- Burguesía
y
educación
-
- La
revolución
burguesa
y
sus
ideólogos
democráticos
pretendieron
en
cambio
imponer
la
educación
igualitaria
como
parte
integral
de
la
transformación
política
que
acabó
con
las
relaciones
de
servidumbre
propias
del
régimen
medieval.
El
capital
triunfante
planteó
una
supuesta
doble
victoria
al
emancipar
a
la
educación
de
su
carácter
clasista
y
liberarla,
al
mismo
tiempo,
de
los
grillos
de
la
religión
y
teología,
abriendo
completamente
las
puertas
al
conocimiento
científico
y
racional.
La
nueva
ideología
revolucionaria,
que
pregonaba
los
derechos
del
ciudadano
frente
a
la
nobleza
y
el
clero
y
reclamaba
la
libertad
de
comercio
y
producción,
exigía
también
la
libertad
de
pensamiento,
el
conocer
y
aprender,
como
atributo
propio
de
cualquier
ser
humano.
Por
el
mismo
motivo
repudiaba
la
enseñanza
basada
en
el
prejuicio
religioso.
"Los
pueblos
que
tienen
por
educadores
a
sus
sacerdotes
no
pueden
ser
libres",
señalaba
Condorcet,
hombre
de
la
Revolución
Francesa.
- El
capitalismo
es
el
triunfo
de
la
ciudad
sobre
el
campo,
de
la
gran
producción
sobre
el
artesanado,
de
la
vida
urbana,
la
industria
y
la
universalización
del
consumo
mercantil.
La
alfabetización
formal
se
transformó
en
una
necesidad
social
para
el
nuevo
modo
de
producción,
la
escolarización
primaria
en
un
requisito
económico,
susceptible
de
aumentar
la
productividad
del
asalariado
moderno
y
la
ganancia
del
propio
capital.
Esta
última
se
transformó
en
el
centro
de
gravedad
del
sistema
productivo
y
el
progreso
técnico
en
instrumento
clave
de
la
competencia,
de
los
lucros
crecientes
de
la
empresa
capitalista.
La
ciencia
se
abrió
paso,
entonces,
como
nunca
antes,
vinculada
al
incremento
de
la
productividad
del
trabajo
y
su
desarrollo
alcanzó
un
ritmo
inigualado
en
las
etapas
pretéritas
de
la
humanidad.
La
superestructura
educativa
alcanzó
una
enorme
envergadura
y
sus
instituciones
fueron
un
ámbito
de
instrucción
de
contingentes
masivos
de
la
población.
-
-
- Educación
clasista
-
- La
educación,
no
obstante,
no
abandonó
su
carácter
clasista;
no
pudo
ni
puede
por
s¡
misma
superar
la
base
económica
desigual
en
la
cual
se
funda
la
sociedad
capitalista,
la
separación
establecida
entre
los
detentadores
de
la
propiedad
de
los
medios
de
producción
y
los
trabajadores
"libres"
para
vender
su
capacidad
de
trabajo
a
los
industriales
modernos.
En
este
sentido,
la
escolarización
moderna
permitió
a
lo
sumo
acceder
a
los
rudimentos
de
la
lectura
y
escritura
a
los
asalariados,
mientras
los
escalones
de
la
formación
superior
fueron
-y
son-
coto
exclusivo
de
las
clases
poseedoras
y
de
las
capas
no
proletarias
de
la
sociedad
moderna.
Pero
este
corte
horizontal
en
el
sistema
educativo
es,
además,
acompañado
por
una
escisión
en
cada
fase
del
mismo,
a
partir
de
la
misma
escuela
primaria:
los
mejores
establecimientos,
recursos
y
materiales,
corresponden
al
ámbito
en
el
cual
aprende
el
hijo
de
los
ricos,
mientras
que
el
instituto
miserable
y
las
peores
condiciones
físicas
se
concentran
allí
donde
concurre
la
prole
del
pobre
y
el
trabajador.
El
miserable
es
miserablemente
educado;
una
realidad
que
se
presenta,
aun
con
diferencias
relativas,
en
todos
los
países
capitalistas.
En
un
sentido
general,
las
limitaciones
clasistas
para
el
desarrollo
educativo
y
científico
de
la
humanidad
son
en
la
actualidad
fronteras
infranqueables
del
propio
capital.
- La
reducción
del
tiempo
social
del
trabajo
necesario
para
mantener
y
acrecentar
las
condiciones
materiales
que
satisfacen
la
existencia
humana
resulta
de
una
revolución
científica
sin
precedentes.
