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Capítulo
6
CREACIÓN LITERARIA EN LA EDAD ESCOLAR
De
todas las formas de creación, la literaria u oral es la
más característica de la edad escolar.
Conocemos muy bien que en la infancia temprana todos los niños
pasan por diferentes fases del dibujo; el dibujo es la creación
típica de la edad temprana, principalmente de la preescolar.
En esta época los niños dibujan con agrado, a menudo
sin ser estimulados por ningún adulto, en ocasiones basta
con un pequeño estímulo para que el niño
comience a dibujar.
Las observaciones han demostrado que todos los niños dibujan
y que las fases por las que atraviesa su dibujo son más
o menos generales para todos los de una misma edad, en esta etapa
el dibujo es su ocupación preferida. Al comienzo de la
edad escolar, el amor y el interés de los niños
por el dibujo comienzan a disminuir, en muchos, inclusive en la
mayoría de nuestros niños toda inclinación
independiente por el dibujo decae por completo. Esta afición
solo se mantiene en unos pocos, los más dotados en este
sentido y en los grupos de niños cuya educación
en la casa y condiciones en la escuela estimulan la dedicación
al dibujo y alientan su desarrollo. Evidentemente existe cierta
relación interna entre la personalidad del niño
de esta edad y su amor por el dibujo; las fuerzas creadoras del
niño se concentran en el dibujo no por casualidad, sino
porque precisamente el dibujo brinda al niño de esta edad
la posibilidad de expresar más fácilmente lo que
domina. Con el paso hacia otra fase de desarrollo, el niño
se eleva a un escalón superior en su edad, se transforma
y al mismo tiempo cambia el carácter de su creación.
El dibujo queda atrás, como una etapa ya pasada y su lugar
comienza a ser ocupado por una creación nueva, oral o literaria
que prevalece principalmente en el período de madurez sexual
en el adolescente. Algunos autores consideran que solo a partir
de esa edad puede hablarse de creación literaria en el
niño en el sentido concreto de esa palabra.
"La propia creación literaria -dice el profesor Soloviev-
en el verdadero sentido de la palabra comienza precisamente con
la madurez sexual. Se necesita un caudal suficiente de vivencias
personales, se necesita su experiencia de la vida, la habilidad
para analizar las relaciones entre los hombres en diferentes medios
para crear con la palabra algo suyo, que de una forma nueva (desde
un punto de vista específico) materializa y combina los
hechos reales de la vida. El niño de edad escolar temprana
aún no está en condiciones de hacerlo y por eso
su creación tiene un carácter condicional y en muchos
sentidos un carácter muy inocente."
Hay un hecho fundamental que muestra de manera muy convincente
que antes de la creación literaria el niño debe
desarrollarse; solo cuando se ha acumulado gran experiencia con
un alto nivel de dominio del lenguaje y de desarrollo del mundo
interior personal, se hace accesible para el niño la creación
literaria. Este hecho se caracteriza porque va quedando rezagado
el desarrollo del lenguaje escrito con respecto al lenguaje oral
en los niños.
"Como se sabe -dice Gaupp- la expresión escrita de
las ideas y sentimientos por parte del escolar queda retrasada
considerablemente con respecto a su capacidad para expresar-las
oralmente. No es fácil darle una explicación a este
hecho; cuando se habla con un niño o una niña de
inteligencia aguda sobre cosas cercanas a su entendimiento e intereses,
con frecuencia ellos nos hacen descripciones vivas y dan respuestas
ingeniosas, la conversación con ellos nos produce gran
satisfacción. Si a esos mismos niños les pides que
describan libremente un objeto del cual se acaba de hablar, solo
obtenemos un grupo de oraciones carentes de interés; cuán
insulsas, monótonas y artificiosas resultan las cartas
del escolar al padre ausente y cuán ricos y vivos los relatos
que le hace a su regreso, parece que en el momento en que el niño
toma en sus manos la pluma la idea se frena, como si el trabajo
de escritura le espantara, con frecuencia se quejan; no sé
lo que tengo que escribir, no se me ocurre nada. Por eso resulta
erróneo, sobre todo con respecto a los alumnos de los grados
primarios, juzgar su nivel de madurez mental, su inteligencia
por la calidad de las composiciones escolares."
La explicación a esta falta de correspondencia entre el
desarrollo del lenguaje oral y escrito consiste principalmente
en la diferencia de la dificultad que presenta uno u otro medio
de expresión para el niño; cuando el niño
se detiene ante una tarea más difícil, comienza
a realizarla como si fuera de una edad considerablemente menor.
"Basta con hacer más complejo el trabajo oral del
niño -dice Bionski- plantearle la realización de
una tarea difícil para él, o sea, obligarlo a hablar
en el papel, para que veamos que su lenguaje escrito se hace más
primitivo que el oral: aparecen palabras que no guardan relación,
con la oración y palabras en imperativo. Puede apreciarse
lo mismo en todo, cuando el niño realiza un trabajo mental
difícil, comienza de nuevo a manifestar todas las particularidades
de la edad más pequeña. Le mostramos a un niño
de siete años una lámina con un contenido que guarda
correspondencia con su edad y le pedimos que hable de ella, lo
hace como un niño de siete años, o sea, dice quién
realiza cada acción y qué acción específica
realiza en la lámina; pero, si se le muestra una lámina
más difícil, comienza a hacer una narración
similar a la que haría un niño de tres años,
o sea, enumera sin establecer relación entre los objetos
que en ella aparecen."
Lo mismo ocurre cuando el niño pasa del lenguaje oral al
lenguaje escrito; el lenguaje escrito le presenta más dificultades
por cuanto tiene sus leyes que en parte se diferencian de las
leyes del lenguaje oral y aún no le son completamente accesibles.
Con mucha frecuencia al pasar al lenguaje escrito las dificultades
se justifican por causas internas más profundas. El lenguaje
oral resulta siempre comprensible al niño, surge de la
comunicación viva con otras personas, es una reacción
completamente natural, una respuesta del niño a lo que
actúa a su alrededor y-le atañe; al pasar al lenguaje
escrito, mucho más abstracto y convencional, el niño
con frecuencia no comprende para qué hay que escribir,
él no tiene la necesidad interior de escribir.
Esto se pone de manifiesto principalmente en aquellos casos en
que el niño escribe sobre temas dados en la escuela. En
la escuela antigua el desarrollo de la creación literaria
de los alumnos marchaba, principalmente, en la dirección
que el maestro daba al tema para la composición y a los
alumnos se les planteaba la tarea de escribir esa composición
con el posible acercamiento de su lenguaje al lenguaje literario
de los adultos o al estilo de los libros que habían leído.
Estos temas resultaban ajenos para la comprensión de los
alumnos, no tocaban su imaginación, ni sus sentimientos;
se les mostraban los ejemplos de cómo debían escribir
y muy raramente el propio trabajo guardaba relación con
algún objetivo que les resultara comprensible, cercano
y accesible. Estos pedagogos al dirigir incorrectamente la creación
literaria mataban con frecuencia la belleza, la singularidad y
la brillantez del lenguaje infantil, dificultaban el dominio del
lenguaje escrito como medio singular de expresión de sus
ideas y sentimientos e inducían en ellos lo .'que, según
la expresión de Blonski, era la jerga escolar que se lograba
cuando se inculcaba de forma puramente mecánica el lenguaje
artificial y libresco de los adultos.
