con este punto de vista, a medida que se desarrolla
el niño, su imaginación y la fuerza de su fantasía
merman. Esta opinión se ha formado por una serie de
observaciones sobre la actividad de la fantasía que
ha brindado motivos para esa deducción.
Decía Goethe que los niños pueden utilizarlo
todo para lo que deseen y esa falta de pretensiones y exigencias
de la fantasía infantil, que ya no es libre en el adulto,
se entendía frecuentemente como libertad o riqueza
de la imaginación infantil. Después, la creación
de la imaginación infantil se separa de manera marcada
y clara de la experiencia del adulto y de aquí parten
también las conclusiones de que el niño vive
en el mundo fantástico más que en el real, Posteriormente
se conocen impresiones, la tergiversación de la experiencia
real, la exageración, sobrevaloración y, por
último, la afición por los cuentos y las narraciones
fantásticas propias del niño.
Todo
esto tomado en su conjunto sirvió de base para afirmar
que la fantasía en la infancia era más rica
y variada que en la adultez; sin embargo, el punto de vista
sobre esta cuestión se confirma mediante su análisis
científico. Sabemos que la experiencia del niño
es mucho más pobre que la experiencia del adulto, además,
conocemos que los intereses son más simples, elementales
y pobres, y que sus relaciones con el medio tampoco tienen
la complejidad, la sutileza y variedad que distinguen la conducta
del adulto ya que todos estos son los factores más
importantes que determinan el trabajo de la imaginación.
La imaginación en el niño, no es más
rica, sino más pobre que la imaginación del
adulto; en el proceso de desarrollo del niño se desarrolla
también la imaginación alcanzando su madurez
solo en la edad adulta.
Los productos de la verdadera imaginación creadora
en todas las esferas de la actividad creadora pertenecen solamente
a la fantasía madura. A medida que se acerca la madurez,
comienza también a madurar la imaginación y,
en la edad de transición, a veces de la maduración
sexual en los adolescentes, se une el potente auge de la imaginación
con los primeros elementos de la maduración de la fantasía.
Algunos autores que han escrito sobre la imaginación
señalaron la estrecha relación entre la maduración
sexual y el desarrollo de la imaginación; esta relación
puede comprenderse si tenemos en cuenta que en este período
en el adolescente madura y se totaliza su gran experiencia,
cuajan los llamados intereses permanentes, disminuyen rápidamente
los intereses infantiles y por la maduración general
también obtiene su forma definitiva la actividad de
su imaginación.
Ribot en su investigación de la imaginación
creadora mostró una curva que representa simbólicamente
el desarrollo de la imaginación y permite comprender
la particularidad de la imaginación infantil, la imaginación
del adulto y la imaginación en el período de
tránsito que ahora nos ocupa. La ley fundamental del
desarrollo de la imaginación que presenta esta curva
se formula tal como sigue: la imaginación en su desarrollo
atraviesa dos períodos divididos por una fase crítica.
La curva IN presenta la marcha del desarrollo de la imaginación
en el primer período; se eleva abruptamente y después
se mantiene durante bastante tiempo en el nivel alcanzado.
La curva RO señalada con puntos presenta la marcha
del desarrollo del intelecto o de la razón; este desarrollo
comienza, como vemos en el diagrama, más tarde y se
eleva lentamente, porque requiere una acumulación mucho
mayor de experiencia y una elaboración más compleja,
solo en el punto M, ambas líneas: el desarrollo de
la imaginación y el desarrollo de la razón,
coinciden.
El lado izquierdo de nuestro diagrama muestra la particularidad
por la cual se diferencia la actividad de la imaginación
en la infancia y que es tomada por muchos investigadores como
la riqueza de la imaginación infantil. En el diagrama
es fácil observar que el desarrollo de la imaginación
y esta independencia relativa de la imaginación infantil,
su independencia de la actividad de la razón, constituye
una expresión no de riqueza, sino de pobreza de la
fantasía infantil.

El
niño puede imaginar mucho menos que el adulto, pero
confía más en los productos de su imaginación
y los controla menos, por eso la imaginación en el
sentido vulgar de la palabra se entiende como aquello que
es irreal o inventado por el niño, como es natural
esto ocurre con más frecuencia en el niño que
en el adulto; sin embargo, no solo el material con el cual
se estructura la imaginación es más pobre en
el niño que en el adulto, sino también el carácter
de las combinaciones que se agregan a este material, su calidad
y diversidad quedan rezagadas en comparación con las
combinaciones del adulto. De todas las formas de relación
con la realidad que hemos enumerado anteriormente, la imaginación
del niño posee únicamente en igual grado que
la imaginación del adulto la primera de las relaciones
anotadas, precisamente la realidad de los elementos con los
cuales se estructura. Con igual fuerza que en el adulto, se
expresa la raíz real de lo emocional de la imaginación
del niño. En cuanto a las otras dos formas de relación,
hay que señalar que se desarrollan con los años
muy lenta y gradualmente.