Por
primera
vez
el
hombre
se
encuentra
en
condiciones
de
disfrutar
la
conquista
de
la
automatización
que
reemplaza
la
labor
agotadora,
imprescindible
durante
milenios,
para
"ganarse
el
pan
de
cada
día".
Esta
emancipación
del
hombre
de
la
producción
directa
es
a
su
turno
un
requisito
para
su
educación
plena
e
integral,
base
para
disponer
del
tiempo
capaz
de
dotarlo
de
una
comprensión
acabada
y
completa
del
fruto
del
desarrollo
histórico
de
su
propia
especie.
Tiempo
disponible
para
elevar
no
a
unos
pocos,
sino
al
conjunto
a
la
condición
de
administradores
conscientes
del
proceso
productivo
y
social.
- Pero
estas
condiciones
materiales
creadas
por
la
sociedad
capitalista
entran
en
contradicción
creciente
con
las
necesidades
del
propio
capital,
toda
vez
que
mantener
y
asegurar
su
ganancia
significa
involucrar
masas
crecientes
de
trabajo
en
la
tarea
embrutecedora
de
la
gran
corporación
moderna,
alargar
la
jornada
laboral,
desvalorizar
el
salario
a
veces
en
forma
absoluta,
en
definitiva,
dotarse
de
todos
los
medios
para
profundizar
la
explotación
del
trabajador.
Para
este
último,
el
progreso
de
la
ciencia
implica
ritmos
más
intensos
de
labor,
descalificación
de
su
oficio,
cuando
no
la
miseria
inmediata
de
la
desocupación
frente
a
la
maquinaria
más
moderna
y
automatizada.
La
conquista
de
las
cumbres
del
conocimiento
y
de
la
ciencia
por
el
conjunto
social
no
pasa
por
emancipar
a
la
ciencia,
la
educación
y
la
escuela
del
capital
sino
por
emancipar
a
la
humanidad
del
capitalismo.
-
-
- Escuela
capitalista
-
- La
escuela
capitalista
no
puede
menos
que
reproducir
y
mistificar
la
cultura
dominante
al
servicio
de
perpetuar
el
orden
establecido.
En
su
estructuración
jerárquica,
en
las
formas
de
organización
del
gobierno
escolar,
en
el
curr¡culum
y
los
programas
oficiales,
en
la
regimentación
disciplinaria
se
procura
inocular
en
el
niño
y
el
adolescente
los
valores
compatibles
con
el
mundo
burgués.
Por
esto
mismo,
la
veneración
del
trabajo
miserable
y
sacrificado,
el
respeto
a
la
propiedad,
la
obediencia
irreflexiva
al
superior,
la
aceptación
de
un
sistema
de
premios
y
castigos
que
desestimulan
la
solidaridad
colectiva
y
fomentan
el
individualismo
egoísta,
forman
parte
integral
de
la
educación
burguesa.
El
carácter
memorístico
de
la
instrucción
impartida,
la
falta
de
incentivos
al
espíritu
crítico,
los,
métodos
de
evaluación,
etc.,
son
aspectos
inseparables
del
ideal
pedagógico
cuya
función
es
adaptar
al
educando
a
las
condiciones
propias
de
la
sociedad
explotadora.
- Es
importante
comprender,
sin
embargo,
que
la
propia
escuela
no
deja
de
ser
un
terreno
de
la
lucha
de
clases
y
no
un
mero
aparato
impermeable
a
la
organización
colectiva
de
docentes
y
alumnos.
El
propio
desarrollo
del
sistema
educativo
supone
la
difícil
asimilación
por
parte
del
Estado
y
los
explotadores
de
elementos
contradictorios
y
conquistas
de
las
masas
que
en
este
terreno
toman
como
propias.
Ya
en
el
siglo
pasado
un
patrón
inglés
afirmaba
ante
una
comisión
investigadora
del
Parlamento
británico
que
"la
mayor
suma
de
educación
de
que
ha
disfrutado
una
parte
de
la
clase
trabajadora
en
los
últimos
años
es
perjudicial
y
peligrosa,
la
hace
demasiado
independiente".
La
burguesía
se
ve
obligada
a
intentar
liquidar
banderas
y
reivindicaciones
que
en
su
momento
blandió
contra
sus
enemigos
del
pasado
-sectores
feudales
o
precapitalistas-
y
que
más
tarde
la
clase
obrera
puede
tomar
como
propias
dándole
un
alcance
todavía
más
audaz
(laicismo,
gratuidad,
escuela
común
y
obligatoria,
acceso
irrestricto
a
todos
los
niveles
educativos).