"El arte principal del maestro en el estudio de la lengua
-decía Tolstoi- y la principal ejercitación con
este objetivo en la dirección del trabajo encaminado a
la escritura de composiciones por parte de los niños, consiste
en la variedad de los temas, en la indicación de la extensión
que deberá tener la composición y la muestra de
los procedimientos primarios para su realización. Muchos
alumnos inteligentes y talentosos escribieron tonterías
como: comenzó a quemarse un incendio, sacaron las cosas
y yo salí para la calle, y no se logró nada a pesar
de que el tema de la composición era rico y que lo descrito
dejó una profunda huella en el niño. Unos no entendían
lo principal: por qué escribir y qué hay de bueno
en escribir; no comprendían ni el arte, ni la belleza de
la expresión de la vida en la palabra y la fascinación
de este arte."
Por eso el desarrollo de la creación literaria infantil
se hace de inmediato mucho más fácil y exitoso cuando
al niño se le motiva a escribir sobre el tema que es para
él comprensible, que lo emociona y, principalmente, que
lo estimula a expresar con palabras su mundo interior. Con mucha
frecuencia el niño escribe muy mal sobre aquello de lo
cual no tiene nada que decir.
"Hay que habituar al niño -dice Blonski- a escribir
solo sobre lo que conoce bien y sobre lo que ha pensado mucho
y con profundidad, no hay nada que lo perjudique más que
darle un tema sobre el cual haya pensado poco o sobre el cual
tenga poco que contar; esto significa formar un escritor superficial
y vacío. Para formar en el niño al escritor, hay
que desarrollar en él un fuerte interés hacia la
vida que lo rodea; el niño escribe mejor acerca de lo que
le interesa, sobre todo si lo conoce bien. Es necesario habituar
al niño a escribir sobre lo que le sea de gran interés,
sobre algo que haya pensado mucho y con profundidad, que conozca
bien y que sea de su dominio. Es necesario acostumbrar al niño
a no escribir nunca sobre lo que no conoce, sobre lo que no domina
y sobre lo que no le interesa y los maestros hacen con frecuencia
todo lo contrario y destruyen al escritor que hay en el niño."
Por eso Blonski aconseja seleccionar los tipos de obras literarias,
en particular los apuntes, las cartas y los relatos cortos más
convenientes para los niños:
"Si la escuela quiere ser pedagógica, debe dar lugar
precisamente a estas obras literarias. Y a propósito, las
cartas (tanto íntimas, como comerciales) son las obras
literarias más difundidas de los hombres; naturalmente
que el estímulo para la escritura de cartas es el mantenimiento
de la comunicación con personas ausentes, de esta manera,
la educación social forma también al niño-escritor:
mientras mayor sea el círculo de personas con las cuales
esté relacionado y mientras más estrecha sea esta
relación, mayor será la cantidad de estímulos
que tendrá para escribir cartas. Las cartas artificiales
y falsas son las que se escriben a personas que no existen, sin
tener motivaciones reales."
La tarea, por consiguiente, consiste en crear en el niño
la necesidad de escribir y ayudarlo a dominar los medios de escritura.
Tolstoi describió una admirable experiencia de estímulo
de la creación literaria infantil en niños campesinos
sobre la base de una experiencia personal. En su artículo
"¿Quién debe aprender a escribir de quién:
los niños campesinos de nosotros o nosotros de los niños
campesinos?", este gran escritor llegó a la conclusión,
a primera vista paradójica, de que precisamente nosotros,
los adultos, e inclusive él, un gran escritor, debía
aprender de ellos. Esta experiencia de estímulo de la creación
literaria en los niños campesinos muestra de una manera
extraordinariamente objetiva cómo opera el proceso de creación
literaria en el niño, cómo se engendra y se desarrolla
y qué papel debe jugar el pedagogo que quiere ayudar a
desarrollar correctamente este proceso. La esencia de este descubrimiento
de Tolstoi consiste en que observó en la creación
infantil rasgos inherentes solo a esa edad y comprendió
que la verdadera tarea de la educación no es la imposición
prematura del lenguaje de los adultos, sino ayudar al niño
a que elabore y forme su lenguaje literario particular. Tolstoi
dio a sus alumnos una composición sobre un refrán:"Con
la cuchara te da de comer y con el mango te saca los ojos."
"Imagínate -dije yo- que un mujik ayuda a un mendigo
y después, a cuenta de esa bondad, comienza a hacerle reproches.
De ahí sale el refrán 'con la cuchara te da de comer
y con el mango te saca los ojos'. Al principio los niños
se negaban a escribir pensando que esta tarea no estaba de acuerdo
con sus fuerzas."
Tolstoi comenzó a escribir, escribió la primera
página:
"Cualquier persona suspicaz que tenga el sentido de lo artístico
y lo popular, al leer esta primera página escrita por mí
y las siguientes páginas de la novela escritas por los
propios alumnos distinguiría esta página de las
demás: ella es falsa, artificial y escrita en tal mal lenguaje.
Me pareció tan extraño que un muchacho campesino
semianalfabeto manifestara de pronto una fuerza consciente de
artista que en toda su vasta altura de desarrollo no puede alcanzar
Goethe. Me parecía tan extraño y ofensivo que yo,
el autor de 'la infancia' ganadora de cierto reconocimiento y
éxito como talento artístico entre el público
culto ¡:uso, no solo no pude indicar o ayudar en lo artístico
a un Semka o Fedka, de once años de edad, sino que apenas
pude, y solo en un feliz minuto de excitación estuve en
condiciones de velar por ellos y comprenderlos. Me pareció
tan extraño, que no creí lo que sucedió ,ayer."
¿Cómo logró Tolstoi despertar en los niños
que hasta entonces desconocían por completo lo que significaba
la creación literaria este complejo y difícil procedimiento
de expresión? Esta creación comenzó en los
niños de manera colectiva, Tolstoi les hacía relatos
y ellos sugerían.
"Alguien dijo que este viejo sería un hechicero: otro,
que no, que sería simplemente soldado, o que no, que mejor
sería ladrón, pero ya no estará de acuerdo
con el refrán." Todos los niños participaron
en la creación de la composición; les interesaba
y atraía el propio proceso de la composición y este
era el primer impulso hacia el vivaz trabajo creador. "Aquí
-dice Toistoi- evidentemente ellos sintieron por primera vez la
maravilla de la reproducción de detalles artísticos
mediante la palabra." Los niños crearon, hicieron
las figuras de los personajes principales, describieron sus rasgos
exteriores, una serie de detalles y los diferentes episodios y
todo esto fue fijado con determinada exactitud de forma oral.
"Los ojos te brillaron casi con lágrimas -cuenta Tolstoi
de un muchacho que participaba en la realización de la
composición- sus delgadas y oscuras manos se retorcían
convulsivamente. Él se enojó conmigo y me preguntaba
incesantemente: ¿lo escribió? y se dirigía
de forma despótico y con enfado a todos los demás,
quería ser el único que hablara y hablar no como
se habla al hacer una narración, sino como se escribe,
o sea, reproducir artísticamente con palabras los personajes
y sentimientos, por ejemplo, no permitía que se transpusieran
las palabras, decía: 'tengo en los pies heridas' y no permitía
que se dijera: 'tengo heridas en los pies'."
En este último ejemplo vemos cuán fuerte era el
sentimiento de la forma oral en este niño que arribaba
por primera vez a la creación literaria.
La transposición de las palabras, su orden, constituye
en el lenguaje artístico lo mismo que la melodía
en la música o el dibujo en la lámina y el sentido
de este dibujo oral, los detalles pictóricos, el sentido
de la medida, todo esto, según testimonio de Tolstoi, era
expresado por el niño en alto grado: "El niño
juega cuando participa en la redacción de la composición:
cuando decía las palabras de los personajes él hablaba
otra vez con ese tono tan cansado y calmado, grave y al mismo
tiempo bondadoso, apoyando la cabeza en el brazo, que los muchachos
se desternillaron de risa. Esta verdadera colaboración
con el escritor adulto fue sentida y comprendida por los niños
como un verdadero trabajo conjunto en el cual ellos se sentían
participantes con iguales derechos que los adultos. ¿Y
se va a publicar? -preguntó un niño a Tolstoi- hay
que poner así: composición de Makarov, Morozov y
Tolstoi." De esa manera veía el niño al autor
de esa composición conjunta.
