El
gobierno respondió con una feroz represión, con
más de 30 muertos, centenares de heridos y miles de detenidos
en todo el país. Intentó así sofocar el estallido,
pero no logró más que multiplicar el odio y la lucha.
Al mismo tiempo, la disputa entre los grandes grupos capitalistas,
externos e internos, se volvió feroz, incrementando aún
más su ingerencia en las decisiones de gobierno y en la
colonización del país. El acuerdo entre todos ellos
era y es descargar la crisis sobre el pueblo, pero el saqueo ha
sido tal que impulsa una confrontación entre monopolios
por los beneficios y las perdidas de la crisis, que en el marco
de las políticas vigentes redundará en mayor desempleo
y menor gasto social.
La lucha popular echó por tierra, en un principio, los
planes de recambio institucional que se preparaban como válvulas
de escape y reacomodamientos de las fuerzas de poder y que se
intentan imponer ahora con un alto costo político, al dejar
completamente desnuda la ilegitimidad de la Asamblea Legislativa.
Esta Asamblea, elegida con menos del 50% de los votos en las últimas
elecciones, que pretendió representar al pueblo desconociendo
sus reclamos, elige un gobierno -el de Duhalde- para seguir concentrando
las riquezas en los grandes grupos económicos que detentan
el poder.
Esta nueva traición a la voluntad popular (y van...) muestra
con claridad que la lucha por los derechos democráticos
por la cual habíamos luchado desde hace más de 20
años, poco tiene que ver con la banda de delincuentes que
gobernó y gobierna nuestro país. Esta claridad que
hoy se expresa en el grito "que se vayan todos" y en
la masiva exigencia de remoción de la Corte Suprema "de
Injusticia" , defensora incondicional de las clases dominantes,
evidencia un profundo grado de ruptura con el sistema de dominación.
Grandes sectores de la población pasaron rápidamente
al ejercicio directo de la política.
El "nuevo gobierno" fue recibido con nuevos cacerolazos
y movilizaciones, en un principio menores en comparación
con los anteriores, por la confusión a la que contribuyeron
distintos sectores políticos y en la que jugó un
importante papel el absoluto silencio de los medios de comunicación.
Este "gobierno de salvación nacional" (¡!!???)
nacido del acuerdo entre el PJ, la UCR, el FREPASO y el Cavallismo,
refleja fielmente la voluntad de sus patrones de cerrar filas
para sofocar el cuestionamiento y lograr la "paz social".
Es un rejunte de los mismos que fueron repudiados (no se molestaron
siquiera en renovar las figuritas) y por eso, más allá
de los maquillajes con que hoy los presentan los medios masivos
de comunicación, con el Grupo Clarín a la cabeza,
no están dispuestos a tomar las medidas que reclamamos
y que permitirían resolver la crisis a nuestro favor, no
desconocen la deuda externa ilegitima y usuraria, no estatizan
la banca y los fondos de las AFJP, ni el comercio exterior.
La ley de emergencia económica y la devaluación
impulsada por el gobierno y sancionada por el Congreso insiste
en una concentración de poder que es rechazada masivamente
por la población. Este es un intento de responder a la
crisis capitalista a través de expropiar nuestro salario,
los depósitos y las riquezas e intereses de los argentinos
y continuar desarrollando un ajuste ilimitado. El corazón
del plan económico del gobierno de Duhalde es la estatización
y licuación de la deuda de las empresas quebradas fraudulentamente,
premia a los que ya fugaron nuestro dinero, subsidia a los bancos
por la pesificación de las deudas, etc., a costa de nuestro
salario, los ahorros, la salud y la educación.
Al mismo tiempo se intenta engañar y desmovilizar al pueblo.
Ya lo dijo el Ministro de Economía, Remes Lenicov :"todo
es muy difícil con la amenaza de los cacerolazos".