Desde el momento en que se encuentran las dos curvas de la
imaginación y la razón en el punto M, el desarrollo
posterior de la imaginación va, como muestra la línea
MN, paralelamente a la línea de desarrollo de la razón
XO. La separación que era característica de
la infancia desaparece y la imaginación estrechamente
unida al pensamiento, marcha ahora a la par con él.
"Estas dos formas intelectuales -dice Ribot- están
ahora frente a frente como fuerzas contrincantes". La
actividad de la imaginación "continúa,
pero se transforma previamente: se adapta a las condiciones
racionales y ya no es imaginación pura, sino mezclada".
Sin embargo, así no ocurre en todos, en muchos el desarrollo
lo logra otra variante. Esto se simboliza en el diagrama mediante
la curva MNl, la cual baja rápidamente y significa
la caída o reducción de la imaginación.
"La imaginación creadora decae, este es el caso
más general; solo los dotados de una imaginación
especialmente rica constituyen la excepción, la mayoría
poco a poco pasa a la prosa de la vida práctica esconde
los sueños de su juventud, considera al amor una quimera,
etc. Esto, sin embargo, es solo un retroceso, pero no una
supresión, ya que la imaginación creadora no
desaparece por completo ni en aquel que solo la logra casualmente."
Efectivamente, allí donde se conserva aunque sea una
ínfima parte de vida creadora, allí tiene lugar
la imaginación; que en la edad adulta con frecuencia
la línea curva de la vida creadora baja, es algo que
todos conocemos. Veamos ahora más de cerca -esta fase
crítica MX que divide ambos períodos: como ya
hemos dicho, es característica de la edad de transición
que ahora nos interesa principalmente; si comprendemos el
singular paso que atraviesa la curva de la imaginación,
obtendremos la clave para la comprensión correcta de
todo el proceso de creación en esta edad. En este período
se produce una profunda transformación de la imaginación:
de subjetiva pasa a objetiva. "En el orden fisiológico,
la causa de esta crisis es la formación de¡ organismo
adulto y del cerebro adulto y en el orden psicológico,
el antagonismo entre la subjetividad pura y la objetividad
de los procesos de razonamiento o, en otras palabras, entre
la inestabilidad y la estabilidad del pensamiento."
Sabemos que la edad de tránsito se caracteriza en general,
por una serie de relaciones antitéticas, contradictorias,
de momentos polarizados. Precisamente esto condiciona que
la propia edad sea crítica o de tránsito: es
la edad del rompimiento del equilibrio del organismo y en
la que aún no se ha encontrado el equilibrio del organismo
del adulto. La imaginación en este período se
caracteriza por un viraje, la destrucción y la búsqueda
de un nuevo equilibrio. Es muy fácil observar que la
actividad de la imaginación en la forma en que se manifiesta
en la infancia disminuye en los adolescentes por el hecho
de que en el niño de esta edad, como fenómeno
masivo o regla general, desaparece la afición por el
dibujo, solo algunos continúan dibujando, la mayor
parte dotados en este sentido o estimulados por condiciones
exteriores en forma de clases especiales de dibujo, etc. El
niño empieza a analizar críticamente sus dibujos,
los esquemas infantiles dejan de satisfacerlo, le parecen
demasiado subjetivos, llega al convencimiento de que no sabe
dibujar y deja de hacerlo. Esta disminución de la fantasía
infantil la vemos cuando el niño pierde el interés
por los juegos inocentes de la infancia más temprana
y por los cuentos fantásticos y las narraciones. ]la
dualidad de la nueva forma de imaginación que se origina
ahora puede verse fácilmente a partir del hecho de
que la forma más difundida y masiva de actividad del
pensamiento en esta edad es la creación literaria estimulada
mediante el gran auge de las vivencias subjetivas, el incremento
y la profundización de la vida íntima del adolescente
de forma tal que en esta etapa se crea un mundo interior particular;
sin embargo, esta parte subjetiva trata de materializarse
en forma objetiva mediante versos, narraciones o en aquellas
formas creadoras que el adolescente percibe de la literatura
circundante de los adultos. El desarrollo de esta imaginación
contradictoria sigue la línea de la desaparición
posterior de los momentos subjetivos y la línea de
aumento y fijación de los momentos objetivos.
