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- VIOLETAZO
El frente
conformado por las listas Azul y Blanca-Rosa-Verde (Lista Violeta)
logró un
categórico triunfo ante la marysanchista Celeste.
La Violeta obtenía
1738 votos (54,55%), frente a 1246
de la Celeste (39,11%). Los votos en blanco fueron 191 (5,93%).
- La
Violeta se impuso en 11 localidades sobre un
total de 16:
- Aldo Bonzi (68,57% a 31,43%),
- Ciudad
Evita (62,82% a 37,18%),
- González Catán (67,16% a 32,84%),
-
Isidro Casanova (57,10% a 42,90%),
- Laferrere (57,83% a 41,27%),
-
Rafael Castillo (71,07% a 28,93%),
- Tapiales (83,33% a 16,67%),
-
Villa Celina (74,03% a 25,97%),
- Villa Insuperable (85,71% a
14,29%),
- Villa Madero (60,71% a 39,29%),
- Virrey del Pino (70,56%
a 27,27%).
La lista
Celeste, por su parte, se impuso en San Justo (54,25% a 45,75%),
La Tablada (60,78% a 39,22%), Lomas del Mirador (53,03% a 46,97%),
y Ramos Mejía (51,82% a 47,45%), produciéndose en Villa Luzuriaga
un virtual empate entre ambas listas.
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La
elecciones tuvieron lugar tras el levantamiento de la carpa y la
aceptación del incentivo y la ‘paz social’
establecida con Llach. En ese sentido los resultados electorales
registran el giro político que se viene constatando en el país.
Las listas
opositoras que han capitalizados esta disconformidad constituyen
un mosaico de fuerzas muy diverso donde predominan los
nucleamientos desprendidos de la Celeste. Esto vale en especial
para La Matanza, donde los verdes que encabezan la lista
unitaria (Violeta) han roto con la Celeste. El eje programático
de la Violeta es la reivindicación de la “democracia
sindical” y de la “autonomía”, entendidas como
“neutralidad” y “prescindencia” políticas. La
plataforma no está encabezada por las grandes reivindicaciones
del gremio, incluido el salario. La Violeta no apoyó a la
listas provincial de la oposición, de manera que pretende
circunscribir la elección a un enfrentamiento interno dentro de
la CTA, con la que es políticamente solidaria.
A
partir de estas contradicciones la derrota histórica de la
Celeste en el distrito que ha sido la cuna del marysanchismo
plantea una nueva contradicción entre el intento de limitarla a
un simple recambio personal, de un lado, o de formar una nueva
dirección sindical, del otro. La “democracia sindical” se
convierte en una consigna vacía cuando no está al servicio de
la lucha reivindicativa y política (el gobierno es también la
patronal e incluso vehiculiza al FMI y al Banco mundial).
La
seccional debe aprovechar la victoria para ponerse a la cabeza
del reclamo de un básico de 700 pesos, la titularización
masiva y la anulación del decreto de municipalización.
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