Ficción de Censo
El domingo por la noche, Colombo, el jefe de Gabinete, declaraba exultante que "el Censo ha sido un éxito total".

¿Éxito? ¿Total?

En el centro político del país -la ciudad de Buenos Aires-todavía se seguía censando el martes por la noche. A pocas cuadras de la Rosada, en los barrios de Montserrat, San Telmo, Constitución y Balvanera, además de otros siete barrios porteños, el Censo debió durar 96 horas -en lugar de las 36 inicialmente previstas- porque el 10% de los censistas, en su inmensa mayoría docentes, no concurrió. Lo mismo sucedió en La Matanza -donde no concurrieron 6.000 censistas- y Morón, en el Gran Buenos Aires. En San Isidro, por las mismas razones, el Censo comenzó el viernes. También en Santiago del Estero, Chubut, Tucumán y La Pampa, todavía seguía el martes.

En muchos de los distritos inundados de la provincia de Buenos Aires, no concurrió la mayoría de los censistas. "¿Para qué nos van a censar si dentro de cuatro meses vamos a estar todos en otro lado porque el pueblo desaparecerá?", preguntaba un miembro de los Vecinos Autoconvocados de Alsina (Página/12, 18/11).

En reemplazo de los docentes, el gobierno convocó de apuro a funcionarios gubernamentales, punteros políticos y miembros de las Fuerzas Armadas, es decir que una parte sustancial de los censistas no tenía ni la experiencia ni el entrenamiento necesarios. Algunos censistas reconocían que los habían mandado a la calle con "un cursito de tres horas". Otros, directamente, fueron "reclutados" el mismo sábado, después de comenzado el Censo.

Con censistas "de apuro" y con gruesos sectores de la población censados en días laborables, los resultados serán poco confiables desde el punto de vista estadístico y como herramienta para el conocimiento de la realidad. Es decir que se ha realizado una ficción de Censo.
Pero al gobierno no le importaban ni la calidad del Censo ni sus resultados. Desde que el responsable del Indec anunció que "sin los maestros tendremos que postergar el Censo", su misma realización se convirtió para el gobierno en una prueba de fuerza contra los docentes, a los que calificó de "antisociales". ¿Pero hay algo más antisocial que la destrucción de la educación pública?

La postergación del Censo -imprescindible para entrenar a los reemplazantes de los docentes y garantizar la calidad de los resultados- era una pesadilla para el gobierno porque ponía al desnudo su completa impotencia. ¿Cómo puede gobernar si ni siquiera puede garantizar la realización de un Censo?

Por eso Colombo festejó, porque el éxito de la ficción del Censo le permitió, por un momento, escapar a la pesadilla. Demasiado poco para un gobierno que se derrumba, que hunde al país, que está en cesación de pagos, que agrava la recesión y que despierta el odio y la movilización popular.

Luis Oviedo
23-11-01