Frecuentemente, como regla general, en el adolescente también
disminuye muy rápidamente el interés por la
creación literaria: comienza a mantener una actitud
crítica hada ella, al igual que antes lo hacía
con respecto a sus dibujos; deja de satisfacerle la insuficiente
objetividad de sus escritos y no continúa escribiendo.
El auge de la imaginación y su profunda transformación
es lo que caracteriza a la fase crítica.
En esta época se manifiestan con toda claridad los
dos tipos principales de imaginación: la plástica
y emocional o imaginación externa e interna. Estos
dos tipos principales se caracterizan fundamentalmente por
el material con el cual se crean las estructuras de la fantasía
y por las leyes de esa estructura. La imaginación plástica
utiliza principalmente los datos de las impresiones externas,
se estructura con los elementos tomados del exterior; la imaginación
emocional por el contrario, se estructura con los elementos
tomados desde el interior. A uno de ellos podemos llamarlo
objetivo, mientras que al otro, subjetivo. La manifestación
de uno u otro tipo de imaginación y su diferenciación
gradual son propios precisamente de esta edad.
En este sentido, es necesario señalar el doble papel
que puede jugar la imaginación en la conducta del hombre,
puede de la misma forma llevar a la realidad o alejar de ella.
Janet dice: "La propia ciencia, por lo menos la ciencia
natural es imposible sin la imaginación; Newton mediante
ella comenzó a ver dato el futuro y Cuvier, el pasado.
Las grandes hipótesis de donde nacen las grandes teorías
son las esencias de la obra de la imaginación."
Sin embargo, Pascal con toda justeza llama "maestra astuta
a la imaginación. Dice Compayré que "ella
hace cometer mucha más cantidad de errores que descubrir
la verdad (...). Ella inclina al científico imprudente
a dejar a un lado los análisis y las observaciones
y adoptar sus fantasías como verdades demostradas.
Ella nos aleja de la realidad con sus artificios maravillosos,
ella es, según la dura expresión de Malenbranche,
la niña mimada que hace que reine el desorden en la
casa". En particular, la edad del tránsito con
mucha frecuencia muestra estos aspectos peligrosos de la imaginación;
satisfacerse en la imaginación es extraordinariamente
fácil y la retirada a la ensoñación,
la huida al mundo de la imaginación a menudo desvía
las fuerzas y la voluntad del adolescente del mundo real.
Algunos autores consideran incluso, que el desarrollo del
ensueño y el alejamiento que provoca, la reserva extrema
y la abstracción en sí mismo, constituyen el
rasgo característico de esta edad. Con mayor exactitud
podría decirse que estos fenómenos conforman
el aspecto sombrío de esta edad; esta sombra de ensueño
que cae sobre esta edad, este doble papel de la imaginación
lo hace un proceso complejo cuyo dominio se hace demasiado
difícil.
"Si el pedagogo práctico -dice Gros- desea desarrollar
correctamente la capacidad valiosa de la fantasía creadora,
tiene ante sí una tarea difícil: frenar, detener
a ese espantadizo caballo salvaje de noble origen y ponerlo
al servicio del bien."
Como ya dijimos, Pascal llamó a la imaginación
"maestra astuta"; Goethe la llamó "precursora
de la razón"; uno y otro estaban en lo cierto.
Surge una cuestión: ¿No dependerá la
actividad de la imaginación del talento? Existe una
opinión muy difundida de que la creación es
patrimonio de los elegidos y que solo aquel que tiene dotes,
un talento extraordinario, debe desarrollarla y puede considerarse
llamado a la creación. Esta situación no es
correcta por lo que tratamos de explicar anteriormente; si
comprendemos la creación en su sentido psicológico
verdadero, como la creación de lo nuevo, es fácil
llegar a la conclusión de que la creación es
patrimonio de todos en mayor o menor grado, acompaña
de manera normal y constante el desarrollo infantil.
