El
Instituto Nacional de Estadística y Censos difundió
hoy datos que revelan que cuatro millones de menores se encuentran
bajo la línea de indigencia
De
acuerdo con un informe difundido hoy por el Instituto Nacional
de Estadística y Censos (Indec), 4 millones de chicos argentinos
viven bajo la línea de pobreza, lo que representa el 70,3
por ciento del total de niños del país.
El alarmante dato estadístico revela que solo hay 1,7 millones
de chicos menores de 14 de años superando la línea
de pobreza, un número inferior a la cantidad de indigentes,
que llegan a 2,1 millones de casos.
Por otra parte, el 53 por ciento de los argentinos es pobre, y
a una persona de cada cuatro el dinero no le es suficiente para
alimentarse, ubicándose entonces en la categoría
de indigente.
Formosa y su zona periférica es la región en la
que se registra el mayor índice de pobreza, con un 78,3
por ciento, y la segunda de indigencia, con el 45,4 por ciento,
solo superada por Concordia, en Entre Ríos, con el 45,8
por ciento.
La ciudad de Buenos Aires, en tanto, tiene los menores índices,
un 6,3 de indigencia, y de pobreza, 19,8; acompañada por
Río Gallegos con el 6,9 y 27,5 por ciento, respectivamente.
El
nordeste argentino
En esta región (NEA), casi el 40 por ciento de la población
vive en condiciones de indigencia, mientras que en el noroeste
(NOA) casi el 30 por ciento se encuentra en una situación
similar, también según datos del Indec.
En el NEA, 7 de cada 10 personas se encuentra por debajo de la
línea de pobreza mientras que en el NOA casi dos tercios
de la población están en la misma posición.
La
Nación 21 de agosto de 2002
Foto: Santiago Hafford
Preparan
menús económicos y crean planes de prevención
Preocupa la deficiente alimentación de los
estudiantes
Cada vez más chicos llegan en bicicleta tras hacer varios
kilómetros y reemplazan la comida por un mate. Por eso,
las universidades entregan becas alimentarias y ayudan al cuidado
de la salud
Enseñar,
producir conocimiento, abrirse a la comunidad y, además...,
dar de comer.
La crisis sumó una nueva tarea a las universidades públicas,
particularmente en las zonas del país más golpeadas
por la pobreza, donde cada vez es más habitual ver chicos
que llegan en bicicleta tras hacer varios kilómetros y
reemplazan la comida por el mate compartido para ahorrar un gasto
diario.
Por eso, y aun con sus presupuestos en rojo, varias universidades
empezaron a ofrecer este año menús económicos,
abrieron comedores, idearon planes gratuitos de cuidado de la
salud y entregan becas alimentarias.
"Las instituciones educativas tenemos que asumir el rol de
ayudar a la supervivencia, aunque no es nuestra tarea original.
No podemos desligarnos de eso", afirmó a La Nación
Luis Justo, secretario de Bienestar Universitario de la Universidad
Nacional del Comahue. La institución tiene unos 25.000
estudiantes, distribuidos en su sede central de Neuquen y en otras
diez sedes de la provincia de Río Negro.
A principios de este año, los números encendieron
la alarma: de los 1082 solicitantes de becas, el 97 por ciento
estaba por debajo de la línea de pobreza, con ingresos
inferiores a 200 pesos por mes. La respuesta no pudo demorarse:
"Aumentamos las becas para el comedor, bajamos el menú
de tres a dos pesos, abrimos comedores en más sedes y,
desde hace algunas semanas, ofrecemos desayuno y una comida gratis
para todo el que lo pida", afirmó Justo.
Los médicos de la universidad también habían
advertido el problema: un estudio de la regional Bariloche demostró
que el 10 por ciento de sus estudiantes estaba en situación
de riesgo alimentario.
La universidad entrega 533 becas de ayuda económica ordinaria,
otras extraordinarias para causas urgentes, que duran unos pocos
meses, y también becas alimentarias. En total, alcanzan
a 900 estudiantes.
A fines de este año pondrán en marcha un estudio
para conocer el nivel socioeconómico de los estudiantes
("Sería interesante que todas las universidades lo
hicieran, para tener una mirada de conjunto", dijo Justo),
mientras intentan rebajar los costos del material bibliográfico
imprimiendo a menor costo y obtener descuentos en el transporte
para los alumnos.
Malos
hábitos alimentarios
Por su parte, la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) lanzó
en julio último el Programa Alimentaria, "destinado
a cambiar los hábitos alimentarios de los estudiantes".
