El
protagonismo de un grupo de niños en una movilización
del MIJP provocó una catarata de críticas de los
analistas y periodistas políticos referidos a la "utilización
de la niñez en los reclamos, por parte de los mayores".
Hasta ahora los periodistas se habían permitido mostrar
a los niños llorando por comida y hasta llevarlos a llorar
en cámara.
Ahora que aparece la cara del niño que, en vez de llorar,
se planta con un megáfono en mano a reclamar por pan, por
la libertad de Castells, y a denunciar, con la convicción
que a más de un mayor le falta, la situación de
barbarie; esos mismos periodistas (u otros muy semejantes) denuncian
la "utilización de la niñez".
Empujados por el capitalismo en crisis a una vida "adulta"
prematura, los chicos no se van a resignar a ser "adultos"
sólo para sufrir, para trabajar, para pasar hambre.
Y esto es lo que les jode a los Longobardi y compañía.
Cosas
de cretinos
El que se queja porque un niño se moviliza contra el hambre,
pretende que el papel de la niñez quede reducido a la superexplotación
infantil.
La OIT registra que 246 millones de niños trabajan en el
mundo "en tareas en las que se juegan la vida" (Río
Negro, 13/6), agregando que el 70% "trabaja en la agricultura...
en largas jornadas en duras condiciones, a veces respirando pesticidas"
(ídem). Algo que sabemos muy bien los que vivimos cerca
de las zonas de cosecha de peras y manzanas.
En los mismísimos EE.UU., el trabajo rural de niños
representa el 8% del trabajo infantil, pero implica el 40% de
las muertes laborales de niños, dice la OIT.
En nuestro país son medio millón "los menores
de 14 años (que) se ven empujados a trabajar" (La
Nación, 12/6), y si se toma un criterio más amplio
para definir lo que es trabajo infantil, en nuestro país
"...hay 1,5 millón de chicos de entre 5 y 14 años
que trabajan" (ídem).
Se les tolera que sean víctimas por aquello de "así
son las cosas, que se va a hacer", pero no se tolera que,
como víctimas que son, se rebelen.
Tanto periodista, tanto investigador, tantas horas de programas,
tanta OIT y ONU en relación a esta cuestión, y ninguno
menciona, siquiera al pasar, que nuestra Ley de Contrato de Trabajo
plantea como un ¡¡derecho!! que los niños puedan
"celebrar toda clase de contratos de trabajo" (Art.
187) y aún más.
El Art. 189 "prohíbe" el trabajo de menores de
14 años y ese mismo artículo, por la vía
de las "excepciones", lo faculta "en las empresas
en que sólo trabajen los miembros de la misma familia",
o "cuando fuese considerado indispensable para la subsistencia
del mismo o de sus familiares directos". Para este último
caso, no importa si el menor "no ha completado su instrucción
obligatoria".
Muy
cretinos
Pero, como canta Serrat el poema de Miguel Hernández, para
los niños que son "carne de yugo" habrá
un "martillo verdugo de esta cadena" y saldrá
"del corazón de los hombres jornaleros que antes de
ser hombres son y han sido niños yunteros".
En la Argentina de hoy, el "martillo" sale también
del "corazón" de la niñez que se rebela.
Aunque a Longobardi no le guste.
Norberto
E. Calducci
20-06-02