"No era posible equivocarse -dice Tolstoi-. No era una casualidad,
era una creación consciente (... ). No he encontrado nada
parecido a estas páginas en la literatura rusa..."
Sobre la base de esta experiencia, Tolstoi hace la siguiente proposición:
según su opinión, para formar la creación
literaria en los niños solo es necesario brindarles estímulos
y material para la creación.
"Él necesita de mí solo material para enriquecería
armónica e integralmente. En cuanto le di plena libertad
y dejé de enseñarlo, escribió una obra poética
que no tenía comparación en la literatura rusa.
Y por eso, por convicción propia, no debemos enseñar
a escribir ni a redactar, sobre todo a componer poéticamente
a los niños en general y,, en particular a los niños
campesinos. Todo lo que podemos hacer es enseñarlos a abrazar
la actividad literaria rusa.
Si a todo lo que yo hice para lograr este objetivo puede llamársele
procedimiento, este procedimiento es el siguiente:
Primero.
Brindarles una gran variedad de temas sin crearlos especialmente
para los niños, pero proponerles los más serios
y que interesen al propio maestro.
Segundo. Darles a leer composiciones infantiles y solo tomar como
modelos composiciones infantiles.
Tercero. No hacerles nunca observaciones a los niños durante
el análisis de las composiciones, sobre el cuidado de los
cuadernos, la caligrafía, la ortografía y lo principal,
no hacerlo sobre la estructura de las oraciones y la lógica
(este aspecto tiene particular importancia).
Cuarto. Como en la composición literaria la dificultad
no radica en el volumen o el contenido, sino en el tema artístico,
el carácter gradual de los temas no debe primar en el volumen,
en el contenido o en el lenguaje.. sino en el mecanismo de la
actividad..."
Por
aleccionadora que sea la experiencia de Tolstoi, en el comentario
de la misma se puso de manifiesto la idealización de la
niñez y esa actitud negativa hacia la cultura y la creación
artística que distinguieron la doctrina religiosa y moral
de su último período de vida. De acuerdo con su
doctrina religiosa, Tolstoi planteó lo siguiente:
"Nuestro ideal está detrás y no delante. La
educación corrompe y no corrige al hombre; no se debe instruir
y educar al niño sin perseguir una finalidad, por la simple
razón de que el niño está más cerca
que yo, más cerca que los adultos del ideal de la armonía,
la belleza y el bien hasta el cual yo, en mí orgullo, quiero
conducir¡,-J. La conciencia de este ideal está más
enraizada en él que en mí." Esto es el eco
de la doctrina de Rousseau abandonada desde hace tiempo por la
ciencia: "E] hombre nace perfecto (es la gran expresión
de Rousseau) y estas palabras, como piedras, permanecen duras
y auténticas. Al nacer, el hombre- constituye el prototipo
de armonía, verdad, belleza y bien."
En este punto de vista incorrecto sobre la perfección de
la naturaleza del niño estriba el segundo error que comete
Tolstoi con respecto a la educación. Si la perfección
no está delante, sino detrás, es totalmente lógico
negar toda importancia, sentido y posibilidad a la educación.
Sin embargo, basta solo con negarse a lo primero, que no está
confirmado por los hechos, para que quede completamente claro
que la educación en general y la educación de la
creación literaria en los niños, en particular,
resulta no solo posible, sino completamente inminente. Es fácil
observar inclusive en nuestro relato lo que Tolstoi hizo con los
niños campesinos y ¿cómo llamar a eso de
otra forma que no sea educación de la creación literaria?,
él despertó en los niños un procedimiento
completamente desconocido hasta entonces de expresión de
su experiencia y de su actitud hacia el mundo, junto a ellos construyó,
creó, combinó, los contagió con emoción,
les dio un tema, o sea, encaminó fundamentalmente todo
el proceso de creación, les mostró los procedimientos
que hay que realizar para esa creación, etc. Y esto es
educación
en el sentido exacto de esa palabra.
La educación comprendida correctamente y desde el punto
de vista científico no significa en general la inculcación
artificial y externa de ideales, sentimientos y estados de ánimo
ajenos, a los niños. La educación correcta consiste
en despertar en el niño lo que hay en él, ayudarlo
a desarrollarse y encaminar ese desarrollo en determinado sentido.
Todo esto lo hizo Tolstoi con aquellos niños de los cuales
habla. Para nosotros ahora es importante no tanto la teoría
general de Tolstoi sobre la educación, como la maravillosa
descripción del estímulo de la creación literaria
que brinda en estas páginas.
En la creación literaria de niños vagabundos y abandonados
es donde mejor puede apreciarse cómo los niños escriben
con deleite precisamente cuando tienen la necesidad de escribir,
su creación literaria adopta en gran parte la forma de
canciones que cantan y reflejan todos los aspectos de su vida,
gran parte de ellas son canciones profundamente tristes: "desde
el cochero hasta el primer poeta, todos cantamos con tristeza",
decía Pushkin. En las canciones de los niños vagabundos
se refleja todo el aspecto difícil de sus vidas: la cárcel,
la muerte temprana o la enfermedad, la falta de protección,
la ausencia de los padres y el abandono son los motivos principales
de estas canciones, aunque también se manifiesta en ellas
otro tono, el tono de la audacia, de la fanfarronería y
el canto a sus hazañas:
Al
llegar la oscuridad
la ventana puedo abrir
con perfección y maestría
de una casa que no es mía...
Pero
en esto se escucha la respuesta natural a la dureza infinita de
la vida, el desdén, el ensañamiento dato y natural
con su destino:
Hubo
un tiempo en que quise la mano de la ayuda hallar
Ahora se me ha puesto dura el alma y he tomado el camino de
robar
Escúpanme, golpéenme, todo aguantaré, estoy
acostumbrado a soportar
A nadie importo, no debo de ustedes compasión esperar.
Hace
años se hizo un experimento muy interesante, se recopilaron
las narraciones personales de niños que vivían abandonados.
Anna Grinberg recopilé 70 narraciones escritas por niños
que vivían abandonados a su suerte y cuyas edades oscilaban
entre los 14 y 15 años.
La compilación del libro expresaba que todos escribían
acerca de sus vidas con serio interés. Había analfabetos
y poco instruidos, quienes a pesar de los obstáculos se
abrían paso hasta la mesa, hasta el papel, hasta las pocas
plumas distribuidas y haciéndose un lugar, durante varias
horas piadosas hacían trazos prudentemente y preguntando
a los demás, pasando en limpio y comparando los fragmentos
de las páginas impresas de un libro roto. En estos relatos,
con excepción de aquellos en los cuales los niños
no querían mostrarse por completo y no eran sinceros, se
manifestó el rasgo principal de toda la creación
de este tipo. Algo se había acumulado por dentro que pedía
ser expresado y trataba de tomar forma en la palabra. Cuando el
niño tiene de qué escribir, escribe con seriedad.
"Terminé de escribir -escribió una de las niña-
lo hubiera hecho de otra manera, esto solo es la tercera parte
de lo que he vivido. ¡A esta vida la recordaré durante
mucho tiempo!"