En la infancia nos encontramos con los llamados niños
prodigios que en la edad temprana ponen de manifiesto una
rápida madurez de algún don especial. Principalmente
pueden verse los niños prodigios en la música,
pero también los hay en la pintura aunque con menor
frecuencia, por ejemplo, el niño prodigio Willi Ferrero
hace 20 años alcanzó celebridad mundial, manifestaba
un don musical extraordinario en una edad muy temprana. Estos
niños prodigios a veces entre los seis o siete años
dirigen una orquesta sinfónico interpretando obras
musicales muy complejas, tocan instrumentos con virtuosismo,
etc. Desde hace tiempo se ha señalado que en este desmesurado
desarrollo prematuro de las dotes hay algo muy cercano a lo
patológico, o sea a lo anormal; sin embargo es más
importante la regla que casi no conoce excepciones, según
la cual estos niños prodigios, maduros prematuramente
si se hubiesen desarrollado normalmente, habrían superado
a todos los genios conocidos en la historia de la humanidad.
Con frecuencia, a medida que se desarrollan pierden su talento
y su creación no ha brindado hasta el momento ninguna
obra de valor a la historia del arte.
Las particularidades típicas de la creación
infantil pueden explicarse mucho mejor en los niños
corrientes y normales que en los niños prodigios; esto,
naturalmente, no quiere decir que el don o el talento no se
manifieste en la edad temprana, por la biografía de
los grandes hombres sabemos que con frecuencia esa genialidad
se manifestó en algunos desde la infancia temprana.
"Como ejemplos de precocidad podemos recordar a Mozart,
a los tres años; a Mendelson, a los cinco; a Haydn,
a los cuatro; Haendel y Weber componían a los 12 años;
Schubert a los 11; Cherubini a los 13 (...). En las artes
plásticas la vocación y la capacidad para la
creación se ponen de manifiesto notablemente más
tarde, como promedio a los 14 años, pero en Giotto,
se manifestó ya a los 10 arios como en Van Dyck; en
Rafael, a los ocho, igual que en Gres; en Miguel Angel, a
los 13; Durero, a los 15; Bernini, a los 12; y en Rubens y
Jordans también muy tempranamente. En la poesía
no se encuentra ninguna obra de importancia antes de los 16
años.
Pero de estas huellas de futura genialidad hay mucha distancia
por recorrer hasta la gran creación, son solo fulguraciones
que presagian largamente la tormenta, son señales del
florecimiento futuro de esta actividad.
Índice
Capítulo
5
"EL MARTIRIO DE LA CREACIÓN"
La
creación le brinda al hombre una gran alegría.
Tiene también su parte de sufrimiento, lo que se ha
dado en llamar "el martirio de la creación".
Crear es difícil, la necesidad de creación no
siempre coincide con las posibilidades de creación
y de aquí surge el sentimiento martirizante del sufrimiento
de que la idea no se hizo palabra, como dice Dostoievski.
Los poetas llaman a este sufrimiento el martirio de la palabra:
"No hay en el mundo martirio mayor que el martirio de
la palabra. A veces, en vano, de los labios sale un grito
de locura; a veces, en vano, está el alma presta a
arder de amor, es mísero y frío nuestro pobre
lenguaje."
Este deseo de transmitir en palabras el sentimiento que nos
domina, la idea o el deseo de expresar el sentimiento a otra
persona y al mismo tiempo, el sentimiento de no poder expresarlo
aparecen con mucha fuerza en la obra literaria de la juventud,
Lermontov en sus primeros versos decía al respecto:
Con
la letra fría, es difícil explicar
las pugnas del alma.
No posee el hombre sonidos bastante fuertes para expresar
el ansia de beatitud.
Siento la pasión exaltada, pero palabras no encuentro
y en ese instante
presto estoy a sacrificarme para, de algún modo,
verter siquiera su sombra en otro pecho.
A.
Gornfeld en su artículo dedicado a los martirios de
la palabra recuerda al héroe de los episodios de Uspienski,
el caminante de Observaciones de un holgazán. "La
escena donde el infeliz, al no hallar palabras para expresar
una gran idea se atormenta impotente y reza a los santos ,para
que dios le dé comprensión', deja sin expresar
su sensación de tormento. Sin embargo, en realidad
lo que siente este pobre espíritu, abatido, en nada
se diferencia del 'martirio de la palabra' en el poeta o en
el pensador. Él habla con casi las mismas palabras:
'Amigo mío, yo no te ocultaría lo más
mínimo. A la gente como yo le es difícil expresarse
(...). Mira lo que te voy a decir: lo tengo en mi mente, pero
no me salen las palabras. ¡Esta es nuestra estúpida
desgracia!' De tiempo en tiempo la oscuridad cambia por breves
lapsos de luz, la idea se aclara para el infeliz y a él,
como al poeta 'le parece que el misterio cobra una imagen
conocida' y comienza a explicarlo:"
-Si,
por ejemplo, yo voy a parar a la tierra, porque de la tierra
salí (...) Si vuelvo a la tierra de regreso, no es
posible que tenga que pagar por ella?
