Como
un carterista que se vale del tumulto, Rodríguez Saá
aprovechó la conmoción nacional para liquidar de
un plumazo el Ministerio de Educación. Con esto culmina
un largo proceso de destrucción de la educación
pública -promovido por el Banco Mundial-que comenzó
con la transferencia de las escuelas a las provincias y luego
la Ley Federal de Educación. No casualmente se menciona
como futura encargada de la Dirección de Educación
a la ex ministra menemista Susana Decibe, que después de
abandonar el Ministerio comenzó a trabajar con Rodríguez
Saá en San Luis.
De ahora en más, cada provincia podrá dictar sus
propios planes de estudio y sus propias políticas educativas...
incluyendo la transferencia de las escuelas a los municipios quebrados,
como ha comenzado a hacer Ruckauf en Buenos Aires.
No estamos, sin embargo, ante una improvisación. En San
Luis, el propio Rodríguez Saá ha sido un verdadero
"adelantado" de esta política.
En 1999, impulsó en la provincia las llamadas "escuelas
chárter", basadas en una modalidad de privatización
desarrollada en Estados Unidos.
"Lo que caracteriza a las 'escuelas chárter' -denunciábamos
entonces- es que 'reciben del Estado un subsidio por alumno y
cuentan con total autonomía administrativa y pedagógica,
que las lleva a contratar a sus propios docentes, sin tener en
cuenta los reglamentos establecidos para los establecimientos
estatales' (La Nación, 21/5/99). Las escuelas pierden su
carácter estatal y pasan a ser establecimientos privados.
De tal forma, ya sea por la reconversión de los actuales
colegios o por la creación de otros nuevos (el proyecto
contempla que cualquier empresario puede formar su propia 'escuela'
para atraer alumnos 'chárter'), la educación pública
será borrada del mapa (...) Cada establecimiento puede
'buscar fuentes alternativas de financiamiento' al del subsidio
por alumno, es decir que deja el camino libre para el arancelamiento
o el contrato de créditos (...) Se pretende que las 'escuelas-chárter'
produzcan una 'competencia' entre los diferentes establecimientos
para ganarse a la mayor parte de los estudiantes. Cada colegio,
entonces, tendrá su propia oferta de cursos; el estudiante
pasará a ser un cliente. Pero la competencia supone primero
el capitalismo, o sea, la destrucción de los derechos de
los trabajadores, en este caso, los docentes y no-docentes, para
aumentar los beneficios" (Prensa Obrera, 25/6/99).
Está claro que con este "modelo" de "escuelas-charter"
-que fue fervorosamente apoyado por el primer ministro de Educación
de la Alianza, el cavallista Juan Llach- no se necesita un Ministerio
de Educación...
Rodríguez Saá aduce "la experiencia educativa
de San Luis"... pero no cuenta toda la historia: el sindicato
docente puntano, que calificó a esta política como
"privatización de la educación", emprendió
marchas y huelgas contra esta agresión.
27-12-01