En estos relatos hallamos casi todos los mismos rasgos de la creación
literaria infantil que señala Tolstoi si se tiene en cuenta
no la similitud exterior, sino interior. Estos relatos exteriormente,
por su contenido y su lenguaje se diferencian profundamente de
los relatos de Fedka y Semka, como pueden ser diferentes las épocas
en que vivieron, el medio en que se desarrollaron y su experiencia
vital. Pero la sinceridad y seriedad del lenguaje literario que
confirma la necesidad verdadera de expresarse mediante la palabra,
la claridad y diversidad del lenguaje infantil tan diferente al
lenguaje literario estereotipado de los adultos, la emoción
verdadera y la imaginación concreta de estos relatos, recuerdan
los mismos rasgos que citó Toistoi en los relatos de los
niños campesinos. Uno de los niños adicionó
a su biografía unas palabras que transmiten muy bien el
profundo sentimiento y la verdadera concreción de las vivencias
relacionadas con la creación literaria: "Recuerdos
y nostalgias por la patria en la provincia de Vologod, aldea de
Vimsk, en el bosque junto al río."
Es muy fácil comprender la relación que existe entre
el desarrollo de la creación literaria y la edad de tránsito.
La pubertad, la madurez sexual es el hecho principal de esta edad;
a partir de este hecho fundamental, central, pueden explicarse
todas las demás particularidades relacionadas con esta
edad, crítica o crucial en la vida del niño; en
esta etapa entra a jugar su papel un nuevo factor potente en forma
de madurez sexual, el instinto sexual. El equilibrio estable anterior
formado en la etapa de la primera edad escolar se rompe y el nuevo
equilibrio aún no ha sido hallado. Este equilibrio roto
y la búsqueda del nuevo equilibrio forman la base de la
crisis que atraviesa el niño de esta edad; sin embargo,
¿qué representa esta crisis?
Hasta el momento la ciencia no ha establecido una respuesta a
esta pregunta con exactitud definitiva: unos ven la naturaleza
de esta crisis en el estado de astenia, en el debilitamiento de
la constitución y de la conducta del niño que se
manifiesta en este período crítico; otros, por el
contrario, suponen que la crisis tiene su base en el potente auge
de la vitalidad que abarca todos los aspectos del desarrollo del
niño y que el propio estado crítico de esta edad
es solo consecuencia de ese auge creador. Nosotros sabemos que
a esta edad el adolescente crece de manera intensa y rápida,
acercándose por su tamaño y la constitución
de su cuerpo al adulto; este auge general se pone de manifiesto
también en la conducta y en la vida interior del adolescente.
En esta edad se abre un nuevo mundo de vivencias interiores, impulsos
y atracciones: la vida interior se va haciendo infinitamente más
compleja en comparación con la edad infantil más
temprana; las relaciones con el medio y lo que le rodea se hacen
mucho más complejas; las impresiones provenientes del mundo
exterior se someten a una elaboración más profunda.
Hay un rasgo que resalta en la conducta del adolescente y que
guarda estrecha relación con el estímulo de la creación
literaria en esta etapa: la elevada emocionalidad y excitabilidad
de los sentimientos en el período de tránsito. Cuando
la conducta del hombre está sujeta a lo habitual y cotidiano,
comúnmente no se manifiestan sentimientos vivaces y potentes;
con frecuencia estamos calmados e indiferentes cuando realizamos
acciones cotidianas en condiciones habituales, pero en cuanto
se rompe el equilibrio en estas acciones, aflora una fuerte y
viva reacción de los sentimientos. La emoción o
la inquietud surge en nosotros siempre que nuestro equilibrio
con el medio se rompe.
Si en esta ruptura se manifiesta un acrecentamiento, una superioridad
en relación con las dificultades que afrontamos aparece
en nosotros una emoción positiva: la alegría, el
orgullo, etc; si, por el contrario, se rompe el equilibrio no
a nuestro favor, es decir, si las circunstancias son más
fuertes y sentimos que se han adueñado de nosotros, tomamos
conciencia de nuestra impotencia, de nuestra incapacidad, de nuestra
debilidad y humillación, en nosotros surge una emoción
negativa: la cólera, el miedo y la tristeza. Por eso es
perfectamente comprensible que la época de crisis y reestructuración
interna de la personalidad sea rica en reacciones emocionales
o sentimientos vivos. La segunda parte de la edad escolar es la
época de la pubertad y es una crisis interna en el desarrollo
del niño, se caracteriza por una agudización y una
elevación de la excitabilidad de los sentimientos: el equilibrio
entre el niño y el medio circundante, como ya hemos dicho
se rompe gradas a la aparición de un nuevo factor que antes
no se había manifestado suficientemente.
De aquí la excitabilidad emocional elevada de esta etapa
y a partir de esto se hace comprensible, hasta cierto punto, el
hecho de que al aproximarse a esta edad el niño cambie
el dibujo, su antigua forma preferida de creación en la
edad preescolar, por la creación literaria. La palabra
permite con mucha mayor facilidad que el dibujo, transmitir complejas
relaciones, principalmente de carácter interior.'También
con respecto a la realidad exterior la palabra transmite con mucha
mayor facilidad que el dibujo infantil, inseguro e imperfecto,
el movimiento, la dinámica y la complejidad de cualquier
acontecimiento. He aquí que el dibujo infantil que había
correspondido a una. fase de la actitud simple del niño
hacia el mundo circundante se cambia por la palabra como medio
de expresión que corresponde a una actitud interior más
compleja y profunda hacia la vida, hacia sí mismo y hacia
lo que le rodea. Surge la interrogante principal: ¿como
abordar esta elevada sensibilidad de la edad de tránsito,?;
¿cómo valorarla?, ¿corno un hecho positivo
o negativo?; ¿se manifiesta en ella algo morboso que conduce
a los niños directamente a la desunión, al aislamiento
en sí mismo, al sueño fantástico, al escape
de la realidad que se observa con tanta frecuencia a esta edad,
o esta sensibilidad puede ser también un medio positivo
que enriquece y fecunda infinitamente la actitud del niño
hacia el mundo que lo rodea? No hay nada grande en la vida que
no se haga sin un sentimiento.
"La educación artística -dice Pistrak- no brinda
tanto hábitos ni conocimientos como la atmósfera
de la vida, o como pudiera decirse más exactamente, el
campo de la actividad vital. Las convicciones que podemos formar
en la escuela mediante los conocimientos solo llegan a enraizarse
en la psiquis infantil cuando estas convicciones se han fijado
desde el punto de vista emocional. No puede ser un luchador convencido
aquel que en el momento de la lucha no tenga en su mente cuadros
claros y diáfanos de la vida que inciten a la lucha. No
se puede luchar contra lo viejo si no se sabe odiar lo viejo y
la habilidad para odiar es una emoción; no es posible construir
lo nuevo con emoción si no se sabe amar con entusiasmo
lo nuevo y el entusiasmo se logra como resultado de una correcta
educación artística."
Guizet realizó antes de la guerra una investigación
de la creación literaria de niños de diferente edad.
A su disposición tuvo más de 3 000 trabajos. La
edad de sus autores fluctuaba entre los cinco y los 20 años.
Este trabajo fue realizado en Alemania antes de la guerra y por
eso sus resultados no pueden ser transferidos simplemente a nuestras
condiciones, ya que el estado de ánimo, los intereses y
todos los factores de los cuales depende la creación literaria
nuestra y en nuestra época se diferencian notablemente
de aquellos con los cuales se relacionó Guizet en su investigación.
Además, precisamente porque la investigación fue
sumaria y masiva, solo se limitó al recuento general y
superficial de estas narraciones infantiles y versos y a la explicación
de] estado de ánimo prevaleciente y de la forma literaria
en las diferentes edades; sin embargo, estos datos pueden resultar
también de interés para nosotros como primer intento
de análisis masivo de la creación literaria infantil,
como datos en los cuales se reflejan rasgos de la edad que en
una otra forma y en una u otras condiciones pueden ponerse de
manifiesto también en nuestro país.
