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LA CUESTION EDUCATIVA: UNA APRECIACION DE CONJUNTO

 
Por Pablo Rieznik
(Continuación)
Civiles y militares
 
El ataque a la escuela pública y el estímulo a la "privatización" educativa es inseparable del dominio del capital y sus formas cambiantes, en función de sus necesidades y del alcance y límites de la propia lucha de clases. El estado nacional comenzó a subsidiar la enseñanza privada bajo el primer gobierno peronista (ley 13.047). Antes, en la década Infame, el gobernador Fresco había impuesto la enseñanza religiosa en los colegios de la provincia de Buenos Aires, Perón la implantó luego a nivel nacional.
En 1953, junto con los cardenales Copello y Caggiano, inauguraba el Primer Congreso de Enseñanza Religiosa. Pero, como "Dios está en todas, partes", el mismo clero ultramontano colocó a uno de sus hombres –Atilio dell'Oro Maini- como Ministro de Educación luego del golpe que derrocó a Perón en 1955.
Fue, no obstante, bajo el gobierno constitucional de Frondizi que se implantó la "enseñanza libre", trampolín para la injerencia de la Iglesia y el gran capital en la educación superior, puesto que luego de un siglo se liquidó la exigencia de que la habilitación de títulos profesionales fuera un monopolio de las universidades estatales. Más tarde, el onganiato promovió una "reforma educativa" que tuvo como punto central la eliminación de la vieja escuela normal, formadora de docentes, y un generalizado limitacionismo a través de los cursos de ingreso y los "cupos" de acceso al nivel terciario. Uno de los inspiradores de esta reforma fue el profesor peronista Emilio Mignone, por lo cual no debe extrañar que el Frejuli en 1973 retomara los principios limitacionistas de aquella. No olvidemos que cuando la izquierda peronista fracasó en esta tarea fue reemplazada por la "misión Ivanissevich", un anticipo "constitucional" de los genocidas del '76.
El Proceso encaró un verdadero operativo bílico contra la educación, liquidando el sistema nacional de enseñanza primaria, transfiriéndolas a las finanzas miserables de las provincias y reduciendo la matrícula estudiantil en forma absoluta en todos los niveles. Esta política no se ha alterado y hoy se encuentra en crisis por el crecimiento explosivo de la población estudiantil en los últimos años. La reducción sistemática del presupuesto universitario es la manifestación más clara de esta continuidad. En la educación como en la vida los recursos materiales son la condición básica de una existencia plena. La educación, como la vida del trabajador, zozobra bajo el peso de una situación económica peor ahora que en los años del Proceso.
 
 
Educación y economía
 
Fue Jorge Talana, en pleno auge del camporismo, quien señaló que la dimensión del aparato educativo debía ajustarse a la necesidad de "relacionar la cantidad de cursantes con el ingreso de éstos y las reales necesidades del mercado". La virtud de este planteamiento es que postula claramente que el problema de la educación es un problema de "mercado".
Pero el "mercado" no son las necesidades racionales de un país atrasado y estancado sino los requerimientos de una calificación fragmentaria, parcial, súper especializada y de rápida obsolescencia que demanda la gran empresa moderna. Gran empresa que en el caso de los países sometidos por el imperialismo obtiene sus súper lucros precisamente en la recreación del atraso y la miseria nacional. Entonces, se parte de la incapacidad del capitalismo para absorber a los egresados de los diversos niveles educativos y se deduce en consecuencia toda la política de asfixia de la educación pública bajo el pretexto de adecuarla a la economía, al "mercado".
La "modernización" que pregona el oficialismo, como integración del país al mercado mundial, debe reproducir en una escala mayor los efectos de la misma en los grandes países desarrollados: creación de un enorme ejército de desocupados, subutilización de los recursos humanos, mutilación del sistema educativo "excedente", desarrollo unilateral de ramas bajo financiamiento y control privado, etc. El capital no puede resolver esta contradicción porque en la misma medida en que estimula la productividad del trabajo provoca desempleo; en cuanto crea las condiciones de un mayor tiempo libre para la población reduce su existencia a la miseria; y mientras potencia los elementos del capital fijo (maquinaria, automatización) desvaloriza el "capital" humano, la fuerza de trabajo. El elemento estructural del capitalismo tiende a predominar en forma abruta en épocas de crisis como la actual.
 
 
Educación y trabajo
 
La educación como transmisión del saber acumulado por la humanidad tiene como punto de partida el trabajo social. Es en la tarea productiva que el hombre aprendió a conocer, a observar las regularidades del mundo externo y de su misma actividad, a formular entonces las leyes de los fenómenos materiales y vitales, a encarar en consecuencia, de un modo reflexivo y consciente, su propia labor. La experiencia es la madre del conocimiento y la práctica el criterio de verdad que delimita su alcance y su capacidad de dar cuenta de la esencia de aquello que el hombre procura aprehender y dominar. La educación asegura la continuidad de este conocimiento y que pueda ser mantenido y acrecentado en el curso de la evolución. Su función específica se ve potenciada por la extensión del sistema de enseñanza, su capacidad para asegurar la incorporación creciente de la juventud en su conjunto a la asimilación del saber pasado y transformar al hombre en sujeto colectivo de su propio destino.
Las condiciones para una formación prolongada e inclusive permanente y de masas están  planteadas por el estadio de desarrollo de las fuerzas productivas. El desarrollo de la ciencia y la técnica, la sustitución del trabajo humano por la máquina moderna, crearon las bases para la superación histórica del antagonismo entre la labor intelectual y manual. Una educación politécnica, apoyada en una sólida cultura general y un estrecho contacto con la producción social, es no sólo posible sino necesaria para un desenvolvimiento ulterior del progreso humano. Esta perspectiva es incompatible con el capitalismo; sólo es posible concretarla en la medida en que el hombre se apropie de las condiciones objetivas de la producción de riqueza y de su propia vida. El capitalismo ha difundido el mito de la sociedad libre y de las bondades de la libertad de comercio y de competencia en la misma medida en que desarrolló el monopolio privado de la propiedad de los medios de producción. Abolir este monopolio, eliminar la anarquía en el terreno productivo y proceder a la planificación racional de los recursos, es condición para una nueva sociedad y ésta para la nueva educación. Pretender, como sostienen los ideólogos oficiales, la "progresiva reducción del aporte muscular y la progresiva extensión del aporte inteligente" al proceso productivo sin alterar las raíces económicas de la explotación y descalificación del trabajo humano es en el mejor de los casos un simple despropósito. Educación y socialismo se reclaman mutuamente porque educación y capitalismo se han tornado definitivamente incompatibles.
 
 
Educación y política
 
La cuestión educacional no gira en el aire, no es una cuestión académica sino una cuestión social y política: refracta las tendencias y fuerzas en pugna que se hallan en la base de la sociedad y como tal su resolución está en la arena de la lucha de clases y en esa medida, inscripta en el movimiento de la clase obrera hacia su emancipación. Contra la demagogia hueca de la burguesía es necesario propugnar una escuela para la emancipación nacional y la politización de la educación para que sea un arma contra el imperialismo y para que sirva al predominio político de los explotados y de los trabajadores. El proyecto de educación depende del proyecto de país: una auténtica educación popular sólo puede ser obra de un gobierno de trabajadores. Las tareas democráticas pendientes en el campo educativo sólo pueden ser asumidas por los trabajadores, como un aspecto de la transformación revolucionaria de la sociedad que los contará como sus principales artífices y constructores.
 

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