Hace
algunas semanas denunciamos en Prensa Obrera (N° 772) la aprobación
de una ley que autorizaba a las asociaciones cooperadoras de la
ciudad a desviar los fondos educativos para la compra de alimentos
y elementos de primera necesidad; ello en nombre de la "emergencia
económica y social". Pero la cosa no termina acá:
la "emergencia económica" también es el
caballito de batalla preferido por Ibarra a la hora de defender
las ganancias de las empresas que suministran desayunos, viandas,
refrigerios y almuerzos en las escuelas públicas de la
Ciudad. Lo que sigue es la crónica del hambre de los escolares
porteños y su contracara, los negociados de las concesionarias
y del gobierno de Ibarra.
"El
hambre no puede esperar. La panza duele y mucho"
Con esta frase tan sencilla como realista, los chicos de 7º
grado cerraban una nota donde denunciaban la situación
del comedor escolar del colegio "República Italiana"
de La Boca.
Allí explicaban que desde marzo de este año no encontraban
en los platos que les sirven en el colegio carne, ni pollo, ni
pescado, ni lácteos, ni huevos. Durante el desayuno, les
sirven mate cocido o té cortado con leche en polvo. Para
el almuerzo se encuentran con guiso de arroz, polenta, fideos
o salchichas con puré.
Lo que sucede es que la Dirección General de Cooperadoras
y Comedores Escolares de la Secretaría de Educación
de la Ciudad, autorizó a las empresas concesionarias a
"realizar modificaciones en los menúes que establece
el pliego de licitación vigente, tanto en la secuencia
como en la variedad de los alimentos" con el argumento de
que "la grave situación económica y financiera
(...) se manifiesta en la falta de insumos y desabastecimiento
de diferentes productos, muchos de ellos de primera necesidad".
Frente a esta situación desesperante, en muchos colegios
se han organizado padres, maestros y alumnos para presentar denuncias
ante la Secretaría de Educación (cuya respuesta
hasta hoy no existe) y la Defensoría del Pueblo. Este último
organismo elaboró un informe basado en un muestreo donde
se relevan 26 escuelas: en ningún caso la prestadora cumple
con los menúes pactados en el pliego de la licitación
y en el 58% de los casos ni siquiera se cumple con el "menú
de emergencia". El informe de la Defensoría habla
por sí mismo: se denuncia una escuela en la que sólo
el 35% de alumnos becados reciben la vianda que les corresponde,
con el agravante de que la mayoría de los alumnos que concurren
a dicha escuela viven en la Villa 31. En muchos colegios, la comida
que los chicos hacen ahí es la única que ingieren
en el día. Además, hay denuncias de alimentos en
mal estado que debieron ser analizados por Bromatología.
La situación es terminal.
Filmus:
vocero de las empresas, hambreador de los estudiantes
Frente al informe de la Defensoría, la Secretaría
de Educación enmudeció: la "comunidad educativa"
con la que tanto se pavonea Filmus a la hora de obligatorizar
la secundaria, no recibió ninguna respuesta oficial. Sin
embargo, el progresista Filmus niega que la calidad de las comidas
haya disminuido o que se haya alterado el valor nutricional de
las mismas y, más aún, se da el lujo de hacer declaraciones
a los medios como la que reza en el título de esta nota
(La Nación, 2/7).
Los chicos faltan a la escuela durante días e incluso semanas
por no encontrarse en condiciones físicas, o se quiebran
por padecer osteoporosis (a causa de la descalcificación
que implica la falta de lácteos en su dieta). Pero el secretario
de Educación afirma que "a la escuela se viene a aprender,
no a comer y ése es un debate que hay que dar. No se le
puede pedir a la escuela que resuelva el problema alimentario
de la población, sino el educactivo, que no es poco. Y
aún así estamos asistiendo a muchas personas"
(ídem).
Lo que Filmus no resuelve es la contradicción de un gobierno
que autoriza desvíos de educación para alimentación
y al mismo tiempo permite la modificación de los menúes
de los estudiantes en detrimento de la salud de los mismos. Para
hacerlo, tendría que empezar por admitir los negociados
que él y el resto del gobierno porteño tienen con
las concesionadas.
Mafias
capitalistas y gobierno burgués
El informe de la Defensoría tiene otros datos interesantes.
Así nos enteramos de que la principal concesionaria involucrada
en estas denuncias es Emepa S.A. Esta empresa, que hasta hace
poco tiempo se dedicaba al reciclaje de vagones de ferrocarriles
y dragados de ríos (La Maga, 14/1/98), concentra hoy el
abastecimiento alimentario del 22% de las escuelas de la Ciudad,
sin contar los hospitales a los que también abastece. Solamente
por la prestación a comedores escolares, Emepa tiene contratos
por 1.661.961,77 pesos (Observatorio urbano, abril/02).
