La
decisión de Telenoche Investiga (Canal 13, miércoles
a las 23) de emitir el informe "Yo, Grassi" (en el que
se denunciaron prácticas de abuso sexual y corrupción
de menores, por parte del titular de la Fundación Felices
los Niños - ver Prensa Obrera N° 778 - ) abre un debate
insoslayable. No sólo por el carácter aberrante
de los hechos sino porque su encubrimiento y la defensa que del
cura asumió Canal 9, pasaron en limpio el compromiso ideológico
de ese multimedio (y de algunas "figuras" mediáticas)
con la persistencia de una "cultura" basada en la impunidad.
El programa
Desde hace tres años, Telenoche Investiga pone en pantalla
informes cuyo común denominador son los actos de corrupción.
Aun en la perspectiva de la mera denuncia, el ciclo ha demostrado
que la corrupción es una suerte de caleidoscopio social
que no deja de manifestarse bajo formas extravagantes y asombrosas.
Sin embargo, el rigor y la credibilidad del programa a menudo
son enturbiados por el uso de cámaras ocultas, estrategia
que abre la sospecha acerca de arreglos previos y que, en ese
sentido, pone en cuestión las fronteras éticas del
oficio periodístico.
En la realización de "Yo, Grassi" (cuya pesquisa
iniciaron Miriam Lewin e Irene Bais en noviembre de 2001) el equipo
recolectó datos, denuncias y testimonios de personas vinculadas
a la Fundación y a la carrera eclesiástica (y mediática)
del cura. No faltaron el romance de Grassi con los medios, la
familiaridad con funcionarios menemistas, las causas abiertas
a partir de confidencias anónimas (siempre calladas por
la jerarquía eclesiástica), el testimonio de varias
víctimas, la "historia clínica" del vicepresidente
de la Fundación (Juan Domingo Pérez, ex policía
bonaerense y procesado por violencia familiar) e, incluso, una
entrevista en la que Grassi deslindó cargos y juró
"por Dios" no haber cometido las perversiones que se
le imputan (por los cuales el juez rechazó el pedido de
excarcelación).
Cuando el caudal de los datos obtenidos ganó peso propio,
la Gerencia Periodística de Canal 13 decidió utilizarlo
en la apertura del ciclo 2002 de Telenoche Investiga. La resistencia
de algunos testigos a declarar frente a cámara demoró
este propósito. Por otro lado, la cúpula del Grupo
Clarín tomó cartas en el asunto al enterarse de
que, entre las derivaciones ¿impensadas? del caso, se llegó
a constatar que algunos grupos empresarios habían encubierto
operaciones de lavado de dinero mediante auspicios a la Fundación
Felices los Niños (Yabrán, Macri, Haddad, entre
otros). La orden, entonces, fue contundente: acotar la noticia
a la figura del sacerdote y preservar la identidad (y el delito)
de sus "financistas".
Ojos bien cerrados
El primer miércoles, mientras las imágenes salían
al aire por el 13, una mesa de "notables" de Canal 9
(más parecida a un grupo de tareas que a un equipo periodístico)
implementaba la defensa del cura y su ocultamiento en las instalaciones
del canal. De hecho, Grassi salió de allí en el
auto privado de Daniel Haddad y la casa del empresario fue su
albergue transitorio secreto.
Esa noche y en los días sucesivos, Mariano Grondona, Eduardo
Feimann, Mauro Viale, Chiche Gelblung y Raúl Portal, entre
otros, asumieron la defensa irrestricta de Grassi. Planteado en
términos de "pervierte, pero hace", el alegato
a favor de Grassi deja al descubierto cuestiones que informan
del estado de la sociedad en su conjunto. Por empezar, las deudas
de la Iglesia Católica con la misión pastoral y
su metódica complicidad -salvo honrosas excepciones- con
la ultraderecha vernácula, que incluye un pacto de silencio
en torno del celibato (de por sí, expresión de disfunciones
psíquicas severas). En segundo lugar, la indiferencia del
Estado hacia la minoridad, y la falta de políticas destinadas
a su educación, formación y protección. Por
último, los vasos comunicantes del clero, el poder económico
y los monopolios mediáticos con el diseño cultural
perpetrado por la dictadura y continuado por las tropas civiles
de menemistas y radicales.
No es la primera vez que Daniel Haddad y su grupo de tareas se
exhiben como reservistas de la ultraderecha y católicos
fundamentalistas. Claro que, conforme el peronismo no logra cuajar
un acuerdo interno (y la derecha y el progresismo armar un plan
"sustentable"), la agresividad del mensaje va en aumento,
apelando al más descarado fraude informativo. Es tiempo
de empezar a pensar que cuando "se vayan todos" algunos
medios, también, tendrán que emprender la retirada.