Las
clases han comenzado en todo el país en un cuadro de absoluta
crisis.
La lucha por el aumento salarial se ha transformado en una necesidad
urgente.
El deterioro del salario es del 150%. Con básicos que oscilan
entre 187 y 234 pesos, el salario conformado de un maestro de
escuela apenas araña los 350 pesos de promedio en el mejor
de los casos.
Provincias enteras adeudan meses de sueldo y pagan con bonos depreciados.
Los cierres de curso están a la orden del día, los
desplazamientos y ceses son una constante. La desocupación
creciente se suma a la miseria salarial.
La deserción escolar ha alcanzado niveles históricos;
no hay becas, comedores ni boleto gratuito.
Frente a este cuadro, la CTERA vuelve a reflotar una política
que ya nos llevó a la derrota.
La burocracia celeste y sus socios azules y blancos se han limitado
a reclamar el pago del incentivo docente y la creación
de un fondo fiduciario que garantice el pago de deudas salariales
de las provincias.
Las limitaciones de este "programa" se refuerzan con
el "plan de lucha" resuelto: la reinstalación
de la carpa, una marcha y un paro aislado para fines de marzo.
La inconsistencia de este pseudo plan de lucha está a la
vista. La aprobación en el Senado del incentivo docente
lo ha desbaratado por completo.
La situación requiere de una política de conjunto.
Es necesaria la lucha por el inmediato aumento salarial equivalente
a la canasta familiar, contra el cierre de cursos, por la creación
de nuevos cargos, ayuda escolar de 130 pesos, becas, comedores
y el boleto educativo gratuito, y la provisión de útiles
y materiales didácticos necesarios.
Es necesario superar el agotamiento de la política de la
burocracia. En este sentido, las asambleas de escuela, las coordinadoras,
las autoconvocatorias juegan un papel irremplazable para que los
docentes debatan cómo enfrentar esta situación,
resuelvan acciones directas y se lancen a recuperar los sindicatos.
Adriana
Sirna
19-03-03