La
burocracia sindical, sin distinción de encuadramientos,
traicionó la excepcional lucha desarrollada durante todo
el último mes por los estatales y los docentes bonaerenses.
Tanto los gremios de la CGT como la CTA, aceptaron la oferta salarial
de 100 pesos remunerativos no bonificables (no van al básico)
y la equiparación de las asignaciones familiares con Nación
de 9 a 40 pesos por hijo. En el caso de los docentes, 268 pesos
de básico contra 234, ¡un aumento de
34 pesos! Lo que firmaron las burocracias gorda y
alternativa está a años luz de los 250
pesos de aumento al básico y la efectivización de
los contratados, las dos reivindicaciones que fueron el motor
de las huelgas.
El
gobierno de la provincia de Buenos Aires se animó a lanzar
la conciliación obligatoria, luego de cerrar un acuerdo
secreto con la burocracia los medios informaron sobre la
oferta final y la aceptación de los sindicatos mucho antes
que aquella se hiciera pública. La burocracia de los gremios
que responden a la CGT no consultó a nadie; la de ATE apeló
al recurso de la suspensión del plan de lucha
por tiempo indefinido, para pasar luego al rechazo de la conciliación
y la confirmación de un paro de 48 horas ante el pronunciamiento
masivo de las asambleas. De todos modos, fue un paso forzado por
los trabajadores y no un cambio de política: ATE no quiso
convertir el rechazo a la conciliación y a la reafirmación
de los 250 pesos al básico en un boomerang contra el gobierno,
a través del llamado a una asamblea única y la organización
de la huelga general.
La
conciliación obligatoria provenía de un gobierno
débil frente a una lucha ascendente y su rechazo abría
las puertas a una crisis de gobierno y la oportunidad de una victoria.
La traición de la burocracia preparó el terreno
para el desenlace final.
La
consulta
Los
gremios de la CGT aceptaron la oferta salarial sin más
ni más. ATE y el Suteba plantearon un método de
desmovilización mucho más sofisticado: paralizaron
los paros generales y propusieron que la base decida
sobre la nueva oferta salarial a través de una consulta.
Las asambleas que se realizaron en todos los ministerios, hospitales
y escuelas se encontraron con el vacío que
produjo la defección de ATE, sobre todo, para los organismos
que no estaban en paro por tiempo indeterminado y paraban con
las convocatorias de los sindicatos. Fue un golpe calculado para
desmoralizar y aislar al activismo y la primera fila de la huelga.
Perfidia
sobre perfidia. La consulta, siempre un instrumento
de desarme de la lucha porque elimina las asambleas y el voto
a mano alzada, constaba de tres opciones: levantar, aceptar la
oferta y suspender hasta agosto o rechazar. Bajo cuerda,
las burocracias centrales de ATE y Suteba llamaron a votar por
la segunda opción, lo que les permitía ocultar la
rendición.
Al
operativo sindical para terminar con la huelga, se
sumó un operativo represivo del gobierno, que envió
la policía a las reparticiones para impedir las asambleas
y a los funcionarios a amenazar a los delegados.
Las
asambleas, allí donde pudieron hacerse venciendo la tenaza
gubernamental-burocrática, ratificaron la lucha por los
250 pesos, deliberaron sobre la situación de la huelga,
llamaron a los sindicatos a continuar la lucha y hasta defendieron
el paro nacional y provincial de ATE el 6 de julio (que se convirtió
en una mascarada por el levantamiento de la lucha en la provincia).
Las
bases de una oposición consecuente
La
burocracia sin distinciones impugnó la huelga general a
lo largo de todo el conflicto (y se opuso tajantemente a la que
se desenvolvió en los hospitales) planteando el peligro
de la conciliación obligatoria. Fue sólo un argumento
para mantener la lucha en los términos de los paros aislados
y de desangre, un límite establecido por burocracias que
jamás quisieron romper su política de colaboración
con el gobierno de la provincia, incluido el frente común
con Solá y Duhalde en la batalla por la coparticipación.
La
resistencia a aceptar el pacto de la burocracia con el gobierno
se expresó en varios escenarios. Los docentes de los Suteba
de La Plata y Ensenada derrotaron masivamente a la burocracia
en la consulta y se movilizaron (1.000) por la continuidad.
En el Hospital Castex, en huelga por tiempo indeterminado, se
planteó la conformación de una intergremial en una
reunión altamente representativa del activismo de los hospitales,
planteo que tuvo la férrea oposición del frente
gremial ATE-Cicop (representado en este caso por el MST) que argumentaron
que las condiciones no estaban maduras y sólo
había que crear un espacio para intercambiar experiencias,
al punto de vaciar el plenario (Carlos Suárez, delegado
del Suteba San Martín). Junto al Mercante y los estatales
agrupados en la Interestatal de La Plata, son los puntos más
altos de evolución del movimiento de lucha. Existe un proceso
de crisis en la FEB, donde un amplio sector de seccionales votó
rechazar la propuesta oficial y la conducción convocó
un paro para el 26 de julio. La Interdistrital que se nuclea en
torno a ATE Sur (siguiendo la orientación del PC), mantuvo
un último paro de 48 horas, pero compartió la política
de suspender la lucha.
En
numerosos lugares de trabajo se han convocado plenarios para realizar
un balance de la huelga y reimpulsar la lucha salarial. En la
conciencia del activismo está presente la miseria pactada
por la burocracia, lo que plantea la posibilidad de que este desenlace
sea provisorio. La tarea es defender la unión en base a
la soberanía de las asambleas, las direcciones responsables
frente a ellas y la coordinación de lucha. Defender la
unión de las asambleas de los hospitales. Poner en pie
una poderosa agrupación clasista y de lucha.
Christian
Rath (informes de Alejandro Sánchez Moreno y Sergio Villamil)
08-07-04