Por último, estos datos no están privados de interés
ya que brindan material para comparación con otros datos;
los datos citados por el autor muestran cómo varían
en la poesía y en la prosa de los niños y niñas
los temas principales de acuerdo con la edad. Lo vivido personalmente
se refleja poco en la poesía de los niños; en la
prosa, por el contrario, los temas de la vida personal ocupan
un lugar prominente; esto se evidencia en particular a los 14
o 15 años en comparación con edades anteriores.
Durante estos dos años en los muchachos el coeficiente
de temas vividos personalmente se eleva de 23,1 hasta 53,4 y el
de las muchachas de 18,2 hasta 45,5 o sea se eleva más
de la mitad, mientras que el coeficiente de estos temas en la
poesía de los muchachos y muchachas de 16 y 17 años
es igual a cero. Un coeficiente relativamente alto de temas de
lo vivido personalmente en la edad temprana se explica por el
hecho de que en esta esfera Guizet incluyó todos los posibles
pequeños incidentes diarios, cotidianos, tales como: incendios,
paseos fuera de la ciudad y visitas al museo. Solo el 2,6 en la
prosa y el 2,2 en la poesía se referían a los acontecimientos
escolares, en este grado abordaban de forma insignificante el
mundo personal de los niños, las vivencias de la vida escolar.
El erotismo, por el contrario, se manifiesta con mayor fuerza
en la poesía que en la prosa, los motivos eróticos
se observan en la creación de las muchachas más
tempranamente que en la de los muchachos: entre los 12 y 13 años
cuando en los muchachos el coeficiente de este tema es igual a
cero, en las muchachas se manifiesta con la gran cifra de 36,3
después, entre los 14 y 15 años cae, se eleva a
la edad de 16 y 17 años y de nuevo en las muchachas con
mayor fuerza que en los muchachos.
"El mundo de la fantasía -señala Guizet- es
la poesía puramente femenina, los muchachos no la conocen."
Resulta interesante la poca existencia de motivaciones sociales
en la poesía y la prosa de los autores alemanes. En la
poesía, casi en todos los niveles de edad, es igual a cero;
en la prosa se expresa con pequeños coeficientes, 13,8
para las niñas entre los 12 y 13 años (máximo).
Llama la atención el aumento del coeficiente de temas filosóficos
en la poesía, lo cual, indudablemente guarda relación
con la estimulación del pensamiento abstracto y del interés
por las cuestiones abstractas a esta edad. Por último,
con altos coeficientes se presenta el tema de la naturaleza en
la poesía y en la prosa, tanto en los muchachos como en
las muchachas.
Las muchachas de nueve años de edad dedican gran parte
de sus obras precisamente a este tema, en los muchachos la mitad
de todos los temas entre los 12 y los 13 años de edad también
está dedicada a la naturaleza. Los niños alemanes
presentaron un coeficiente alto de temas religiosos, principalmente
las muchachas; sin embargo, hacia los 16 años de edad decayó.
Presentan también gran interés los datos en los,
cuales se comparan los temas y estados de ánimos en la
creación escolar y en la creación libre de los niños;
aquí vemos que los mismos temas están distribuidos
muy desproporcionalmente en una u otra forma de creación
infantil: por ejemplo, el tema heroico, representado en la edad
escolar por un enorme coeficiente de 54,6 en la creación
libre alcanza la modesta cifra de 2,4; por el contrario, el erotismo
y la filosofía que presentan en la poesía escolar
el coeficiente de 3, en la poesía libre se caracterizan
por alcanzar una cifra de 18,2 y 29. El mundo de la fantasía
se presenta 15 veces menos en las composiciones hechas en la casa
que en las composiciones hechas en la escuela y por último,
los llamados temas generales que presentan, en la poesía
escolar un coeficiente de cero, en la poesía hecha en la
casa presentan un 28,1. Tampoco concuerda el estado de ánimo
manifestado por los niños en estos dos tipos de creación,
por ejemplo, el estado de ánimo de tristeza y seriedad
se presenta en las composiciones hechas en la escuela con una
cifra cinco veces mayor que en las composiciones hechas en la
casa. Esta comparación tiene una gran importancia para
señalar en qué medida la creación infantil
se estimula y se transforma gracias a las influencias exteriores
y qué forma peculiar adopta cuando se abandona a su propia
suerte. El siguiente resumen cita datos sobre el estado de ánimo
prevaleciente en las composiciones que analizó Guizet,
es fácil ver que el estado de ánimo de tristeza
y melancolía se observa muy poco en la creación
literaria infantil y que el coeficiente que presenta cifras más
altas es el del estado de ánimo de alegría. Si en
la poesía de los muchachos uno y otro presentan cifras
similares de 5,9 y 5,2, en las muchachas vemos que el estado de
ánimo de alegría se encuentra con un coeficiente
de 33,4 mientras que el de melancolía solo con 1, 1. En
la prosa de los muchachos, con una frecuencia de 1 0 veces, y
en las muchachas más o menos con ese mismo índice,
el estado de ánimo de alegría predomina sobre el
de melancolía. ]Llama la atención el bajo porcentaje
de temas de aventuras, motivado al parecer, por las dificultades
que presenta este género para la creación infantil.
El tema cómico y el crítico casi no se presenta,
sin embargo, hay que destacar que el estado de ánimo prevaleciente
constituye el factor más fácilmente variable en
la creación infantil y por eso en los datos citados debemos
ver solo nuestra orientación en esta cuestión.
Quisiéramos que la creación literaria infantil se
sometiera también en nuestro país a este tipo de
análisis que mostraría los temas y estados de ánimo
que prevalecen en las composiciones infantiles.
Los siguientes datos caracterizan las formas literarias que se
encuentran con mayor frecuencia en la creación infantil.
Como era de esperar, se encuentra con mayor frecuencia el resumen
o la ponencia, o sea, la información oficial; en segundo
lugar la narración y en tercer lugar el cuento. Es extraordinariamente
bajo el porcentaje de obras dramáticas (0,1) y cartas (1,9).
Esto último debe explicarse por el hecho de que, esta es
la forma más natural, desde el punto de vista psicológico,
de creación infantil que menos se cultiva en la educación
tradicional de los niños. También son de gran interés
los datos sobre las formas gramaticales y la extensión
de las obras de los niños: a medida que aumenta la edad,
aumenta el volumen de las obras infantiles; como muestra el informe
que tiene en cuenta la cifra promedio de sílabas en la
poesía y en la prosa de muchachos y muchachas en las diferentes
edades, evidentemente, este aumento de obras literarias está
en dependencia directa de su contenido. Shíserson estudió
la creación infantil y llegó a la conclusión
de que el drama y los versos no son las formas naturales de la
creación infantil, opinaba que si estas formas se encontraban
en la creación infantil, era principalmente bajo la influencia
de condiciones ajenas. Por el contrario, según su opinión,
la prosa era inherente y propia de¡ niño por su psiquis
creadora. Los datos de Vajterov sobre esa misma cuestión
arrojaron los siguientes resultados: el 57 % de los niños
sometidos por él a investigación creaban en forma
de versos; en forma de prosa, el 31 % y en forma de drama, el
12 %. La mayor o menor riqueza de formas gramaticales que se encuentran
en el lenguaje de los niños constituye, como se sabe, un
importante índice del mismo. Los psicólogos desde
hace tiempo diferencian el lenguaje no gramatical del niño
como una época muy especial en el desarrollo de su lenguaje.