Esto
es
particularmente
pertinente
en
países
que
como
el
nuestro
se
han
incorporado
al
mundo
de
la
producción
capitalista
en
las
condiciones
de
hegemonía
de
las
tendencias
más
reaccionarias
del
capital,
es
decir,
países
que
bajo
la
colonización
imperialista
y
de
la
burguesía
financiera
nunca
alcanzaron
un
desarrollo
cabal
de
la
industrialización
moderna,
de
un
mercado
nacional
y
de
los
atributos
propios
de
una
nación
capitalista
avanzada.
-
-
- La
educación
y
el
clero
-
- La
superestructura
educativa
nacional
no
pudo
menos
que
reflejar
la
frustración
de
un
desenvolvimiento
autónomo
sobre
bases
burguesas,
ficción
sobre
la
cual
se
montó
un
modelo
pedagógico
de
tintes
progresistas
hacia
fines
del
siglo
pasado,
que
nunca
tuvo
un
efectivo
desarrollo
y
al
cual
todavía
se
rinde
culto
formal
en
periódicas
festividades
escolares.
La
escuela
laica,
gratuita
y
obligatoria
no
tuvo
nunca
vigencia
real
y
en
su
propio
origen
fue
concebida
en
términos
de
un
compromiso
con
el
clero
reaccionario
que
hasta
entonces
dominaba
el
sistema
educativo
(y
que
tenía
asegurados
“constitucionalmente"
sus
privilegios
en
la
Carta
Magna
de
1853,
por
la
cual
se
otorgó
a
la
jerarquía
católica
la
condición
de
representante
de
la
religión
oficial).
Eduardo
Wilde,
Ministro
de
Educación
en
la
década
del
'80
del
siglo
XIX
y
representante
del
liberalismo
"laico"
tuvo
el
cuidado
de
señalar
que
"la
religión
es
conveniente
con
sus
formas
externas
para
obtener
el
dominio
de
ciertos
espíritus
mediocres
que
no
alcanzan
a
las
sublimidades
de
la
abstracción".
El
laicismo
fue
concebido
desde
sus
inicios
como
un
principio
de
neutralidad
de
la
escuela
pública.
Nunca
se
lo
planteó
como
instrumento
de
lucha
contra
el
oscurantismo
y
la
regimentación
política
de
la
educación
clerical.
Al
revés,
la
demagogia
laica
encubrió
el
sostenimiento
del
culto
subsidiario
por
el
tesoro
público
y
la
presencia
creciente
de
la
Iglesia
en
la
esfera
educativa
y
cultural.
- La
entrega
de
una
función
estratégica
como
es
la
educación
a
una
institución
supranacional
de
carácter
jerárquico
y
con
poderosos
lazos
con
las
finanzas
internacionales,
revela
el
raquitismo
de
la
clase
dirigente,
la
incapacidad
congénita
de
la
burguesía
nacional
para
poner
en
pie
un
estado
independiente
y
democrático.
Por
esto
mismo
las
reivindicaciones
más
elementales
que
-en
el
terreno
educativo-
corresponden
al
desenvolvimiento
pleno
de
la
sociedad
burguesa
fueron
en
nuestro
país
vaciadas
de
contenido.
- La
obligatoriedad
planteada
en
la
ley
como
compromiso
del
estado
de
asegurar
la
difusión
y
extensión
nacional
de
la
educación
primaria
se
transformará
rápidamente
en
letra
muerta
y
aun
en
su
contrario,
como
coacción
esta,
tal
sobre
la
población
trabajadora
a
la
cual
se
endosa
la
responsabilidad
por
la
deserción
escolar
de
su
prole.
La
gratuidad
a
su
turno
es
una
entelequia
pantalla
tras
la
cual
se
avanza
en
la
asfixia
económica
de
la
educación
pública
mientras
se
estimula
la
mercantilización
de
la
enseñanza
y
todo
tipo
de
aprendizaje
en
instituciones
privadas,
pagas,
inaccesibles
para
el
trabajador.
- La
catástrofe
educativa,
que
ha
progresado
sistemáticamente
en
todo
el
período
histórico
reciente,
traduce
las
limitaciones
insalvables
de
la
clase
dominante.
Una
burguesía
que
no
consigue
elevarse
de
su
condición
de
vasallo
del
capital
financiero
foráneo
y
trazar
un
rumbo
de
independencia
nacional
es
incapaz
de
encarar
una
auténtica
transformación
educativa.
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