En
las escuelas porteñas Limitan la integración escolar
de chicos discapacitados.
Se
eliminó el cargo de maestra especial que los acompañaba
en el aula.
*
Los alumnos concurren a escuelas comunes, pero ya no tienen la
asistencia diaria de un especialista.
* El gobierno porteño desactivó la experiencia porque
no le satisfacen los resultados.
Los insistentes pedidos de los padres no fueron suficientes. El
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dio por terminado un programa
de integración de chicos con necesidades especiales en
las escuelas comunes creado en 1992.
El
programa permitía que esos chicos se educaran en aulas
comunes con el resto de la población, seguidos muy atentamente
por una maestra integradora. Pero por razones de costos que pesaron
más que las pedagógicas -aunque las obras sociales
suelen hacerse cargo de estas coberturas-, el gobierno porteño
lo desactivó.
Cuando
este año los cinco chicos con síndrome de Down inscriptos
en el programa Escuela para Todos comenzaron las clases extrañaron
la presencia del adulto que los ayudaba con adaptaciones del material
que acompaña las explicaciones del maestro.
"Llamé
repetidas veces a la Dirección de Educación Especial
hasta que alguien me informó que este año no se
designarían maestros integradores porque se estaba analizando
la continuidad del programa", contó a LA NACION la
madre de uno de los niños beneficiados por el programa
desde hace cinco años, que pidió no ser identificada.
"Recibí un muy mal trato de los empleados y autoridades
del Gobierno de la Ciudad y no querría que saquen a la
docente que logré que enviaran a la escuela de mi hija
después de muchos reclamos", dijo.
"Esta
decisión del Gobierno de la Ciudad echa por tierra todo
lo que hicimos durante estos años y especialmente el esfuerzo
de los niños", dijo a LA NACION Raúl Quereilhac,
de la Asociación Síndrome de Down de la República
Argentina (Asdra).
Escuela
para Todos fue el primer programa de integración de la
ciudad. Surgió cuando un grupo de padres vinculados con
Asdra pidió a la Dirección de Educación Especial
porteña que sus hijos pudieran continuar en el primario
la experiencia de integración iniciada en el jardín
de infantes.
El
proyecto fijó que un estudiante del Profesorado de Educación
Especial se desempeñara como ayudante-alumno en el aula
donde hubiese un niño con dificultades intelectuales, discapacidades
motoras, sensoriales o mentales, integrado por ese proyecto. Quereilhac
responsabilizó al Gobierno de la Ciudad por no haber difundido
debidamente la existencia de Escuela para Todos, que "quedó
reducida al grupo inicial".
Respuesta
del gobierno
"Este
programa no estuvo enmarcado en las políticas de la Secretaría
de Educación y quedó aislado cuando en 1998 se difundió
la primera circular técnica de integración escolar",
dijo a LA NACION Silvia Dobrowsky, nueva directora de Educación
Especial.
"Yo
tomé la decisión de dar por terminado este programa
porque funcionaba de una forma muy oscura dentro del área,
en las escuelas especiales no lo conocían y las evaluaciones
no eran compartidas por la comunidad educativa", dijo Dobrowsky,
e informó que en diciembre último terminaron la
primaria los dos últimos niños del grupo original
de 25 a los que luego se habrían sumado ocho más.
"Hoy
hay cuatro niños que ingresaron luego siguiendo el programa
y en total desarticulación con las políticas de
integración que sustenta la Secretaría de Educación",
dijo. Esos chicos fueron incorporados al sistema de integración
en escuelas comunes, sin la asistencia diaria
y permanente de un profesional, instrumentado desde 1998 y que
beneficia a 750 niños con necesidades educativas especiales.
Más
allá de los números la discusión se centra
en el rol de la persona integradora. Mónica Lang, abogada
especializada en los procesos de integración y madre de
una pequeña con síndrome de Down, afirmó
a LA NACION que las nuevas autoridades no apelan a ninguno de
los dos
modelos que se instrumentan en el nivel internacional: el que
propone una integración plena en el aula y dispone que
un adulto con formación especial acompañe al niño
durante la jornada escolar para que pueda alcanzar los objetivos
mínimos de su currículum y el modelo que instituye
aulas para alumnos con necesidades especiales en la escuela común.
"La
alternativa es abrir la puerta de la escuela al chico y dejarlo
solo; seguramente le va a ir mal", dijo Lang en alusión
al sistema propuesto por la actual gestión.
La
mecánica de incorporación a una escuela común
-con sucesivas evaluaciones- es considerada "muy compleja"
por Beatriz Heredia, directora del Centro de Desarrollo e Integración,
dedicado a los trastornos de aprendizaje en la integración.
"Por eso las familias buscan colegios privados donde la integración
está muy bien tratada", dijo un padre consultado.
Desde
diferentes perspectivas, todos aspiran a que el gobierno dedique
más recursos humanos a la integración, un camino
con dificultades pero lleno de experiencias positivas tanto para
los chicos con necesidades especiales como para los "normales".
Ahora
la frecuencia es menor
"La
frecuencia con la que los docentes y profesionales van a las escuelas
donde hay chicos integrados depende de la necesidad del niño.
Hay algunas que van dos veces por semana y otras todos los días",
aseguró la directora de Educación Especial del gobierno
porteño, Silvia Dobrowsky, al relativizar la eliminación
del sistema anterior.
El
régimen vigente, explicó, establece que cada niño
con necesidades especiales debe ser evaluado por uno de los cuatro
gabinetes específicos del gobierno porteño y derivado
a una escuela especial o común, según la patología.
Sea cual fuere su destino final, el niño deberá
ser nuevamente diagnosticado en la escuela especial que, luego,
elegirá a la docente integradora.
La
supervisión de escuelas especiales registró en 2003
a 114 docentes de esos establecimientos que cumplieron funciones
de integración de 750 niños, pero en una asistencia
que ya no es permanente. Según los datos oficiales, cada
maestra integradora tuvo a su cargo un promedio de 6 alumnos cada
una.
Por
Silvina Premat
Para LA NACION
Diario La Nación - 08-04-04