En
muchos ambientes intelectuales o progresistas el rechazo a la
guerra suele argumentarse con principios universales o generales:
"por la paz", o "a favor de la vida", casi
siempre de un modo general.
Por
ejemplo, el 13 de enero pasado Clarín publicó un
artículo de Julia Kristeva donde esta "psicoanalista
y ensayista" decía que "la paz está en
crisis en Gaza, en Jerusalén, en París, en
Nueva York, de manera diferente y conjunta porque en el
comienzo de este tercer milenio el discurso sobre la vida está
ausente" (los subrayados son de la autora). Mas adelante
agregaba/explicaba: "el déficit de la civilización
moderna radica en nuestra falta de respuestas a las preguntas
qué es una vida, qué quiere decir amar la vida".
¿Es
explicando "qué es una vida", o "qué
quiere decir amar la vida" como vamos a detener la guerra?
Esa
es la vía de los que han ido a rezar a la carpa multirreligiosa
que se ha montado en Plaza de Mayo.
En un reportaje televisivo, tres religiosos de la carpa (uno judío,
otro musulmán y otro cristiano) insistían, codo
a codo, en que con la muerte de cada ser humano era la humanidad
toda la que moría. Sólo faltaba algún místico
hindú.
Me
parece que las posiciones pacifistas abrevan de este tipo de principios
que, en el fondo, son religiosos.
No
existe la vida en general, existe la de los seres humanos concretos,
que viven en determinadas condiciones sociales y mueren por causa
de ellas. Ese tipo de abstracciones sólo es un recurso
para ocultar la división de la sociedad en clases.
Este
tipo de planteos busca ocultar las responsabilidades en juego.
Con estos planteos podríamos "orar" todos juntos,
y hasta realizar quizás una marcha conjunta, si no fuera
porque, justamente, por sus compromisos políticos y económicos,
los Rodríguez Saá y las Carrió no han querido,
ni querrán, marchar contra la embajada de EE.UU.
Porque
el problema es justamente ése: la guerra no es un sinsentido.
Quisiera
ilustrarlo con una anécdota. A poco de comenzado el ataque
yanqui, convocada por la maestra de su grado a hacer un dibujo
alusivo a la paz, mi hija tuvo la ocurrencia de dibujarlo a San
Martín. Un poco sorprendida, le pedí que me explicara
por qué había dibujado eso. Me respondió
que la mayoría de sus compañeritos dibujaron palomas,
pero que ella no le encontraba mucho sentido a eso porque el problema
con la guerra era que había que derrotar a los que hacían
la guerra. Y ella pensaba que así como San Martín
había derrotado a los españoles, había que
ganarles a los que hacían la guerra.
La
guerra es una de las más crudas desmentidas de todas las
ilusiones que se puedan tener en algún "bien supremo"
que pudiera eximirnos de la tarea histórica de resolver
la división de la sociedad en clases sociales.
Hoy
más que nunca es necesario reconocer y comprender esta
situación.
Hay
que hacerle la guerra a la guerra, a los responsables de la guerra,
a los gobiernos imperialistas y sus lacayos; al régimen
capitalista que no puede subsistir sin guerras.
Paola
Valderrama
Publicado en Prensa Obrera Nº 795, 03-04-03