Pero estos no se van a silenciar. A partir del proceso abierto
el 19 y 20 de diciembre, nosotros, el pueblo, que maduramos a
grandes pasos en pocos días, comenzamos a buscar formas
de organizar nuestro protagonismo y el ejercicio directo de la
democracia mediante todo tipo de Asambleas Populares, multisectoriales,
cabildos abiertos etc., en las cuales discutimos,
hacemos escuchar nuestra voz y buscamos instancias de poder que
nos permitan imponer una salida a nuestro favor a esta inédita
crisis.
En el ámbito educativo la situación no es mejor
a partir de las declaraciones públicas de funcionarios
claves del nuevo gobierno: tanto Remes Lenicov como Matzkin se
pronunciaron a favor del arancelamiento universitario y aseguraron
que el recorte del presupuesto 2002 debe proseguir y con ello
la sustracción del 13% de nuestro salario, el no pago del
incentivo docente, etc. Todo para garantizar el conocido "déficit
cero".
Pero la situación se agrava si nos orientamos por lo realizado
en la Provincia de Buenos Aires por la nueva Ministra de Educación,
quien impulsó y aplicó la Ley Federal de Educación,
ley votada por las mismas fuerzas políticas que ayer y
hoy rigen los destinos de nuestro país. Dicha Ley fue y
es parte del proyecto de "los que mandan" que es, ni
más ni menos que un plan sistemático de destrucción
de la escuela pública.
Los docentes universitarios convocados por la AGD estuvimos desde
el inicio de la movilización. La asamblea del 18 de diciembre
(la más numerosa de los últimos meses) ya había
decidido reforzar el plan de lucha frente a las demoras del gobierno
en enviar los fondos para pagar los salarios, el recorte y la
subejecución del presupuesto universitario y en unidad
con los distintos sectores que se preparaban para la protesta
del día 20. La respuesta de un grupo importante de compañeros
nos permitió participar activamente en la lucha que empujó
a renunciar a De La Rua, a diferencia de otras direcciones gremiales
que mantuvieron la "tregua" (cuando no la abierta complacencia)
cuando el pueblo se había levantado y trataron de neutralizarlo
llevándolo a los locales sindicales o dejando solos a aquellos
que prefirieron sumarse a la lucha. A pesar de las tradicionales
"vacaciones" y de cierta sensación de que no
íbamos a poder seguir activos durante la época de
receso, nos mantuvimos en estado de alerta y movilización.
La reunión convocada para el lunes 7 de enero contó
con la participación de muchos compañeros y allí
resolvimos la redacción de esta declaración y las
medidas a seguir:
1. Ampliar y consolidar la organización gremial, de cara
a las grandes luchas con las cuales tendremos que seguir enfrentando
el ajuste.
2. Unirnos con los estudiantes, la nueva dirección de la
FUBA y los no-docentes en acciones comunes.
3.
Impulsar y participar desde cada facultad en todas las formas
de reuniones (asambleas populares, multisectoriales, cabildos
abiertos, asambleas de trabajadores, etc.) para construir instancias
de poder popular que permitan resolver el conjunto de los problemas
sociales y económicos a favor del pueblo.
- No al pago de la deuda externa ilegitima y fraudulenta.
- Reestatización de las AFJP.
- Renacionalización de los bancos y empresas estratégicas.
- Condonación de la deuda usuraria a los chacareros pequeños
y precio sostén en origen.
- Fuera el régimen hambreador; no al gobierno de salvación
nacional, que es sólo un recambio en las propias filas
de los ajustadores.
- Libertad y desprocesamiento para todos los luchadores populares.
- Ningún despido ni suspensión.
- Derogación del decreto de bancarización forzosa
y de congelación de los depósitos
- Fuera la Corte Suprema. Juicio y castigo a todos los responsables
del hambre, la entrega y la represión.
- No al arancelamiento. Gratuidad de los cursos de grado y posgrado.
- Indexación del salario según del costo de vida.
Media Canasta para el Cargo Testigo.
- Aumento del presupuesto universitario.
- No a la provincializacion, regionalización, o municipalización
de la educación.
- Inmediato pago de salarios e incentivos adeudados. Ningún
despido: Reincorporación de los colegas de Quilmes. Institucionalización
del CBC.
AGD
UBA, 11 de enero de 2002