Según
La Razón del lunes 27, Ruckauf y Suteba estuvieron negociando
todo el fin de semana pasado para levantar la huelga general
indefinida de los docentes bonaerenses. El gobierno, de acuerdo
al diario, prometía garantizar los fondos para los comedores
y las becas, mantener el estatuto docente y pagar los salarios
sin recorte, pero salvaguardando los patacones. En realidad,
el supuesto acuerdo mantiene los recortes y solamente admite
"una revisión de la emergencia", lo que significa
poner a consideración algunos problemas específicos. Pero
cuando la tropa de Yasky estaba a punto de dar el sí, los
hombres de Ruckauf pretendieron insertar una cláusula de "paz
social", lo que demoró la firma.
¿Tiene sentido
esta información? Sí, en gran parte la tiene. Ruckauf está
dispuesto a prometer el oro y el moro para que se levante
la huelga docente, porque teme que ésta empalme en poco tiempo
más con la de los municipales, los recolectores de residuos
privados que trabajan para los municipios y hasta la propia
policía, además de los estatales que ya cumplen paros semanales.
Lo que no podrá es cumplir con lo que promete, por eso quiere
"el compromiso gremial de no hacer más protestas hasta
fin de año", o sea, llegar a la desmovilización veraniega.
¿Yasky
y compañía no saben esto?
Desde
que se largó el "déficit cero" se supo que su cumplimiento
iba a entrañar reducciones cada vez mayores de los salarios
y que las rebajas se extenderían a todas las provincias a
partir del incumplimiento, por parte del Estado nacional,
de la coparticipación federal de impuestos. Ahora, el propio
Banco Provincia revela (Página/12, 27/8) "que para mantener
el déficit cero, el gobierno debería aplicar a salarios y
jubilaciones recortes que van del 38 al 50 por ciento, a menos
que se extienda la poda a áreas aún no alcanzadas como las
transferencias a las provincias, el incentivo docente o la
totalidad de los gastos universitarios". Cavallo, concretamente,
ya anunció que el incentivo no sería incluido en el presupuesto
del 2002, y aunque Delich dijo que su ministerio lo mantuvo,
es claro que el incentivo no estará en la versión unificada
que se envíe al Congreso.
Es
decir, que no existe tal cosa como "mantengo el ajuste,
pero no se lo aplico a los maestros". Ruckauf emitió
90 millones de pesos en patacones, pero está autorizado a
un tope de 450 millones. Los salarios se pagarán, en una proporción
creciente, en estos papeles desnaturalizados. Lo mismo vale
para los comedores y para el sistema de salud. Aceptar el
planteo de Ruckauf es llevar a la docencia a una nueva derrota,
como ocurriera en 1988.
La
salida no es levantar la huelga sino que sea nacional; el
gobierno provincializó la educación, pero Ctera es la expresión
nacional de los maestros y profesores. Por otro lado, los
docentes, los empleados administrativos, los municipales y
los profesores universitarios deberían impulsar una huelga
indefinida única, con comités de huelga conjuntos en todos
los distritos. Esta es la vía para la victoria; lo otro es
sapo. Que se derogue el ajuste y se pague en pesos.