Las
notas que los principales diarios del país publicaron en
torno a la muerte de Alfredo Bravo recordaron, por supuesto, su
secuestro y tortura por los esbirros de la dictadura militar.
Lo que omitieron es que todos esos diarios ocultaron miserablemente
el asunto, cuando el 8 de setiembre de 1977 el entonces secretario
general de la Ctera fue raptado del colegio en el cual dictaba
clases en la Capital Federal. Como al día siguiente Videla
sería recibido por el presidente norteamericano Jimmy Carter,
para testimoniar que "los argentinos somos derechos y humanos",
los Mitre, los Noble y los Gainza Paz resolvieron no empañar
el evento. El 10 de setiembre se ocuparon, en cambio, de destacar
que el titular de la Casa Blanca celebraba la entrevista como
"una de las más productivas que tuve con jefes de
Estado". Bravo continuaba desaparecido también en
la prensa que se reclama "independiente". Sólo
una semana después se publicitó la cuestión
con permiso del gobierno y como resultado de una campaña
nacional e internacional que llevó, pocos días después,
al blanqueo de su situación como "detenido" en
las cárceles de La Plata.
El único diario que dio cuenta inmediatamente y en primera
página del secuestro fue el Buenos Aires Herald. Los que
hoy recuerdan la necesidad de defender la "industria cultural
nacional" hicieron su papel de cómplices de los verdugos.
Informar sobre la verdad no forma parte de los explotadores capitalistas
de la cultura.
Bravo militó toda su vida en las fracciones que derivaron
de la explosión del viejo Partido Socialista. Recuerdo
haberlo escuchado decir que era "rojo de la cabeza a los
pies", con la misma convicción con que disculpaba
como "agachadas" las grandes traiciones de la vieja
dirigencia socialista, incluida su colaboración con los
genocidas que lo victimizaron. Aspiraba a que quedaran borradas
en la reconstrucción de un único PS. Su último
acto político fue una carta a sus compañeros acusándolos
de hecho de deslealtad por sabotear la tarea en función
de intereses mezquinos. Había fracasado como candidato
único del socialismo en la última elección.
Es cierto lo de su estilo campechano y directo. Recuerdo una mesa
redonda durante una de las campañas electorales de los
'90 cuando, ante una pregunta referida a la privatización
de las jubilaciones, me cedió amablemente la palabra, señalando
que el Partido Obrero era quien mejor había estudiado el
problema. Me quedo ahora con el recuerdo de su saludo afectuoso
en una reunión motivada por el conflicto de Aerolíneas
Argentinas, cuando tomó la iniciativa de acercarse y preguntarme
"cómo andan los muchachos del PO", a los que
apreciaba como luchadores del campo popular.
Pablo
Rieznik
(Docente universitario y militante del Partido Obrero)
Publicado en Prensa Obrera Nº 803 - 05-06-03