En realidad, la falta de formas gramaticales en el lenguaje es
claramente un indicio de que en el pensamiento hablado y en la
simbología del niño falta la indicación de
las relaciones y los vínculos entre los objetos y los fenómenos,
porque precisamente las formas gramaticales son, signos que expresan
estas relaciones y vínculos. Es por eso que la época
de las oraciones subordinadas en el lenguaje constituye según
Stern, la cuarta fase, la superior, de desarrollo del lenguaje
infantil, ya que la existencia de oraciones subordinadas revela
que el niño ha llegado a dominar relaciones muy complejas
entre los diferentes fenómenos. Vajterov se ocupó
del análisis del lenguaje infantil desde este aspecto y
llegó a los siguientes resultados. Su resumen muestra transformaciones
en la utilización de los casos en dos épocas: desde
los cuatro hasta los ocho años y desde los nueve hasta
los doce años y medio; es fácil observar en este
resumen cómo junto a el desarrollo del niño aumenta
la utilización de casos indirectos, lo cual es una clara
muestra de que el niño pasa a la fase de comprensión
de las relaciones que se transmiten en la forma gramatical de
los casos indirectos. Esta misma cuestión la revela el
análisis del lenguaje del niño desde el punto de
vista de las partes del lenguaje utilizadas por él.
De nuevo vemos en estos datos que en el niño aumenta la
utilización de adjetivos; complementos; complementos circunstanciales
de lugar, de tiempo, etc. "El desarrollo intelectual del
niño -dice Vajterov- se caracteriza no solo por la cantidad
y la calidad de las representaciones, sino también por
la mayor cantidad y calidad de las relaciones entre estas representaciones.
Mientras mayor sea el desarrollo del niño, mayor será
la cantidad de representaciones e ideas que tendrá para
unirlas en un todo coherente. El tiempo presente y en particular
el tiempo futuro es utilizado por los niños de menor edad
con más frecuencia que por los niños mayores. La
utilización del tiempo pretérito aumenta con la
edad; mientras menor sea el niño, vive más en el
mundo de lo esperado, de lo previsto y lo deseado, así
como en el mundo de lo más vivo y de lo directamente real...
Pero mientras más vive el niño, con mayor frecuencia
regresa a lo ya expresado y entonces nos encontramos con el fenómeno
contrario: al futuro y al presente le corresponden menos expresiones
verbales que al pasado."
Todos los investigadores señalan unánimemente que
los niños de edad más temprana utilizan con harta
frecuencia muchos pronombres personales. Schlag dice que "si
cada palabra fue pronunciada por un niño de entre siete
u ocho años cinco veces y media como promedio, el pronombre
personal de primera persona fue utilizado 542 veces (100 veces
más) y los pronombres personales de la segunda persona,
135 veces (25 veces más)". Gut señala que los
niños de cuatro a seis años de edad mientras más
dotados y desarrollados están, con mayor frecuencia utilizan
las oraciones subordinadas. Algunos autores proponen que se distinguen
en el desarrollo de la creación infantil tres etapas principales:
el primer período, de creación oral que se prolonga
desde los tres hasta los siete años; el segundo período,
el de la lengua escrita, se prolonga desde los siete años
hasta la juventud y, por último; el período literario,
que abarca el final de la edad de tránsito y la época
de la juventud. Cabe decir que en general esta división
responde incondicionalmente a la realidad, ya que como señalamos,
el desarrollo del lenguaje oral marcha siempre delante del desarrollo
del lenguaje escrito. Es extraordinariamente importante destacar,
sin embargo, que esta superioridad del lenguaje oral sobre el
escrito se mantiene también al terminar el primer período
de creación literaria oral; los niños continúan
durante mucho tiempo creando oralmente con mayor colorido y claridad
que cuando crean mediante la escritura.
La transición hacia el lenguaje escrito dificulta y opaca
su expresión. El investigador austriaco Linke ha llegado
a la conclusión de que si se observase la escritura y la
narración de los niños, se vería que un niño
de siete años escribe cómo puede hablar un niño
de dos años o sea, que el desarrollo del niño disminuye
de inmediato al pasar a la forma de expresión escrita que
es más difícil para él. Es extraordinariamente
notable el hecho de que las composiciones de los niños
campesinos que maravillaron a Tolstoi constituyen ejemplos de
su creación oral; los niños narraban y Tolstoi escribía,
en esa escritura se grababa toda la belleza del lenguaje oral
vivo del niño; en esas narraciones también se ponía
de manifiesto el aspecto de la creación infantil que algunos
autores llaman sincretismo y que se expresa en el hecho de que
la creación del niño aún no está bien
diferenciada en los diferentes tipos de arte y en las diferentes
formas de literatura; los elementos de la poesía, la prosa
y el drama se unen en la obra del niño integrados en un
todo.
El proceso de creación de los niños descrito por
Tolstoi es muy parecido por su forma a la creación dramática.
El niño no solo dictó un relato, sino que también
representó y desempeñó él mismo los
personajes principales en sus respectivos papeles.
Esta relación de la creación literaria oral con
la creación dramática como veremos más adelante,
da origen a una de las formas más originales y fructíferas
de creación en esta edad.
El profesor Soloviev cita un curioso ejemplo del lenguaje oral.
"El lenguaje escrito del escolar -dice él- es mucho
más pobre y esquemático; son como dos reacciones
verbales diferentes. 1.a niña campesina de ocho años
y medio nunca hubiese escrito, aunque supiera escribir, en la
misma medida en que era capaz de expresar oralmente su pensamiento.
Al preguntarle a los niños en la escuela sobre lo que les
gustaba hacer en la casa recibimos esta respuesta: 'Me gusta barrer,
en cuanto empiezas a barrer, la basura vuela, vuela mucha cantidad
de basura. Me gusta que haya basura para verla revolotear'. Este
es el verdadero lenguaje vivo del niño que transmite muy
bien la excitación emocional."
Buzeman dedicó toda una investigación a la determinación
de la cuestión de hasta qué punto se manifiesta
la actividad infantil en la creación literaria, cita un
coeficiente especial de actividad que expresa la relación
entre las acciones y los rasgos cualitativos que se observan en
las obras orales y escritas de los niños. Este coeficiente
de actividad resultó más alto entre los seis y ocho
años de ambos sexos en las edades comprendidas de tres
a nueve anos. Entre los 9 y 17 años este coeficiente fue
más alto en los muchachos de 9 y 13 años. La comparación
del lenguaje oral y escrito condujo a Buzeman a la conclusión
más importante de su investigación: "El lenguaje
oral tiende más al estilo activo, mientras que el lenguaje
escrito, al estilo cualitativo."
Esto se confirma también por el tiempo de duración
de las manifestaciones orales o escritas. El lenguaje oral se
desarrolló con mayor rapidez que el escrito: en 4 o 5 minutos
los niños expresaron lo que les ocupó 15 o 20 minutos
expresar de forma escrita, este retardo del lenguaje escrito provoca
no solo cambios cuantitativos, sino también cualitativos,
ya que como resultado del mismo se obtiene un nuevo estilo y un
nuevo carácter psicológico de la creación
infantil. La actividad que está en primer plano en el lenguaje
oral pasa a un segundo plano siendo sustituida por un enfoque
más detallado sobre el objeto que se describe, con la enumeración
de sus cualidades, características, etcétera.
La presencia de la actividad en el lenguaje infantil es el reflejo
de su enorme importancia a esta edad; algunos autores han calculado
la cantidad de representaciones de acciones en los relatos infantiles,
un ejemplo de ello se tiene en diversos resúmenes donde
se enumera la frecuencia de los objetos, acciones y peculiaridades
que encontramos en los relatos de niños de distintas edades.
De estos datos se deduce fácilmente que, en los relatos
infantiles, se encuentran con mayor abundancia las acciones, con
menor frecuencia los objetos y mucho más raramente aún
sus peculiaridades.