La iniciativa consiste en ofrecer un menú de bajo costo
y alto valor nutricional en los comedores de algunas facultades.
Por $ 2,5 se puede acceder a una entrada, plato y fruta de postre,
por ahora, en las facultades de Medicina y Veterinaria y el Instituto
de Educación Física y próximamente en Odontología
y en algunas escuelas medias de la UNLP. El servicio está
abierto a estudiantes, docentes y no docentes. En la UNLP estudian
unos 90.000 jóvenes.
En el origen del programa estuvo un estudio de la Facultad de
Ciencias Médicas, que mostró que los alumnos tenían
malos hábitos alimentarios y que en el corto plazo eso
les provocaría enfermedades graves. Pero la crisis económica
sumó una razón más para avalarlo.
"La universidad pública no puede ser indiferente al
fenómeno de los indicadores socioeconómicos en baja.
Lograr una mejor calidad de vida repercute positivamente en un
mejor desempeño académico", dijo Gustavo Drake,
secretario de Bienestar Estudiantil de la UNLP.
En noviembre de 2001, un estudio de los alumnos de otras localidades
que van a la UNLP mostró que un estudiante promedio gasta
$ 300 por mes ($ 100 para viajar, $ 100 para vivir y $ 100 en
transporte). "Es de esperar que esos gastos se hayan multiplicado
este año", afirmó Drake.
La UNLP no ofrece becas, salvo las que llegan por el programa
nacional de la cartera educativa, pero acaban de aprobar un proyecto
para entregar un subsidio alimentario, que consistirá en
una ayuda económica diaria para adquirir el menú
"oficial" o el que venden los centros de estudiantes
en cualquier facultad.
Comedor
solidario
La Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), en tanto, inauguró
este mes un comedor para sus 5500 estudiantes, docentes y no docentes,
que ofrece un menú por $ 2,5 y un desayuno por $ 1,50.
Además, tendrá una panadería propia, que
colaborará con la demanda de comedores comunitarios de
la zona.
Más barato aún almuerzan los estudiantes de la Universidad
Nacional de General Sarmiento (UNGS), en cuyo comedor tienen platos
por $ 1,80, según la condición puesta al concesionario
de ofrecer comida a menor precio que en los bares circundantes.
Según explicaron en la UNGS, donde concurren estudiantes
de zonas con grandes dificultades económicas y el medio
de transporte más elegido es la bicicleta, "hasta
ahora se privilegia la entrega de becas de transporte y bibliografía
para asegurar que puedan estudiar. Ahora la idea es tratar de
dedicar más fondos a estas ayudas".
En el norte argentino, la Universidad Nacional de Catamarca (UNCa)
decidió este año instrumentar un control psicofísico
obligatorio y gratuito para los estudiantes que ingresan, que
se repetirá a mitad de carrera y en el final de los estudios.
"Los estudiantes de distintas zonas de la provincia que llegan
a la universidad tienen hábitos alimenticios y formas de
vida diferentes. La difícil situación económica
agrava la mala alimentación. Queremos hacer medicina preventiva",
dijo Nelson Heredia, secretario de Bienestar y Asuntos estudiantiles
de la UNCa, que afirmó que la intención es, además,
contar con un mapa de situación de las enfermedades más
comunes para hacer un seguimiento "y que los estudiantes
retornen en un estado de salud normal a sus regiones".
La iniciativa se suma al programa social de la institución
que hoy ofrece, por ejemplo, cobertura médica para estudiantes,
sus cónyuges e hijos, una residencia universitaria para
cien chicos y un servicio de salud gratuito. En la UNCa funcionaba
un comedor, pero el subsidio provincial que lo sostenía
se cortó este año.
Las
iniciativas
Alimentación: distintas universidades nacionales están
poniendo en marcha planes para asegurar la alimentación
de sus estudiantes. En la Universidad del Comahue, por ejemplo,
un estudio reveló que el 97% de los estudiantes está
bajo el nivel de pobreza.
Prioridades: las autoridades universitarias reconocen que su función
principal pasa por la educación, aunque dicen que no pueden
desconocer un problema económico tan grave como el que
atraviesan sus alumnos. Tienen en cuenta que, a los gastos de
transporte, se suman los costos de comida y material bibliográfico.
Planes: además de becas de comida, las universidades se
aseguran de poder brindar precios más bajos o, incluso,
almuerzos y desayunos gratuitos.
Por
Raquel San Martín
De la Redacción de LA NACIÓN
21-08-02