-Ah, ah -dijimos con alegría.
-Espérate. Todavía falta una palabra más
... ¿Ven, señores, que sí hace falta?
El caminante se levanta y queda en medio de la habitación
dispuesto a señalar, como forma de conteo, otro dedo
de su mano.
-Aquí lo más importante no está dicho.
Mira cómo hay que hacer por qué, por ejemplo
(...) -pero se detiene y pronuncia vivamente: -¿Quién
te dio el alma?
-Dios.
-Cierto, muy bien. Ahora mira para acá...
Nosotros estábamos dispuestos a "mirar",
pero el caminante de nuevo tropieza perdiendo su energía
y dándose con las manos en sus muslos, casi con desesperación,
exclama:
- No, ¡qué le vas a hacer!, para allá,
no. ¡Ay Dios mío! Mira lo que te voy a decir,
¡aquí hay tanto! Aquí hay que hablar de
allá, hay que hablar del alma muchísimo. No,
no.
Nos
detuvimos en esta cuestión no porque las vivencias
martirizantes relacionadas con la creación tengan ninguna
influencia seria sobre la futura suerte del adolescente que
se desarrolla. Tampoco porque los martirios se sufran frecuentemente
con bastante fuerza y tragedia, sino porque esta influencia
nos abre el último y más importante rasgo de
la imaginación, sin el cual el cuadro pintado por nosotros
no sería completo en lo más esencial.
Este rasgo, el deseo de materializar la imaginación,
es la base verdadera y el principio motor de la creación.
Toda estructura de la imaginación partiendo de la realidad
trata de describir un círculo completo y convertirse
en realidad.
La estructura de la imaginación surge en respuesta
a nuestro deseo y estímulo, tiene la tendencia a convertirse
en realidad, o sea, activa, transformadora de aquello hacia
donde va dirigida su actividad. En este sentido, Ribot, con
toda justeza compara el sueño y la abulia; para él
esta inacertada forma de imaginación creadora es completamente
análoga a la abulia, dice:
"La imaginación en la esfera intelectual corresponde
a la voluntad en la esfera de la acción (...). El hombre
siempre quiere algo, ya sea importante o no, inventa siempre
con un objetivo conocido. Napoleón traza el plan de
una batalla. Un cocinero confecciona un nuevo plato.
... La voluntad en su forma normal y completa, termina con
la acción, pero en las personas indecisas y faltas
de voluntad las vacilaciones no terminan nunca o la decisión
queda sin efectuarse, incapaz de realizarse o confirmarse
en la práctica. La imaginación creadora en su
forma completa trata exteriormente de confirmarse con algo
que existe no solo para el propio creador, sino también
para todos los demás. Por el contrario, en los soñadores
auténticos la imaginación queda, en su esfera
interior mal elaborada y no se plasma en una invención
práctica o artística. El espíritu' soñador
es el equivalente de la falta de voluntad y los soñadores
no están capacitados para poner de manifiesto la imaginación
creadora."
El ideal es el fundamento de la imaginación creadora
y llega a ser fuerza real, viva, cuando dirige las acciones
y conductas del hombre y trata de materializarlas. Si se dividen
así el espíritu soñador y la imaginación
creadora, como dos formas externas y en esencia diferentes
de la fantasía queda claro que en toda la educación
del niño la formación (.e la imaginación
tiene no solo una importancia particular de ejercitación
y desarrollo de una determinada función sino que además
tiene una importancia general que se refleja en toda la conducta
del hombre. En este sentido, el papel de la imaginación
en el futuro apenas disminuye en comparación con su
papel en la actualidad, en el presente.
"El papel de la fantasía combinadora en el futuro
-dice Lunacharski- de ningún modo será menor
que en la actualidad. Es muy probable que adopte un carácter
peculiar que combine elementos científicos experimentales
con los vuelos más elevados de la fantasía intelectual
y artística."
Si se tiene en cuenta lo antes señalado, que la imaginación
es el impulso a la creación, podemos estar de acuerdo
con el postulado que Ribot, precisa en su investigación:
"La imaginación creadora penetra con su creación
toda la vida personal y social, potencial y práctica,
es omnipresente."
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