En realidad aquí hay que hacer una mención relativa
a la influencia que ejerce sobre el lenguaje infantil el lenguaje
de los adultos o de los modelos literarios; se sabe en qué
grado los niños se contagian con la imitación y
queda claro que la influencia del estilo literario de los libros
sobre los niños a menudo es tan grande que opaca las verdaderas
particularidades del lenguaje infantil. En este sentido, el lenguaje
más puro es el estilo infantil de los niños campesinos
y de los niños abandonados a su suerte y en general, de
aquellos que han experimentado muy poca influencia del estilo
de los adultos. Veamos algunos ejemplos tomados de la autobiografía
de los niños abandonados a su suerte: es fácil observar
en estos ejemplos hasta qué punto su lenguaje escrito se
parece a su lenguaje oral.
Semión Veshkin, de 15 años, relata: "Tenía
yo 12 años y mi hermanito 10. Sufríamos sin madre
ni padre. Como yo era el mayor, me correspondió ganar para
los dos la comida. Me levantaba por la mañana, quería
seguir durmiendo, pero no, me miraba y a trabajar. Yo veía
cómo otros niños jugaban, veía con despecho
que otros compañeritos que tenían padre y madre
estaban libres, jugaban. Así trabajaba y sufría
yo antes de 1920."
Otro niño abandonado escribe: "Antes yo tenía
padres. Ahora me he quedado sin ellos. Es malo vivir sin los padres.
Yo tenía una casa. Había un caballo y una vaca.
Ahora no tengo nada. En la casa quedaron tres ovejas, dos cerdos
y cinco gallinas. Fin."
En este sentido, mientras más pequeño es el niño,
más refleja en su lenguaje las particularidades del lenguaje
infantil y la diferencia con el lenguaje del adulto es mayor.
Como ejemplo pondremos dos pequeñas composiciones infantiles:
una corresponde a un muchacho de 13 años, hijo de un obrero
y otra a un muchacho de 12 años hijo de un tonelero. La
primera trata sobre el comienzo de la primavera: "Después
de la nieve, después de los tristes días invernales
a nuestra ventana asoma el sol de rayos primaverales. La nieve
comienza a derretirse y el agua comienza a correr. La bella primavera
se aproxima cada vez más a nosotros y nos trae la alegría.
Ha llegado el mes de mayo y la hierba ha aparecido con su color
verde. En todos aparece una nueva alegría."
La otra composición está escrita sobre el tema denominado
"Esperan": "En una montaña, sobre una roca
en la parte ancha del Volga, había una choza negra de pescadores,
negra como el azabache. Los troncos se zafaron y el aire derrumbó
el techo de paja. Se escuchó un llanto, se esperaba la
llegada del pescador. El día ya llegaba a su fin. Se sentía
fresco el aire. Por fin en el horizonte aparece una nube, una
nube plomiza. El Volga comenzó a escucharse y el pescador
no aparecía. Primero apareció un punto en el horizonte
que fue creciendo. Era el bote del pescador."
En estos relatos [Estos ejemplos de creación literaria,
al igual que los demás modelos presentados, han sido tomados
en su mayoría del libro del profesor I. M. Soloviev, La
creación literaria v el lenguaje de los niños de
edad escolar, 1927.] se pone de manifiesto de manera clara el
sincretismo de la creación infantil, la prosa no está
separada de la poesía, algunas frases están bien
medidas y otras se basan en el ritmo libre; esta es la forma aún
no diferenciada del relato, mitad prosa y mitad poesía,
que es tan frecuente en el niño de esta edad. Veamos un
ejemplo de composición puramente en prosa, el autor es
un muchacho de 12 años, hijo de un obrero: "Ya atardecía,
la trilladora sonaba y no se oían las voces de los hombres.
Pronto sonó la campana y todos se fueron a sus casas. Había
silencio absoluto. Pero del bosque se escuchaba el mugido de las
vacas y la voz alta del pastor. Cuando pasó junto a la
trilladora tiró al suelo la colilla del cigarro que se
estaba fumando. Comenzó el fuego y el trigo ya a la media
noche había ardido por completo. Cuando el fuego se apagó
nos fuimos a nuestras casas. Todos sufríamos porque se
había perdido la cosecha."
Puede citarse como ejemplo de creación literaria infantil
colectiva el relato que figuró en la exposición
presentada en el Instituto de Métodos de Trabajo Escolar
entre 1925 y 1926. Este trabajo pertenece a los alumnos del quinto
grado de una de las escuelas regulares comprendidos en las edades
de 12 hasta 15 años. Los autores son siete: seis muchachas
y un muchacho; a él le pertenecen el plan general y la
redacción de toda la obra. La composición se titula
"La historia del vagón número 1 243 contada
por él mismo", surgió por iniciativa de los
propios niños al estudiar la producción.
En esta obra infantil colectiva se manifestaron los rasgos principales
de la creación literaria infantil: la fantasía del
animismo, que atribuye al material con el cual se ha creado el
vagón y al propio vagón sentimientos y vivencias
humanas; el enfoque emocional, que obligó a los niños
no solo a comprender y representarse la historia del vagón,
sino también a vivirla, a llevarla al lenguaje de los sentimientos
y a tratar de materializar esta estructura emocional y figurada
en una forma literaria externa y realizarla.
Aquí es fácil ver en qué medida la creación
infantil se alimenta de impresiones que parten de la realidad,
elabora esas impresiones y lleva a los niños hacia una
comprensión más profunda y hace que sientan esta
realidad, sin embargo, es fácil ver también en este
relato lo que puede destacarse de toda la creación infantil,
en particular, la imperfección de esta creación
que se observa si se analiza desde el punto de vista de las exigencias
que le planteamos a la literatura profesional.
"Las obras infantiles -dice Revesh- tanto por su contenido
como por su técnica, son en su mayor parte primitivas,
imitativas, de valor desigual y no manifiestan una intensidad
fortalecida paulatinamente."
Esta creación es importante más bien para el propio
niño que para la literatura. No sería correcto ni
justo analizar al niño como escritor y exigirle a sus obras
en la misma medida el que le exigimos a la obra de un escritor.
La creación infantil es en relación con la creación
de los adultos como el juego infantil es a la vida; el juego es
necesario al propio niño al igual que la creación
literaria infantil es necesaria sobre todo para el desarrollo
apropiado de las fuerzas del propio autor, es necesaria también
para el medio infantil en el cual nace y al cual se dirige; esto
naturalmente no quiere decir que la creación infantil debe
surgir solo espontáneamente de impulsos interiores de los
propios niños, que todas las obras de esta creación
son absolutamente iguales y que únicamente deben satisfacer
el gusto subjetivo de los niños. En el juego lo más
importante no es la satisfacción que recibe el niño
al jugar, sino el utilizar correctamente el sentido objetivo del
juego que inconscientemente el propio niño realiza; este
sentido, como sabemos, consiste en el desarrollo y la ejercitación
de todas las fuerzas y aptitudes del niño. De igual forma
la creación literaria infantil puede estimularse y dirigirse
desde afuera y debe analizarse desde el punto de vista del valor
objetivo que posee para el desarrollo y la educación del
niño, la manera en que ayudamos a los niños a organizar
su juego, seleccionamos y dirigimos su actividad lúdicra,
así podemos estimular y dirigir su reacción creadora.
Los psicólogos desde hace tiempo han establecido toda una
serie de procedimientos que sirven a un objetivo: provocar de
manera experimental la reacción creadora del niño,
para lo cual se le dan determinadas tareas o temas, se le brindan
una serie de impresiones musicales y plásticas tomadas
de la realidad, etc., para provocarte la creación literaria;
sin embargo, todos estos procedimientos sufren demasiada artificialidad
y son útiles solo para un fin, para el fin que fueron creados,
provocar una reacción de los niños que sirva como
buen material de estudio.