Su titular, Gabriel Romero, íntimo amigo de los hijos de
Alfonsín, consiguió la concesión millonaria
de 135 establecimientos en 1998, momento en que De la Rúa
era jefe de Gobierno porteño. Pero parece que Romero no
se anda con pequeñeces: además de Emepa, es el titular
de Hidrovías S.A. y pertenece al grupo Exxel.
El gobierno porteño paga por alumno y por día 2,14
pesos por almuerzo; 0,36 peso por desayuno; 1 peso por refrigerio
y 0,55 peso por sandwich; mientras que la Provincia de Buenos
Aires paga 0,60 peso por alumno/por almuerzo.
"El alfajor que nos daban - razonan los chicos de La Boca
- , en el supermercado cuesta 0,10 peso y el litro de leche 0,85
peso (alcanza para cuatro chicos). Si los concesionarios no compran
en el supermercado, lo hacen al por mayor. Entonces, ¿por
qué nos bajan la calidad de las comidas; nos sacan los
alimentos que necesitamos?".
Estas son las preguntas que se hacen los chicos de 12 años.
Frente a semejante planteo sólo cabe decir la verdad: los
chicos se están muriendo de hambre porque el gobierno prefiere
subvencionar a las empresas capitalistas antes que cuidar su salud.
La ley que establece la emergencia económica, faculta al
Poder Ejecutivo de la Ciudad para revisar todos los contratos
y modificar las condiciones de los mismos en caso de que "resulte
aplicable un ahorro efectivo de recursos para la administración
(...) no pudiendo las modificaciones afectar el funcionamiento
y la calidad de los servicios esenciales, especialmente los de
educación, salud y desarrollo social".
Ahora resulta que la ley de los superpoderes, la que iba a proteger
la salud y la educación, es letra muerta a la hora de defender
a los chicos; pero es una bandera agitada para permitir la superganancia
capitalista.
Frente a esta situación, el Partido Obrero denuncia a Filmus
y a Ibarra como responsables directos de la masacre que se está
produciendo entre los escolares porteños. Llamamos a padres,
docentes y alumnos a organizarse en las escuelas y a luchar contra
este gobierno hambreador.
¡Fuera Filmus. Fuera Ibarra. Que se vayan todos!
Por una Asamblea Constituyente con poder que reorganice el país
sobre nuevas bases sociales. Basta de subvenciones y negociados
capitalistas. Que se terminen las concesiones truchas. Sostenimiento
integral del Estado a los comedores, bajo gestion y control de
los padres, alumnos y trabajadores de la educación.
Claudia
Freidenraij
31-10-02
De Prensa Obrera Nº 778
Del
Correo de Prensa Obrera Nº 782
Mensaje para Claudia Freidenraij
He leído con atención y preocupación tu
artículo "A la escuela se viene a aprender, no a
comer" (Prensa Obrera N° 778).
Me permito hacerte unas observaciones con respecto a este párrafo
de la misma: "Los chicos faltan a la escuela durante días
e incluso semanas por no encontrarse en condiciones físicas,
o se quiebran por padecer osteoporosis (a causa de la descalcificación
que implica la falta de lácteos en su dieta)."
El término osteoporosis se reserva para ciertas afecciones
características de los viejos (nunca me gustó
la expresión "tercera edad", yo a mis viejos
les digo viejos). Una de ellas está ligada a la posmenopausia
y es la más conocida. La otra afecta tanto a hombres
como a mujeres.
Por esos pruritos de la terminología médica, hablar
de osteoporosis en la infancia suena raro, cacofónico,
como decir "clorofila animal" o algo así.
El déficit de calcio en la dieta de los niños
provoca una serie de alteraciones que se conocen como raquitismo,
enfermedad que durante tres generaciones se creyó erradicada
de la Argentina. Las condiciones de vida de nuestros chicos
retroceden, así, casi cien años.
Cuanto más temprano y más profundo es ese déficit,
obviamente más severas son las secuelas. Una de las secuelas
tardías es, justamente, la osteoporosis en la vejez.
Más allá del dolor humano, que no tiene medida,
este pichuleo de un peso de leche hoy significa un gasto enorme
en costosas drogas mañana. Si sobreviven, claro...
Las fracturas espontáneas o patológicas secundarias
al raquitismo son una rareza en la infancia. Ante una fractura
que no se explica por la lógica o la clínica,
es obligación pensar en violencia física.
Cuando los huesos dejan de crecer en largo (y ya podemos hablar
de una "madurez ósea"), el déficit de
calcio provoca una alteración de la osteogénesis
conocida como osteomalacia. Digamos, el equivalente del raquitismo
en la adultez.
Disculpame el ánimo de maestro ciruela, pero tu artículo
es riguroso y serio. Este mínimo error de concepto no
le cambia ni le quita sentido. Sin embargo, nunca faltan quienes
ante mínimos errores como éste, aprovechan la
volada y descalifican todo en bloque. "Qué va a
ser cierto lo que escribe esta mina, si no sabe lo que es la
osteoporosis", suele ser el esquema básico de sus
seudo-refutaciones.
Disculpame la intromisión. Recibí mis saludos.
Mario
Eduardo Muro