Precisamente con el interés de estudiar esta reacción
debe emplearse algún estímulo sencillo repetido
y conocido por el psicólogo que le garantice tener en sus
manos el hilo de esta reacción creadora. Son otras tareas
muy diferentes las que se plantean al estímulo de la creación
infantil; aquí la tarea es otra, por eso son también
otros los procedimientos. El mejor estímulo de la creación
infantil es la organización de, la vida, del medio de los
niños que cree las necesidades y posibilidades de creación
infantil. Puede citarse como ejemplo una forma muy difundida,
el periódico mural.
"El mural, si está hecho correctamente -dice Zliurin
- agrupa más que cualquier otro trabajo. En el mural se
utilizan las más diversas capacidades de los niños:
los niños pintores hacen las ilustraciones y los adornos;
los aficionados a la literatura, escriben; los organizadores hacen
las reuniones y distribuyen el trabajo; los aficionados a pasar
en limpio los trabajos, a recortar y pegar, que son muchos, con
agrado realizan este trabajo. En una palabra, en el mural se pueden
aplicar todas las inclinaciones infantiles. Los niños de
más edad y los más capacitados arrastran tras de
sí -a los demás y a los pasivos. Y esto lo realizan
ellos mismos, sin que sea necesaria la ¡Herencia exterior.
Es importante también el papel del mural en el desarrollo
del lenguaje escrito de los niños, es conocido cómo
el trabajo que los niños realizan con interés y
voluntariamente brinda muchos más resultados que el trabajo
por la fuerza."
Pero el valor principal del mural radica en que acerca la creación
infantil a la vida infantil, los niños comprenden para
que es necesario escribir; la actividad de la escritura se hace
una actividad consciente y necesaria. Tienen este valor o muchos
otros los murales de las aulas y los murales centrales de las
escuelas, los cuales hacen posible también unir en un esfuerzo
colectivo el trabajo de las más diferentes inclinaciones
de los niños, las fiestas y otros tipos de actividades
que estimulan la creación infantil.
Ya hemos hablado anteriormente de que la forma primaria de creación
infantil es la creación sincrética, o sea, aquella
en, la cual los diferentes tipos de arte aún no están
definidos ni especializados. De esta forma hablamos del sincretismo
literario de los niños que no separa la poesía de
la prosa y el relato del drama; pero, en los niños existe
un sincretismo todavía más amplio, precisamente
la unión de los diferentes tipos de arte. en un todo único
de acción artística. El niño crea y se imagina
lo que relata como ocurrió con los niños descritos
por Tolstoi.
El niño dibuja y al mismo tiempo relata sobre lo que está
dibujando, dramatiza y crea un texto literario para su papel.
Este sincretismo indica la raíz general de la cual parten
todos los diferentes tipos de arte infantil, esta raíz
general es el juego del niño que sirve de fase preparatoria
para su creación artística e, inclusive, cuando
de este juego sincrético general se destacan los diferentes
tipos de creación infantil más o menos particularizados,
como el dibujo y la dramatización de la composición,
cada tipo no está completamente delimitado con respecto
a los demás y toma de ellos elementos.
En una particularidad de la creación infantil hallamos
la huella del juego, del cual proviene. El niño raramente
trabaja durante largo tiempo en su obra, la mayor parte la crea
de un golpe. La creación del niño recuerda en este
caso el juego que surge de la aguda necesidad del niño
y brinda en su mayor parte la descarga rápida y definitiva
de los sentimientos que lo embargan.
La segunda relación con el juego consiste en que tanto
en la creación literaria, como en el juego los niños
no han roto aún los lazos con sus intereses y vivencias
personales. Bernfeld investigó las noveletas escritas por
los adolescentes de 14 a 17 años de edad, en todas, como
establece el autor, se manifiesta una profunda huella de la vida
personal de los jóvenes autores; algunos no presentan otra
cosa que sus autobiografías enmascaradas, otros varían
la base íntima del relato en gran medida, pero no hasta
el punto de que se pierda de su obra. Con respecto a este subjetivismo
de la creación infantil muchos autores tratan de afirmar
que ya en la infancia pueden diferenciarse dos tipos principales
de estilo: el subjetivo y el objetivo. Nos parece que estos dos
aspectos o rasgos de la creación infantil pueden encontrarse
en la edad de tránsito, porque son reflejo de la ruptura
que experimenta en esta época la imaginación creadora
del niño, pasando del tipo subjetivo al objetivo. En muchos
niños pueden haber características expresivas volcadas
hacia el pasado y en otros, hacia el futuro fruto de su imaginación.
Indudablemente que este hecho está en relación directa
con las particularidades individuales de uno u otro niño.
Toistoi señaló estos dos tipos que corresponden
a la imaginación plástica y emocional como los establece
Ribot: su Semka se distinguía por el tipo plástico
de creación, su relato se distinguía por un fuerte
valor artístico de la descripción, los detalles
más veraces iban unos tras otros.
"Semka, al relatar veía y describía lo que
se hallaba ante sus ojos: la chanclas de corteza de árboles,
heladas y ateridas, y el barro que las cubría cuando se
descongelaban y los bizcochos en los cuales se convirtieron cuando
la bruja los echó al horno." Su imaginación
reprodujo y combinó patrones visuales exteriores y formó
con ellos un nuevo cuadro.
Fedka, por el contrario, creó, combinando en general los
elementos emocionales y los fue mezclando con los patrones exteriores.
El vio 'solo aquellos detalles que le provocaban el sentimiento
con él cual nú. raba un rostro conocido". Las
impresiones las seleccionó de acuerdo con un signo afectivo
común y solo aquellas que respondían a la emoción
principal que lo embargaba: el sentimiento de lástima,
compasión y ternura. Binet llamaba a estos dos tipos "observador'
e 'interpretativo'. Él consideraba que estos dos tipos
se encuentran por ípd, tanto entre los adultos pintores
y científicos, como entre los adolescentes. Binet estudió
la creación de dos niñas de once y doce a¡¡<"
y medio de tu cuales una pertenecía al tipo de creación
objetiva y la otra, al tipo de creación subjetiva.
El profesor Soloviev, al analizar la creación de dos adolescentes
mostró en qué medida la pertenencia a uno u otro
tipo determina todos los detalles y la delicada estructura del
relato infantil. Esto se pone de manifiesto en la selección
de los epítetos, o sea, de los atributos, en los propios
cuadros y en el sentimiento de que están impregnados. Veamos
un ejemplo de los epítetos más usuales que se encuentran
en la creación de las niñas, en la objetiva: la
nieve espumosa, blanca, plateada, pura; la violeta azul; las nubes
amenazadoras; el bosque fragante, oscuro; el sol rojo y claro,
dorado y primaveral. Todo responde a percepciones visuales reales,
todo brinda un cuadro visual de las cosas. No ocurre lo mismo
con la otra niña; sus epítetos en toda su expresión
y objetividad son ante todo emocionales: la angustia irremediable,
negros pensamientos oscuros como una corneja.
Queda aún hacer el resumen; a todo el que se acerca a la
creación literaria infantil se le plantea una interrogante:
¿cuál es el sentido de esta creación si no
puede formar en el niño al futuro escritor, al creador,
si es solo un fenómeno breve, episódico en el desarrollo
del adolescente que después se reduce y a veces se pierde
por completo?
El sentido y la importancia de esta creación consiste en
que permite al niño dar ese paso difícil en el desarrollo
de la imaginación creadora que brinda una nueva dirección
de su fantasía que se mantiene para toda la vida. Su sentido
está en que profundiza, amplía y purifica la vida
emocional del niño, estimula y condiciona por primera vez
a la adultez y, por último, su importancia radica en que
le permite al niño, al ejercitar sus deseos de creación
y sus hábitos, dominar el lenguaje ese instrumento delicado
y complejo de formación y entrega del pensamiento y el
sentimiento humanos, y del mundo interior del hombre.
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